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| 9/6/2008 12:00:00 AM

Sacaron las uñas

A pesar de las críticas, el balance de John McCain y su compañera de fórmula Sarah Palin tras la convención republicana fue favorable y les quitaron protagonismo a los demócratas.

Hasta el miércoles de la semana pasada, el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, John McCain, había recibido muchas críticas por haber escogido como compañera de fórmula a la gobernadora de Alaska, Sarah Palin. La principal tuvo que ver con la inexperiencia de esta mujer de 44 años, casada, con cinco hijos, partidaria del porte de armas y de los grupos evangélicos, y enemiga del aborto. Por si eso fuera poco, un episodio escandaloso puso a Palin en el ojo del huracán el lunes pasado. Ese día, ella y su marido expidieron un comunicado para informar que una de sus hijas menores de edad estaba embarazada: más líos para McCain. Sin embargo, todo cambió como por arte de magia en la noche del miércoles cuando la gobernadora pronunció en St. Paul (Minnesota) su discurso de aceptación. Desde entonces, los analistas han venido diciendo que Palin revitalizó inesperadamente la campaña de McCain y le quitó protagonismo a la de su rival del partido demócrata, Barack Obama.

Los primeros reparos contra McCain por haber seleccionado a Palin surgieron en la revista Time, donde el periodista Mark Halperin sugirió que el candidato republicano había cometido un error monumental. Halperin, como The New York Times, sostuvieron que McCain es un hombre de 72 años y ha sido víctima del cáncer de piel en dos ocasiones, mientras que Palin es una mujer joven, sin ningún contacto con líderes extranjeros y cuya única trayectoria antes de haber sido elegida en su cargo actual en 2006 fue la alcaldía de Wasilla, un suburbio de Anchorage de 9.000 habitantes.

No sólo las publicaciones gringas se metieron con McCain. La revista británica The Economist, considerada la mejor del mundo por sus análisis políticos, también le dio palo. "La señora Palin carece de experiencia internacional y sólo el pasado verano consiguió un pasaporte para visitar tropas de Alaska destinadas a Alemania y Kuwait", dijo el semanario y recordó que la gobernadora coqueteó en algún momento con un partido independentista de Alaska. Y añadió: "Para ganar, el candidato republicano necesita atraer al 55 por ciento de los independientes y al 15 por ciento de los demócratas, y no parece que vaya a lograrlo con Palin".

Semejantes reacciones de prensa dejaron mal sabor en las toldas de McCain, donde los más confiados creían que lo que buscaba era conquistar los sectores más conservadores que siempre han visto al candidato como un liberal partidario de los inmigrantes, y dispuesto a no rebajar los impuestos a los ricos. Esos sectores de derecha creían que McCain iba a seleccionar como su compañero al senador Joe Lieberman, que hoy se presenta como independiente y que fue fórmula del demócrata Al Gore. Pero cuando gozaban con la selección de Sarah Palin se les vino el mundo encima: la gobernadora de Alaska y su esposo difundieron un texto para informar que su hija Bristol, de 17 años, estaba embarazada hace cinco meses y que se casaría con el novio.

Con ese panorama, muchos republicanos pensaron que McCain se había equivocado. Pero el miércoles, en el Xcel Energy Arena, el auditorio donde se llevaba a cabo la convención republicana, la gobernadora le dio la vuelta a la tortilla, y con un discurso que electrizó a los presentes y en el que lanzó dardos a Obama y a la prensa de la capital, levantó los ánimos del partido y enloqueció a los grupos evangélicos y a los propietarios de armas en todo el país. "Aquí les doy una noticia para todos esos reporteros: no voy a ir a Washington a complacerlos. Voy a ir a trabajar para toda la gente de este gran país", dijo con firmeza.

¿Cuál fue el resultado del discurso? Que cuando Estados Unidos hablaba día y noche de Barack Obama la atención empezó a centrarse en Sarah Palin y en las toldas del partido de George W. Bush. Como escribió el viernes pasado en The Washington Post el columnista Charles Krauthammer, para quien hasta entonces la campaña había sido simplemente un referendo sobre Obama, "Palin energizó las bases republicanas y unió en un solo cuerpo al partido detrás de John McCain". La misma tesis esgrimió en Time el analista David Von Drehle, según el cual "Palin convirtió en una gran fortaleza de McCain la que era una de sus máximas debilidades": el apoyo de los grupos religiosos conservadores.

Un día después de la intervención de Sarah Palin le tocó el turno a McCain. Y lo que hizo el candidato republicano fue pronunciar un discurso en el que se mostró a favor de ponerle fin a la etapa de rencores entre los dos partidos y en el que se presentó como el agente del cambio. "Permítanme hacerles una advertencia a quienes favorecen la política del 'gran gasto', del 'no hacer nada', y del 'yo antes que mi país': ya llega el cambio", dijo. McCain también subrayó su trayectoria como prisionero en Vietnam y señaló que en su vida ha tenido que luchar mucho. "Levántense, levántense y peleen. Aquí nada es inevitable. Somos estadounidenses. Nunca nos rendimos. Nunca nos escondemos de la Historia. La hacemos", advirtió al final de una intervención en la que empleó la palabra 'pelea' en 43 oportunidades y en la que comenzó manifestando que "ningún éxito se produce sin luchar". Esas expresiones aludían a la guerra en Irak, una invasión que McCain respaldó con su voto en el Congreso.

McCain también pronunció frases que fueron música celestial para los republicanos. A diferencia de Obama, dijo ser partidario de los impuestos bajos, la disciplina fiscal y el libre comercio. De un buen sistema de defensa nacional, de la fe religiosa, la responsabilidad personal, el imperio de la ley, la moral de las familias, los vecindarios fuertes y la perforación de nuevos pozos petrolíferos. "La educación es el asunto más importante de los derechos civiles en este siglo", anunció. "El partido de Lincoln, Roosevelt y Reagan ha vuelto a sus fundamentos", añadió. Y no tuvo problema en decir que iniciará "el proyecto más ambicioso en décadas" construir plantas de energía nuclear y suspender el envío de energía por valor de 700.000 millones de dólares al año a algunos países que "no nos quieren mucho".

En sus discursos, ni John McCain ni Sarah Palin dieron detalles sobre cómo harán realidad lo que han prometido ni sobre la forma como impulsarán el cambio en un país donde el impopular Bush es su copartidario. Se centraron mucho más en resaltar su carácter y sus valores que en cualquier otro aspecto.

Pero lo increíble es que la estrategia parece haberles funcionado. El viernes, el promedio de varias encuestas le daba a Obama y su compañero de fórmula Joe Biden un escuálido 2,6 por ciento de ventaja. Dos días antes, un sondeo de CBS News arrojaba un empate en el 42 por ciento. Desde este lunes quedan 56 días para los comicios. Y, tal como está el asunto, cualquier cosa puede pasar antes de esas elecciones en las que se sabrá si el 21 de enero, los 300 millones de estadounidenses tendrán al primer presidente negro o a la primera vicepresidenta de su historia.
 
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