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| 2/14/2000 12:00:00 AM

¿Salto al vacío?

A tiempo que el presidente Mahuad anuncia la dolarización de la economía ecuatoriana los indígenas cierran filas contra el Estado.

El Ecuador, convulsionado en medio de la peor crisis económica de los últimos años, no ha tenido tiempo de reflexionar a cabalidad sobre las medidas gubernamentales para la dolarización de la economía mientras los indígenas, mayoritarios en Ecuador, comienzan su tarea de demoler el Estado para reemplazarlo por el suyo. El domingo 9 en la tarde ningún ecuatoriano apostaba un sucre por la permanencia de Jamil Mahuad Witt en el poder. “Estaba más que caído”, dijo a SEMANA un periodista que estuvo todo el día en el Palacio de Carondelet, sede del gobierno. “Sólo le faltaba irse”. Después de las 9 de la noche Mahuad volvió a ser el presidente de Ecuador. Apareció en la televisión rodeado por todos sus ministros, recién renunciados, y por primera vez en su tambaleante gobierno de 15 meses sacudió las manos con energía y amenazó en voz alta con dejar sin puesto a todas las cabezas del emisor Banco Central (BC) si en 24 horas no daban paso legal a su histórico y principal anuncio de la noche: la dolarización de la agonizante economía ecuatoriana. Al terminar su discurso la imagen favorable de 6 por ciento que tenía el mandatario subió a 22 por ciento y su credibilidad pasó de 7 por ciento a 27 por ciento. A los encuestados poco les importó que horas antes Mahuad hubiera dicho que adoptar la dolarización era como “dar un salto al vacío”. También, como otra consecuencia inmediata, la tasa de interés interbancaria cayó de 220 por ciento a 20 por ciento. Al comenzar su intervención de media hora Ecuador soportaba una inflación de 61 por ciento y el sucre se había pulverizado con una devaluación de 197 por ciento mientras en todo el país los ciudadanos pedían que Mahuad dejara el poder “sin dilaciones ni condiciones”. Media hora después, al menos en teoría, la inflación estaba reducida a cifras de un dígito y la devaluación dejaba de existir: según Mahuad, a partir de ese momento, “lo que existe en el Ecuador es la posibilidad de canjear 25.000 sucres por un dólar”. El presidente neutralizó así el descontento de todos los sectores políticos, incluido su partido Democracia Popular (DP), que lo acusaba de incapacidad para gobernar, inmovilidad, aislamiento e insensibilidad, entre otros señalamientos. Sin embargo no logró que los transportadores ni los indígenas desistieran de pedir su renuncia, los primeros, y de pretender el total para reemplazar la actual estructura del Estado, los segundos. El transporte exige renegociar sus deudas, pactadas hace algo más de un año en dólares de 4.500 sucres. El lunes la amenaza surtió efecto: antes de que renunciaran dos de sus miembros, incluido el presidente, Pablo Better, la junta del Banco Central aprobó el proyecto de Mahuad. También dimitió la gerente, Virginia Fierro. De inmediato vinieron las advertencias de los expertos: “Dolarizar una economía significa adoptar la última etapa de un plan globalizador, y si fracasa viene la catástrofe”. E insistieron en que las medidas complementarias “deben ser aprobadas de inmediato”. Lo cual no ocurrió: hasta el viernes el Congreso no había elegido reemplazos para los dimitentes y apenas abocaba el conocimiento del paquete de reformas. Sin embargo el gobierno confía en que las iniciativas serán aprobadas. De no ser así la increíble escalada de precios puede llevar al traste todo el plan: hubo productos, como el cemento y el aceite de cocina, que en dos días duplicaron sus precios en un país donde el 48 por ciento de la fuerza laboral dependiente gana un salario vital de 4,5 dólares mensuales. La confianza del gobierno pasa por el respaldo de la bancada del Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE), cuyo líder, el ex presidente Abdalá Bucaram, asilado en Panamá desde su caída, apoyó totalmente la dolarización y recordó que por proponerla fue derrocado en febrero de 1977 en hechos de los cuales Mahuad fue protagonista de primera línea. Pero en Ecuador las relaciones políticas cambian en horas. Bucaram, objeto de varios procesos, está a días de regresar al país, acaballado en el nuevo Código de Procedimiento Penal, que anula las acciones judiciales en contra suya y por cuya vigencia inmediata Mahuad ha arriesgado mucho, incluido un respaldo más decidido de partidos opositores para su proyecto económico. La llegada de Bucaram “cambiará, sin duda, la relación de fuerzas políticas, pues viene dispuesto a reconquistar el poder del que lo despojaron, y lo logrará”, según dijo a SEMANA un analista cercano al gobierno. Mahuad ha dicho estar “muy contento” de recobrar la confianza de los ciudadanos y reconoció que a Ecuador sólo se le gobierna con mano dura. “Hace falta una línea de autoridad, de respeto a la ley, pero de mano dura, de firmeza, y yo creo que eso es lo que tiene que hacerse y forma parte de lo que yo soy. De tal manera que me siento cómodo”, dijo. Sin embargo, en criterio de la gente, la mano no ha sido suficientementedura con los especuladores, ni con los indígenas, que el lunes instalaron unos parlamentos populares que tienen como objetivo convertirse en autoridad en todo el país. La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie), que concentra a una gran parte de los indígenas, ha dicho de manera reiterada que busca dar muerte al actual Estado “para instalar el poder popular sobre el cual descansa la soberanía, como lo señala la Constitución”. Por ahora miles de indígenas de todo el país avanzan desde el jueves sobre las ciudades, especialmente sobre Quito, con el fin de quedarse en ellas “hasta cuando hayamos cambiado todas las estructuras del Estado”, según amenazó Antonio Vargas, presidente de la Conaie. Ni siquiera el estado de emergencia declarado por el gobierno ha hecho desistir a los indígenas, quienes este viernes comenzaron a bloquear las carreteras de acceso a Quito y a entorpecer el abastecimiento de la ciudad. Aspiran a establecer un gobierno revolucionario colegiado y no parecen dispuestos a perder esta oportunidad. Por lo que parece, este ingrediente adicional de la crisis se podría convertir en la verdadera prueba para la gobernabilidad del Ecuador. De por medio está la conciencia, apoyada por las normas constitucionales y adquirida por los ecuatorianos cuando cayó Bucaram, de que la suerte de su gobierno de turno está en sus manos.
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