Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2000/11/06 00:00

Sangre en la arena

SEMANA presenta una guía para entender la crisis palestino-israelí, la más grave de los últimos años.

Sangre en la arena

La violencia tomó por sorpresa a todo el mundo. El detonante, para la mayoría, fue la visita del ex ministro israelí Ariel Sharon a un lugar sagrado tanto para judíos como musulmanes, el Monte del Templo, donde está la mezquita de Al Aqbar. Sharon personifica al halcón de la vieja guardia israelí y su presencia fue percibida como una provocación. Pero la verdadera causa de los disturbios, que dejaron más de 50 muertos, fue el estancamiento de las conversaciones de Camp David, que reunieron bajo el auspicio de Bill Clinton al israelí Ehud Barak y el palestino Yasser Arafat.

El proceso, iniciado en Oslo en 1993, dejó para lo último los temas más difíciles. Mientras tanto israelíes y palestinos han construido, a pesar de todo, una relación de conveniencia. Por eso los únicos que parecen beneficiarse son los enemigos de los acuerdos, el grupo Hamas, por la parte palestina, y el partido Likud, de derecha, en la israelí.

Los esfuerzos de la secretaria de Estado de Estados Unidos, Madeleine Albright, por detener la violencia, iban por buen camino en reuniones en París y El Cairo. Pero la virulencia de los hechos pone al descubierto, de nuevo, la gran volatilidad de la situación en el Oriente Medio.





El origen del conflicto

El conflicto se remonta a 1948, cuando fue proclamado el Estado de Israel a partir de la colonización judía de Palestina. El hecho produjo el éxodo masivo de pobladores palestinos, que se repartieron en varios países en condiciones infrahumanas y dejaron todos sus bienes atrás. La captura de nuevos territorios por parte de Israel en la guerra de 1967, entre ellos la parte oriental de Jerusalén, agudizó el resentimiento de los palestinos. El proceso de paz dejó para el final estos temas, los más candentes, y el estancamiento de las negociaciones hizo crecer las tensiones hasta el estallido de finales de septiembre.



Jerusalén

La ciudad guarda en su territorio varios de los lugares más sagrados de las religiones monoteístas, el cristianismo, el judaísmo y el islamismo, y por lo tanto ha sido fuente de tensiones milenarias. En 1967 fue capturada por tropas israelíes que expulsaron a los jordanos. Israel la proclamó su “capital eterna e indivisible” pero pocos países trasladaron allí sus embajadas desde Tel Aviv. Aunque Barak no acepta ningún cambio en el estatus de la ciudad, ofreció participación en el gobierno local a los 310.000 palestinos que viven allá y el control administrativo total de algunos barrios en las afueras. Pero la Autoridad Nacional Palestina ha sido inflexible en su exigencia de que Jerusalén sea, íntegramente, la capital de su Estado.



Asentamientos judíos

Los acuerdos de Oslo estipularon la devolución a los palestinos de porciones de las zonas ocupadas. Pero durante el gobierno de Benjamin Netanyahu miles de colonos israelíes, opuestos al acuerdo, se establecieron en esas zonas y ahora se niegan a devolverlas. Israel pretende anexar tres globos donde viven unos 170.000 colonos y los palestinos dicen que la construcción es ilegal. Se dice que en julio en Camp David se acordó que las zonas más pobladas por israelíes serían anexadas por su país, a cambio de otros territorios.



Agua

Los israelíes y los palestinos dependen para su suministro de agua de manantiales que discurren por Cisjordania. Pero mientras las granjas de los israelíes usan grandes cantidades del líquido vital, el agua es racionada en los pueblos y campos de refugiados de los palestinos. Según la Autoridad Palestina, Israel usa el 80 por ciento del agua de la región y debe compartirla más equitativamente.



Refugiados palestinos

Cuatro millones de palestinos viven en campos de refugiados en la Ribera Occidental, Gaza, Líbano y Siria. Son los damnificados de la proclamación del Estado de Israel en 1948, familias que lo perdieron todo y vieron nacer sus hijos en condiciones de miseria. La Autoridad Palestina exige la repatriación de todos ellos sin condiciones y, cuando ello sea posible, la devolución de sus bienes y la entrega de una indemnización, todo ello según lo ordenado por la resolución 194 de la ONU. Israel acepta aportar parte de esa indemnización, pero sólo el regreso de unos 100.000 palestinos a su país, sobre la base del principio de reunificación familiar.



Fronteras

La Autoridad Nacional Palestina exige que Israel se retire de todos los territorios que ocupó en la guerra que libró en 1967 contra Egipto, Siria y Jordania. Eso incluiría la Franja de Gaza, la Cisjordania o Ribera Occidental del Jordán y la parte oriental de Jerusalén. Todo ello en cumplimiento de la resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU. Israel acepta entregar algunas porciones de ese territorio, pero no todo. Barak ha dicho que Israel jamás regresará a las fronteras previas a 1967.



“Viene una escalada mayor”

Jonathan Kessler es el editor ejecutivo de la revista Middle East Insight que se publica en Washington D.C. y un respetado experto en el tema. SEMANA habló con él

SEMANA: ¿Qué motivó la visita del líder del partido Likud, Ariel Sharon, al sitio conocido como Monte del Templo para los judíos y Haram as Sharif para los musulmanes?

J.K.: Yo creo que Sharon consideró la visita como una oportunidad para proyectarse como líder natural del ‘campo nacionalista’, en competencia con Benjamin Netanyahu, el ex primer ministro. Sharon argumentó que como ciudadano tiene el derecho a visitar cualquier territorio israelí. Sin embargo la visita no deja de ser un acto desafiante.

SEMANA: ¿Por qué fue tan fuerte la reacción palestina?

J.K.: Tal vez la visita fue el elemento que desencadenó la violencia pero ésta es la consecuencia del ambiente de incertidumbre que existe cuando ha pasado la fecha límite que la OLP había escogido para declarar el Estado Palestino.

SEMANA: ¿Por qué razón Ehud Barak decidió no asistir al encuentro con Arafat y Albright en Egipto y regresar a Israel?

J.K.: Yo creo que Barak consideró que ese encuentro sería inútil teniendo en cuenta las posiciones de las dos partes. Para Barak la propuesta de Arafat de designar una comisión internacional para investigar el estallido podría ser contraproducente pues las dos partes deberían ser capaces de superar el momento sin recurrir a acusaciones que sólo aumentarían la violencia.

SEMANA: ¿Por qué fracasó Camp David?

J.K.: Ninguno de los dos líderes, ni Barak ni Arafat, sintió que podía hacer más concesiones en la mesa de negociación. Y creo que se preguntaban si un acuerdo firmado en los últimos meses del gobierno de Bill Clinton recibiría un apoyo incondicional y decidido de la nueva administración norteamericana.

SEMANA: ¿Cuáles son las perspectivas?

J.K.: Creo que lo que viene ahora es una escalada de violencia. No habrá calma hasta que las dos partes entiendan que estos enfrentamientos los alejan cada vez más de un posible acuerdo definitivo.

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