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| 3/4/2017 12:00:00 AM

Putin se va contra Europa

La mano del Kremlin podría estar detrás de miles de ataques informáticos y de campañas de desinformación que buscan favorecer en Francia, Alemania y Holanda a los partidos enemigos de la Unión Europea. ¿Se repetirá la historia de Estados Unidos?

Es difícil creer que Angela Merkel haya posado en una selfi con Najim Laachraoui, uno de los kamikazes de los atentados de Bruselas de marzo de 2016. En la foto, tomada en septiembre de 2015, la canciller alemana aparece sonriente al lado de un joven de barba incipiente. Esta imagen serviría para probar el error histórico que cometió Merkel al acoger a miles de refugiados que, en realidad, no serían más que yihadistas o, en el mejor de los casos, ladrones o violadores. Solo que la selfi es una más de las noticias falsas divulgadas el año pasado por los sitios web de la ultraderecha, las redes sociales y los medios prorrusos.

Desde hace varios meses, Alemania ha sido víctima de una campaña de fake news sin precedentes, de ataques cibernéticos contra los sitios web y los servidores del Parlamento y de la Unión Demócrata Cristiana, lo que hace temer una injerencia extranjera en las elecciones de septiembre. Las fuertes sospechas de interferencia del Kremlin en la política europea aparecieron de nuevo con las recientes declaraciones del equipo del candidato a la Presidencia francesa Emmanuel Macron, que ha denunciado una estrategia similar.

El sitio de internet prorruso Sputnik divulgó las declaraciones del diputado francés Nicolas Dhuicq, según las cuales el político defensor de la Unión Europea es un “agente del gran sistema bancario norteamericano” y tiene el apoyo de un “muy rico ‘lobby’ gay”. El medio, junto con el portal web Russia Today, también declaró que informaciones comprometedoras sobre el candidato, supuestamente halladas en los correos electrónicos de Hillary Clinton, podrían ser publicadas por WikiLeaks. A eso se suman ataques informáticos masivos: según el semanarioLe Canard Enchaîné, en febrero se contabilizaban 1992 intentos de intromisión en el sitio web, en los correos electrónicos y los servidores de En Marche, el movimiento de Macron. Casi la mitad de esas operaciones provenían de Ucrania.

 Los otros candidatos a las elecciones presidenciales de abril y mayo con oportunidades de llegar al Palacio del Elíseo, la ultraderechista Marine Le Pen y el conservador François Fillon, favorables a un acercamiento a Rusia, no han recibido ataques de ese tipo. La presidenta del Frente Nacional nunca ha escondido su admiración por Putin. Su vínculo con ese país es evidente: en 2014, su partido recibió 9 millones de euros del banco ruso First Czech Russian Bank para financiar sus campañas. Fillon, por su parte, elogia la intervención rusa en Siria y desea suprimir las sanciones económicas que pesan sobre el país como consecuencia de la anexión de Crimea.

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Los Países Bajos también están alerta. Oficiales de inteligencia neerlandeses han afirmado que Rusia ha intentado penetrar en los sistemas gubernamentales. Ante el riesgo de un ‘hackeo’ durante las elecciones del 15 de marzo, el ministro del Interior, Ronald Plasterk, anunció que los votos serán contados a mano y no con computadores.

Hasta ahora las instituciones, agencias de seguridad y políticos del continente han denunciado la injerencia rusa, pero a diferencia de lo ocurrido en Estados Unidos no han presentado una prueba concreta. Pero para la Unión Europea no hay duda de que el Kremlin lidera esa campaña de injerencia. En efecto, un informe de la firma de consultores Political Capital muestra que Rusia tiene vínculos al menos con 15 partidos de extrema derecha en todo el continente. Entre los líderes están Matteo Salvini, del movimiento independentista Lega Nord, y el griego Nikolaos Michaloliakos, secretario general del partido fascista Amanecer Dorado.

Una resolución adoptada por el Parlamento Europeo el 23 de noviembre de 2016 indica que “el gobierno de Rusia está empleando un largo espectro de instrumentos, como ‘think tanks’ y fundaciones, canales de televisión multilingües, agencias de pseudonoticias, servicios multimedia, redes sociales y troles en internet para desafiar los valores democráticos y dividir Europa”. El objetivo principal de Putin consistiría en debilitar las instituciones europeas y, al mismo tiempo, favorecer políticos que comparten su visión del mundo. “Rusia se posiciona en dos dinámicas: la primera es una Unión Europea débil, lo que le permitiría favorecer las relaciones bilaterales e individuales con los países del continente y no con un gran bloque poderoso que le impondría sus reglas. La segunda es el apoyo a los partidos con una ideología similar a la rusa: soberanista, tradicionalista, religiosa y antieuropea”, explicó a SEMANA Samuel Carcanague, especialista del espacio postsoviético del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París.  

La tarea de Putin no parece tan difícil en Francia. Marine Le Pen lidera las últimas encuestas de la primera vuelta con 25 por ciento de intenciones de voto, seguida de Macron, con 24 por ciento. Aunque en la segunda vuelta la derrotaría el centrista, la extrema derecha nunca había estado tan cerca del poder. “El préstamo de bancos rusos a Marine Le Pen sería el pretexto perfecto del Kremlin, si el Frente Nacional llega al Elíseo, para influir en las decisiones de la nueva presidenta”, afirma Carcanague.

La relación de la ultraderecha de los Países Bajos con Putin es más compleja. Luego de que la Oficina de Seguridad Neerlandesa vinculó a Rusia al ataque contra un avión de Malaysia Airlines en 2014, que transportaba 298 personas de Ámsterdam a Kuala Lumpur, los políticos han intentado mantenerse a distancia de ese país, incluido el líder extremista Geert Wilders. No obstante, no es un secreto que la victoria de su Partido por la Libertad frente al Partido Popular por la Libertad y la Democracia de Mark Rutte, actual primer ministro, significaría un triunfo del Kremlin. Wilders sueña con salir de la Unión Europea, lo que, sumado al brexit y a una eventual victoria de Marine Le Pen en Francia, heriría mortalmente al continente. Ese sueño podría hacerse realidad: su movimiento político encabeza la mayoría de las encuestas.

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En Alemania la situación no es tan crítica, pero el movimiento euroescéptico Alternativa para Alemania llegaría por primera vez al Bundestag luego de las legislativas del 24 de septiembre. Además, Merkel, seguida de cerca en los sondeos por el socialdemócrata Martin Schulz, podría ver sus 12 años de gobierno llegar a su fin. Esto significaría una victoria de Rusia sobre la principal instigadora de las sanciones por sus políticas en Ucrania.

En este contexto, otros países que se sienten amenazados por Rusia han tomado medidas concretas. Suecia anunció esta semana que restablecerá el servicio militar obligatorio desde 2018. El país escandinavo respondería de esta forma a la amenaza de los ejercicios militares en el Báltico realizados por el Ejército ruso. Por otro lado, Finlandia tiene planes de aumentar en un 20 por ciento el efectivo de su Ejército. 

 Este año sera decisivo para el futuro de Europa. O el Viejo Continente resiste a las pretensiones del Kremlin o cede a los populismos que alimentan los intereses rusos. El caso de la elección de Donald Trump demuestra que todo es posible.

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