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| 9/25/1995 12:00:00 AM

RUGE EL LEON

Preocupación internacional por la nueva actitud agresiva de China con sus vecinos.

LAS ULTIMAS ACTITUDES internacionales de China tienen preocupados a muchos analistas en Occidente. El primer episodio tuvo lugar en las islas Spratly, unos islotes disputados por varios países de la región ante su aparente potencial petrolero. Allí los chinos resolvieron construir unas instalaciones militares, para convertir su posesión del territorio en un hecho cumplido. El segundo consiste en la realización sin precedentes de ejercicios militares a pocos kilómetros de Taiwan, destinados a recordar que aunque allí existe un gobierno de signo ideológico diferente al de Beijing, la isla es y seguirá siendo parte integrante de la China.
En esos ejercicios los militares chinos ensayaron el lanzamiento de misiles a un objetivo equidistante entre Taiwan y Japón, lo que adquirió un matiz más siniestro luego de que, en el tercer episodio, los militares chinos realizaron dos explosiones nucleares subterráneas en su territorio. Para rematar las preocupaciones occidentales, ya está demostrado que China ha vendido material militar altamente sensible a Pakistán, en contra de todas las prohibiciones internacionales.
Pero también es cierto que en los últimos meses China ha venido recibiendo golpes poco visibles, pero capaces de estimular un sentimiento de revancha. Estados Unidos recibió al Dalai Lama, el líder del Tíbet, ocupado y reclamado como propio por China desde hace más de 30 años. Más tarde, el gobierno de Washington le otorgó visa al presidente de Taiwan. Por otra parte, Estados Unidos reanudó relaciones con Vietnam, antiguo enemigo de China, y continuó mejorando su influencia en Corea del Norte.
Como telón de fondo, desde el final de la Guerra Fría desaparecieron los motivos para la alianza estratégica entre China y Estados Unidos, basada en su enemistad compartida con la Unión Soviética. Así que ahora comienzan a pesar más las contradicciones con Occidente en general, y con Estados Unidos en particular, que los motivos de amistad.
No es una coincidencia que el endurecimiento de la política exterior china se presente a tiempo que el líder máximo Deng Xiao Ping, acaba de cumplir 91 años y los altos dignatarios del Estado se disputan por heredar su supremacía. Deng ha dicho que el único gran tema que deja sin resolver es el de Taiwan, y éste ha sido causa de las mayores tensiones de los ultimos meses.
Esta isla, también conocida Formosa, se convirtió en 1949 en el refugio del gobierno nacionalista de Chiano Kai Chek luego de su derrota a manos de los comunistas de Mao Tse Tung. Desde entonces ha sido gobernada de modo independiente y ha disputado la representación legítima del pueblo chino a nivel internacional (incluso ante las Naciones Unidas), pero todo ello sin llegar a plantear la independencia.
Pero el actual presidente de Taiwan, Lee Teng-Hui, ha buscado mayor presencia internacional, lo que ha sido interpretado como un comportamiento independentista por el gobierno chino del presidente Jiang Zemin. Este, que es uno de los candidatos a suceder a Deng como líder máximo, ha tenido que ceder ante las presiones de los militares para no parecer débil en cuestiones de soberanía y nacionalismo.
La gran pregunta es si todo eso significa el renacimiento del tan anunciado 'peligro amarillo'. Lo cierto es que China está apenas saliendo de dos siglos de humillaciones a manos de Occidente, y que muchos de sus ciudadanos piensan que por fin deben recibir el respeto que merece el país más poblado del planeta. Esto, que parece un hecho incontrovertible, es inquietante en la medida en que la política exterior china siempre ha sido una mezcla de confrontación y conciliación, como lo acaba de demostrar la libertad recién concedida a Harry Wu, el activista sino-norteamericano acusado de espionaje.
Lo cierto es que mientras no se resuelva la sucesión de Deng, todas las preguntas seguirán abiertas. Entre tanto, la idea prevaleciente es que, ahora más que nunca, China es un gigante peligroso al que hay que tratar con mucho cuidado.
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