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| 9/14/1998 12:00:00 AM

RUIDO DE SABLES

Los intereses políticos internos y la incomprensión tuvieron a Perú y Ecuador al borde de una guerra fronteriza.

De nuevo, como en 1995, la posibilidad de una guerra amenazó a ecuatorianos y peruanos. De nuevo se trató de la demarcación de la frontera en un remoto paraje selvático y, de nuevo, parece haber intereses políticos coyunturales en ambos lados. Esta vez las denuncias provinieron de Lima cuando el 28 de julio la cancillería de Torre Tagle señaló que tropas ecuatorianas habían ingresado a territorio peruano. A tiempo que Quito lo negaba, en Lima los titulares subieron de tono cuando dos oficiales peruanos cayeron mutilados por acción de minas sembradas, supuestamente, por los ecuatorianos. En medio del intercambio de acusaciones y negativas y con las tropas a distancia de tiro de fusil, el proceso de paz estuvo a punto del desastre. Sólo la presión de los países garantes fue capaz de evitar una nueva tragedia. El problema entre Perú y Ecuador viene causando guerras desde el siglo pasado cuando, por diversas circunstancias, éste perdió ante Perú el acceso al río Amazonas y la delimitación de la frontera entre los dos países quedó en el limbo. Esa situación llegó a su límite en 1942, cuando tras una guerra las partes firmaron el Protocolo de Rio de Janeiro con Brasil, Chile, Argentina y Estados Unidos como garantes. Pero en Ecuador siguió viva la idea de que había sido despojado de su región amazónica y cuando ya estaban delimitados 1.600 kilómetros de fronteras ese país se negó a seguir el proceso con el argumento de que un río descubierto en 1947 en la zona selvática disputada (unos 78 kilómetros en la cordillera del Cóndor) modificaba la interpretación del Protocolo. A partir de 1950 Quito enfiló sus ataques contra el acuerdo porque había sido firmado con su país invadido y porque el tema debía incluir 'un acceso digno' a la cuenca amazónica. Así se llegó a los enfrentamientos de 1981 y 1995, que fueron favorables a Perú y Ecuador respectivamente. En el primer caso Perú obtuvo que Ecuador fijara sus guarniciones en la vertiente occidental de la cordillera. En el segundo, Ecuador logró sentar a Perú en la mesa de negociaciones.
La paz en peligro
Para evitar nuevos enfrentamientos la 'Declaración de paz de Itamaraty', firmada el 17 de febrero de 1995, estableció con los países garantes una Misión de Observadores Militares para Ecuador y Perú (Momep). Desde entonces las dos partes han convenido acuerdos de integración, así como los aspectos centrales de un tratado de comercio y navegación, en espera de la firma de un acuerdo definitivo de fronteras. Pero en mayo Quito recibió un duro golpe cuando un grupo de expertos jurídico técnicos convocado por los países garantes emitió un parecer según el cual el límite transcurre por el filo de la cordillera del Cóndor, lo que según Lima coincide con la posición peruana. Fue con ese telón de fondo que se planteó la crisis actual. El plazo fijado por los garantes para firmar el acuerdo definitivo a finales de mayo no pudo cumplirse porque el gobierno ecuatoriano comenzó a darle largas al asunto, lo que pareció confirmado cuando el entonces presidente electo de Ecuador Jamil Mahuad dijo, después de entrevistarse con el brasileño Fernando Henrique Cardoso, que "había que conversar un poco más con Perú" antes de firmar. Aunque Mahuad habló de paz en su discurso de posesión, los observadores peruanos sostienen que sus dudas se deben a que en sus primeras semanas en el poder deberá tomar medidas drásticas en la economía y que la firma de lo que podría ser percibido como una derrota diplomática sería un golpe letal para su gobierno. Sostienen que, a cambio, decidió pedir a la Momep que buscase un acuerdo para ampliar la zona desmilitarizada, gestión que fracasó el 9 de agosto cuando el delegado peruano notificó que con tropas ecuatorianas en territorio de su país el acuerdo era imposible. En ese sentido el ex canciller peruano Luis González Posada dijo a SEMANA que "la actuación ecuatoriana de infiltrar tropas responde a una estrategia diplomático-militar de crear una situación de conflicto para evadir el tema principal que es la demarcación en la cordillera del Cóndor". Otros sostienen que a Lima no le interesaría una guerra que echara abajo una situación diplomática favorable conseguida con tanto trabajo. Los ecuatorianos, en cambio, señalan con sospecha la premura del presidente peruano Alberto Fujimori para presionar la firma de un acuerdo ahora que está con su popularidad en baja y que sus aspiraciones reeleccionistas han perdido fuerza. Sostienen que si no hay delimitación mal puede hablarse de infiltración y que Fujimori, aprovechándose del parecer del grupo jurídico técnico, pretende con sus acusaciones hacer que Ecuador quede como el país remiso a firmar un acuerdo definitivo. En ese sentido el experto ecuatoriano Adrián Bonilla sostuvo a SEMANA que "los pareceres jurídico técnicos no son vinculantes y el acuerdo de paz debe abarcar todos los puntos, no sólo la delimitación sino el acceso a la cuenca amazónica". Pero el jueves, Cardoso invitó a Fujimori de viajar a Brasilia y allí, tras cinco horas de reunión, lo convenció de la necesidad de separar las tropas para evitar un enfrentamiento. Por su parte, el canciller argentino Guido Di Tella promovió varias conversaciones telefónicas entre los dos presidentes. En medio de gran sigilo, varias capitales suramericanas se movilizaban para evitar el fratricidio. Por ahora, tuvieron éxito.
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