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| 7/5/1993 12:00:00 AM

Salvar a El Salvador

La ONU se juega el todo por el todo por la paz en El Salvador, con la dirección de Augusto Ramírez O.

LA TERMINACION DE LA guerra civil de El Salvador fue celebrada con bombo y platillos. No era para menos, porque ese 2 de enero de 1992 terminaban 12 años en los que murieron 75 mil personas. Pero para algunos era evidente que la consolidación de la paz sería mucho mas difícil que su firma. La reconstrucción del tejido social debería pasar no sólo por la reconciliación sino por el cumplimiento de estipulaciones muy difíciles de poner en práctica.
La Organización de Naciones Unidas a través de la ONUSAL (su destacamento para El Salvador), continúa vigilando el cumplimiento de los acuerdos y asesorando a los salvadoreños en los temas más importantes. La ONUSAL representa en América la nueva filosofía del secretario general Boutros Boutros Ghali, para quien la función de ese organismo en caso de guerra civil ya no debe ser el mantenimiento de la paz ("peacekeeping") sino la obtención de la misma ("peacemaking"). Lo que pocos saben es que al frente de la ONUSAL desde abril está el ex canciller colombiano Augusto Ramírez Ocampo.
Bajo la supervisión de Ramírez, la ONUSAL vigila el cumplimiento del cese al fuego, a tiempo que propicia la nueva filosofía castrense y una nueva doctrina policial, en la que el uniformado tiene enfrente a un ciudadano y no a un enemigo. En el área de los derechos humanos, bajo la dirección del jurista peruano Diego García Sayán, la ONUSAL asesora al Estado en la creación de un poder judicial que incluya un Consejo Nacional de la Judicatura, la Fiscalía General y un "Ombudsman".
Toda esa actividad está reflejada en una entidad única en su género: la Comisión de Paz (Copaz), que reúne a los dirigentes tradicionales del país con los del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, quienes de otra forma no tendrían opción de influír en el gobierno antes de las elecciones generales de marzo de 1994. En el Consejo de Política Económica y Social (CPES) se integran el gobierno, los trabajadores y los empresarios para el análisis de las convenciones de la Organización Internacional del Trabajo y la elaboración de un Código Laboral.
Los acuerdos incluyen la repartición de 47.500 predios rurales de los cuales siete mil se destinarán a excombatientes del FMLN y 15 mil a exmilitares. Pero el proceso no discurre en un jardín de rosas. Los exguerrilleros se quejan de que el CPES ha retrasado la aprobación de las Convenciones de la OIT y el gobierno sostiene que el FMLN organiza protestas como estrategia electoral, mientras se defiende de la tardanza en el tema de tierras con el argumento de que no hay dinero. Las recomendaciones de la Comisión de la Verdad, que evaluó las violaciones de los derechos humanos, no han sido puestas en práctica y el estallido de un arsenal presunto del FMLN escondido en Managua (Nicaragua), parece evidenciar que esa organización no entregó todo su armamento.
La importancia mundial del proceso salvadoreño se evidencia frente al de Angola, donde la guerra estalló de nuevo después de las elecciones, o al de Camboya, donde a pesar del esfuerzo de la ONU, la guerrilla del Khmer Rojo está a punto de echar a perder la paz. De ahí que la ONU esté dispuesta a evitar que eso pase en el país centroamericano. Y Ramírez es optimista pues "los salvadoreños están engolosinados con la paz, porque por ejemplo, por el solo hecho de la suspensión de las hostilidades, el sector agropecuario creció en un siete por ciento y el año pasado el país se autoabasteció de granos. A pesar de las incomprensiones, la voluntad de paz es irreversible".
El proceso terminará con las elecciones de marzo, en unos comicios que se llevarán a cabo bajo la autoridad de un nuevo Tribunal Supremo Electoral y mediante la depuración de los censos que permitieron en el pasado que se manipularan los resultados. En ese momento las dos partes, que no fueron capaces de ganar la guerra, habrán ganado la paz.
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