Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2015/11/28 21:00

El zar contra el sultán: una bomba de tiempo

Con el derribo de un avión ruso al sur de Turquía, la guerra fría entre Moscú y los países de la Otan se traslada a Oriente Medio. Las consecuencias pueden ser nefastas.

“Es una puñalada por la espalda”. “A Estado Islámico lo protegen las Fuerzas Armadas de Turquía”. “Esto tendrá graves consecuencias para las relaciones ruso-turcas”. Visiblemente molesto, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, no ahorró adjetivos ni amenazas para referirse el martes al incidente en el cual dos cazas F-16 de la Fuerza Aérea de Turquía derribaron un cazabombardero Sukhoi Su-24 de Rusia.

Desde el primer momento, las versiones opuestas sobre el evento contribuyeron a enrarecer aún más el ambiente. Según Ankara, sus pilotos les advirtieron en diez ocasiones a los aviones rusos que debían abandonar su espacio aéreo. Como uno de ellos ignoró la orden, sus F-16 lo derribaron “con base en las reglas de reacción ante amenazas”, según explicó el miércoles el presidente turco, Tayyip Erdogan, quien rechazó disculparse por el incidente. Pero para Moscú sus aparatos nunca entraron al territorio turco ni recibieron advertencias. Por el contrario, afirmó el Kremlin, más bien los F-16 turcos entraron indebidamente a Siria.

El miércoles, el canciller ruso, Sergei Lavrov, le subió, sin embargo, aún más al tono. A su homólogo turco, Mevlüt Çavusoglu, le dijo que el derribo del avión era una “provocación planeada de antemano”. Y aunque el propio Lavrov descartó de plano un enfrentamiento bélico, su gobierno cortó relaciones militares con Ankara, les recomendó a sus nacionales no viajar a ese país y emplazó misiles de defensa aérea a Siria.

No era para menos. Desde donde se lo mire, el incidente del martes es un evento gravísimo y relativamente inédito en los tiempos modernos, pues desde la guerra de Corea un miembro de la Otan no había derribado un avión militar ruso. Sin embargo, pese a los hechos de esta semana, es claro que Putin y Erdogan tienen en común más semejanzas que diferencias. Tanto el turco como el ruso son políticos muy astutos que dominan la política de sus países desde principios de la década pasada. Ambos, tras promover durante sus primeros años en el poder políticas progresistas y de integración mundial, han derivado hacia el nacionalismo y el autoritarismo. Con ese fin, no han dudado en aplicar la mano dura para reprimir la oposición interna. De hecho, sobre ambos pesan denuncias de desapariciones forzadas e incluso de asesinatos políticos.

Y como si lo anterior fuera poco, el derribo del Sukhoi ruso revela nuevas semejanzas. Pues así como Putin usó el argumento de la defensa de las minorías rusas en Ucrania para intervenir el año pasado en la guerra de ese país, ahora Erdogan parece seguir la misma línea. Como le dijo a SEMANA Kerim Has, especialista de International Strategic Research Organization (Usak) de Ankara, “desde que comenzó la intervención rusa, a Turquía no le han gustado las actividades militares rusas en las regiones de Siria pobladas por turcomanos, una minoría turca que vive en ese país desde el colapso del Imperio otomano tras la Primera Guerra Mundial”.

Por otro lado, desde la guerra de Ucrania de 2014, Rusia y los países de la Otan han protagonizado decenas de incidentes, en Europa y el Pacífico norte, según ha advertido desde entonces la European Leadership Network. Y cuando se piensa en el derribo del Sukhoi, el documento que esa entidad publicó en agosto resulta premonitorio, pues concluye que “cada una de las partes está poniendo a prueba las capacidades de su contrincante, probablemente con la idea de una guerra en mente”.

Una guerra directa entre Rusia y Turquía no está en la orden del día. Pero las crecientes tensiones entre los países que están emprendiendo acciones militares en Siria, sumadas al caos de los refugiados en la región y a la expansión de EI, constituyen un coctel tóxico en el que cualquier error puede tener consecuencias militares dramáticas. Lo peor del caso es que mientras los dos países implicados no restablezcan algún tipo de comunicación militar, lo más probable es que se repita un incidente similar al que esta semana enfrentó a Putin y a Erdogan.

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