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| 9/22/1986 12:00:00 AM

SE ACABA LA PLATA

Detrás de las propuestas sobre limitación de armas, se ocultan las dificultades económicas de las potencias.

En el complejo juego de ajedrez que constituyen las relaciones entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, y más cuando de armas se trata, el anuncio de Mijail Gorbachev de prorrogar unilateralmente hasta el 1° de enero próximo la moratoria de pruebas de armas nucleares constituye una movida digna del campeonato mundial de la época de Bobby Fisher y Boris Spassky.
Con argumentos tan loables y a primera vista inocentes como el de la falibilidad de la tecnología recientemente puesta en clara evidencia tras los accidentes del Challenger y de Chernobyl, Gorbachev ha instado una vez más a los Estados Unidos a apoyar las propuestas sobre control de armamento nuclear.
La respuesta de los Estados Unidos ha sido la misma. A través del vocero de la Casa Blanca Larry Speakes, la administración Reagan reiteró su convicción de que la actitud soviética constituye ante todo un acto deliberado de propaganda cuya incidencia real para la URSS es mínima dada su ya existente posición de ventaja en esta materia.
Sobre las razones que motivan a una y otra superpotencia a mantener su posición, se ha esgrimido una amplia gama de argumentos. En los círculos gubernamentales de los Estados Unidos se insiste en que el propósito real de Gorbachev es el de lograr detener el programa IDS o de Guerra de las Galaxias, bandera de la administración Reagan, frente al cual los soviéticos se encontrarían en seria desventaja. Observadores independientes aseguran sin embargo, que el origen de la posición soviética va más allá del terreno puramente militar. Con una seria crisis en su balanza comercial originada en la caída de los precios del petróleo y una sequía que reducirá notablemente las expectativas de producción de granos, la URSS está pasando, al parecer, por graves apuros económicos, cuyas consecuencias amenazan detener el proceso de modernización en que se ha empeñado el gobierno soviético. "El darse cuenta de que pronto tendrá que escoger entre tractores y tanques ha llevado a Gorbachev a mostrar mucha más flexibilidad en las negociaciones sobre armamento", aseguraba recientemente en el Washington Post el investigador Jan Vanous, experto en la Europa del Este. En el caso norteamericano, la situación tampoco es la mejor, como lo revelan las cifras del déficit.
Enredados aparentemente en obstáculos como el de la imposibilidad de verificar el real cumplimiento de los acuerdos a que hubiere lugar en limitación de armamento nuclear, cuyo monitoreo han ofrecido realizar India, Grecia, Tanzania, Suecia, Argentina y México después de una reunión en este último país centroamericano, lo que en primera instancia se ha considerado como un claro juego estratégico de carácter netamente geopolítico y militar, podría convertirse en mucho más que una partida de ajedrez al tener como trasfondo un elemento económico que aunque ninguna de las dos potencias se ha atrevido a reconocer abiertamente, podría ser el determinante para que en últimas el mundo pudiera contar con el tan anhelado programa de control de armamento nuclear.




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