Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2005/03/20 00:00

Ruge el dragón

Beijing confirmó que es una potencia a temer al declarar que atacaría a Taiwán para evitar su independencia.

La Nacional Asamblea Popular china, liderada por el presidente Hu Jintao, aprobó en su reunión anual la Ley Anticeseción, que contempla el uso de medios no pacíficos contra la isla de Taiwán como último recurso para la reunificación del país. Esta Ley fue fuertemente criticada por los gobiernos asiáticos que ven con recelo el poder que toma China en el mundo.

China comenzó a afilar las garras para lo que se prevé será un gran forcejeo en el proceso de consolidación de su hegemonía en Asia. La semana pasada la Asamblea Nacional Popular aprobó la Ley Antisecesión, que contempla el uso de medios no pacíficos como último recurso para la reunificación del país, esto es, para la anexión efectiva de su 'provincia rebelde', Taiwán.

Eso quiere decir que China podrá atacar a la isla cuando considere que se han descartado todos los medios pacíficos imaginables. Esta jugada no fue vista con buenos ojos ni por Estados Unidos ni por los demás países de la región, especialmente Japón, que sienten que China comienza a blandir su recién adquirido poder no sólo en Asia sino en el resto del mundo.

"La ley está diseñada para aclarar cualquier incertidumbre sobre la decisión de China de sacrificar su seguridad para preservar su integridad territorial", dice Kenneth Liberthal en la revista Foreign Affairs. El gobierno de la República Popular considera a Taiwán parte de su territorio, pero, a su vez, los dirigentes de la República China -el nombre oficial de la isla de 23 millones de habitantes- la consideran, así sea informalmente, un país independiente y soberano. Esta situación existe desde 1949, cuando después del triunfo comunista en la guerra civil el gobierno nacionalista de Chiang Kay Chek se trasladó con sus instituciones y su ejército a la isla, donde se proclamó el único gobierno legítimo de China. Aunque durante años el mundo aceptó esa declaración, desde 1974 el gobierno universalmente reconocido, incluso en la ONU, es el de Beijing, mientras que Taiwán vive en una especie de limbo jurídico.

"Lo que es extraño en la belicosa ' legislación' no sólo es su contenido, sino en el momento en que se da. Llega poco después de las elecciones en Taiwán en las cuales los proindependentistas sufrieron un pequeño revés y cuando el presidente de Taiwán, Chen Shui- bian, parece promover una mejoría en el clima de las relaciones a ambos lados del estrecho", escribió el analista del Carnegie Endowment, Robert Kagan. A estos cambios de actitud se suma que China y Taiwán habían acordado realizar vuelos comerciales entre el continente y la isla durante las vacaciones del año lunar que tuvieron lugar el mes pasado y estaban discutiendo hacer lo mismo durante las vacaciones del mes entrante. Acercamientos que quedaron cancelados de inmediato.

Otro aspecto que inquieta a los analistas sobre la oportunidad de esta ley tiene que ver con que China está a la espera de que Europa, contra la opinión de Washington, levante el embargo de ventas de armas que se le impuso en 1989 tras la masacre de estudiantes en la plaza de Tiananmen. Ante la nueva posición de Beijing, ese levantamiento se ve más lejano.

Para completar, la Ley Antisecesión llega cuando Estados Unidos y Japón habían firmado un acuerdo en el que advertían a China que no aceptarían un desbalance de fuerzas en el estrecho de Taiwán y que en caso de que China atacara la isla, ellos la ayudarían en su defensa. Por tal motivo, la decisión de la Asamblea Nacional Popular sólo puede interpretarse como una señal al mundo sobre el papel hegemónico y desafiante que quiere desempeñar China en la región.

Como era de esperarse, la iniciativa china fue rechazada de inmediato por el gobierno de Taipei, que advirtió que era un "cheque en blanco" de Beijing para poder atacar a Taiwán cuando lo considerara necesario. Además, algunos analistas opinan que la amenaza de China producirá una reacción contraria en el pueblo taiwanés, que posiblemente tomará una actitud más agresiva sobre el gobierno del continente. Por ahora, el presidente Chen Shui-bian convocó una gran manifestación el 26 de marzo y aunque muchos analistas creen que ambas partes terminarán por llegar a un acuerdo, queda claro que este incidente es un llamado de atención sobre las intenciones que tiene China de proclamarse de una vez por todas como la gran fuerza emergente del planeta.

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