Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2003/09/29 00:00

¿Se deja morir?

Para los expertos la variable salud del Papa se debe a que no está siguiendo el tratamiento médico. Los vaticanistas ensayan múltiples teorías para explicarlo.

¿Se deja morir?

Cansado, encorvado, con la saliva en la comisura de la boca. Así vio el mundo al papa Juan Pablo II en una grabación de video hecha en su residencia veraniega de Castelgandolfo, cerca de Roma. El Sumo Pontífice había tomado la muy inusual decisión de no viajar al Vaticano para la tradicional audiencia general de los miércoles. La noticia causó un fuerte impacto en los 8.000 fieles de todo el mundo que llenaban la sala Nervi. Al ver el corto mensaje muchos peregrinos lloraron. "Cuesta verlo así", dijeron varios.

A pesar de que su voz era casi firme en el rostro de Juan Pablo II se leían señales claras de cansancio y de dolor físico y, como sucede con todo lo que tiene que ver con el Papa, la información y las imágenes inmediatamente le dieron la vuelta al mundo. Según una fuente vaticana la causa fue "una infección intestinal que le provocó fiebre". Pero lo cierto es que, tras una asombrosa recuperación hace un año, desde julio pasado la salud del Papa no hace más que deteriorarse. La angustia llegó a su clímax en su viaje de este mes a Eslovaquia, donde mostró que ya no puede caminar sin ayuda y tiene graves dificultades para hablar. No pudo terminar ninguno de sus discursos y mostró problemas respiratorios.

La cancelación de la audiencia por parte de un Papa que tiene un sentido heroico de su deber se convirtió en una pésima señal e hizo que surgiera una pregunta apremiante. ¿Qué pasa con la salud del Sumo Pontífice?

Es muy difícil conseguir expertos dispuestos a dar su parecer sobre las condiciones reales de salud del papa Juan Pablo II y, por su lado, el equipo de médicos que lo sigue mantiene un hermético silencio. Sin embargo el coordinador científico de la Asociación Mundial Enfermedad de Parkinson y una de las mayores autoridades en la dolencia que aflige al Papa, el italiano Gianni Pezzoli, concedió una entrevista al semanario polaco Wprost. Pezzoli asegura que la recaída del Papa se debe, al menos en parte, a que dejó de tomar levodopa, medicina eficaz en el control de los síntomas de la enfermedad, que había dado excelentes resultados en el paciente.

Jacek Palasinski, autor de la entrevista, relató a SEMANA detalles desconocidos del encuentro. El doctor Pezzoli asegura que, para una persona de 83 años que desde hace 15 sufre de Parkinson como el Papa, sus condiciones no son de las peores y si Juan Pablo II se cuidara más estaría en condiciones mejores, si bien precarias, de salud.

Según dijo el profesor a Palasinski, los pacientes con Parkinson de la asociación que dirige se sorprenden del hecho de que el Papa a veces controla bastante bien sus movimientos. "Para el doctor Pezzoli la cosa está muy clara: en algunos casos el Papa está bajo tratamiento médico y en otras no", relata Palasinski

Según el científico los efectos positivos de la levodopa se ven claramente en el Sumo Pontífice: cuando lo toma, tiene sólo movimientos involuntarios en la cara -relativamente insignificantes- y el labio inferior está ligeramente más grueso. Cuando no lo usa desaparece la prominencia del labio, la voz es baja, tiene una difícil deglución y está inclinado hacia un lado. Desde el punto de vista médico, insiste el especialista, sería mucho mejor que estuviera siempre en tratamiento.

"Después de 15 años de enfermedad ningún paciente abandona el tratamiento, dice Pezzoli, y asegura que con el tipo de enfermedad que tiene el Pontífice la ledovopa es prácticamente obligatoria". Eso hace que muchos en Roma se pregunten por qué Karol Wotjyla no está recibiendo los medicamentos prescritos para su condición. El experto dice que si el Papa tomara con regularidad levodopa, que tiene un efecto de más o menos hora y media, necesariamente se vería -durante las misas largas o en las audiencias, que duran hasta cuatro horas- pasar a alguien con un vaso de agua y las pastillas.

Pezzoli se declara perplejo ante el hecho de que el Pontífice no tome los medicamentos. "Es posible que haya sido una decisión del Papa o que alguien lo haya convencido, no sabría decirlo". Lo único que atina a decir es que espera "que las razones por las que el Pontífice no toma sus medicinas sean realmente importantes".

En algunos artículos de la prensa italiana se ha ventilado la idea de que el tratamiento se ha descontinuado para no provocar adicción en el organismo del Papa. Pero para el doctor Pezzoli se trata de un error gigantesco pues sostiene que la levodopa no provoca dependencia. Argumenta que se trata de un simple aminoácido endógeno ampliamente experimentado en el transcurso de los últimos 35 años.

Dada la creciente preocupación por la salud del Papa las opiniones sobre si el Vaticano debería hacer pública la información sobre las reales condiciones del Pontífice están divididas. No hay que olvidar que se está hablando del guía espiritual de millones de católicos en el mundo y que, como personaje carismático, tiene gran influencia aun por fuera de las fronteras del catolicismo.

Por su parte el semanario Wprost saca sus propias conclusiones. Palasinski dice que si el especialista italiano no se equivoca existen tres posibles razones por las que el Papa no está en tratamiento: la primera es que alguien quiere que el Papa muera, la segunda es que el mismo Juan Pablo II quiere morir y, la tercera, que los médicos que lo tratan no están a la altura de su tarea.

Las verdades a medias o el silencio hacen que nazcan chismes de pasillo, dice Palasinski. Versiones como, por ejemplo, que sostienen que la izquierda de la Iglesia quisiera la muerte del Papa para poder, con el nuevo, seguir las reformas del Concilio Vaticano II que Juan Pablo II no ha continuado. O que es la derecha eclesiástica la que quiere liberarse de Juan Pablo II para terminar definitivamente con los mea culpa, con las visitas en las mezquitas y sinagogas y, sobre,todo, con el diálogo interconfesional entablado por él.

Y por último están los que piensan que es el propio Pontífice quien no quiere seguir tomando las medicinas. Ante la falta de explicaciones científicas Pezzoli se inclina por aceptar la hipótesis, que se ventila con fuerza, de que el Papa ve en el dolor físico un valor espiritual y, por lo tanto, se lo ofrece a la Virgen, de la que es profundamente devoto. En ese mismo sentido la vaticanista alemana Christa Kramer está segura de que Juan Pablo II quiere morir como un mártir.

Otros simplemente piensan que el Pontífice se da cuenta de sus debilidades físicas, de que no está en capacidades de guiar como quisiera a la Iglesia, pero cree que a ésta no le conviene la figura de un Papa retirado. Lo que estaría haciendo sería tratar de dejar libre el puesto para su sucesor. Desde sus paginas Wprost lanza un clamor a su Papa polaco. Le pide que, si la decisión de no cuidarse es suya, cambie de idea en bien de la Iglesia del mundo.

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