Lunes, 15 de septiembre de 2014

| 1995/08/07 00:00

SE ENREDO LA PIOLA

Desde su reelección, ha quedado claro que las cosas en el segundo período presidencial de Carlos Saúl Menem serán a otro precio.

SE ENREDO LA PIOLA

EL TRIUNFALISMO DE CARLOS MENEM LA noche de su reelección parecía nublarse en los días previos a la asunción de su segundo período de gobierno. La recesión económica, la pugna entre la capital y las provincias, los estallidos sociales y las nuevas revelaciones de miembros de las Fuerzas Armadas sobre el destino de los detenidos desaparecidos serán temas que deberá encarar en su nuevo período como presidente, que irá hasta diciembre de 1999.
La apatía poco habitual la noche de su triunfo fue la primera señal de una Argentina resignada a una alternativa que no tenía otro aval que la derrota de la hiperinflación -Menem recibió el país con una inflación del 30 por ciento mensual y la llevó al 0 por ciento-. Su política económica se concentró en el ajuste estructural. Una política monetaria restrictiva y el denominado saneamiento financiero condujeron a una disminución de la inflación, que unido a la venta de activos fiscales, creó las bases para el ingreso masivo de capitales extranjeros. Pero los oponentes del 'menemismo' no propusieron una política diferente, aunque criticaran la gestión presidencial.
Por un lado, los radicales tenían el precedente de un gobierno que terminó derrotado por su incapacidad de resolver los conflictos cívicos y por negociar una ley sobre las responsabilidades de los militares en las violaciones de los derechos humanos. Además Raúl Alfonsín sostuvo un plan que llevó a la crisis económica, a la social y a su dimisión como presidente. Por su parte, el Frepaso, organización política poco conocida, no fue capaz de levantar una propuesta que cautivara al electorado.
La opción de votar por Menem el 14 de mayo estuvo basada en la esperanza de la disminución del desempleo, el control a la inflación y el crecimiento económico. Sin embargo, ya a comienzos de julio el ministro de esa cartera, Domingo Cavallo, debió reconocer la existencia de una recesión, aunque señaló, sin embargo, que sólo se trataba de una disminución en el consumo.
Pero lo cierto es que la economía argentina viene de capa caída. Las tasas de casi 9 por ciento anual de crecimiento del PI, alcanzadas en 1991 y 1992, disminuyeron en 1994 a un 6 por ciento. El Banco Mundial ha estimado que en 1995 el crecimiento será cero y que en 1996 alcanzará un 2 por ciento. El ofrecimiento gubernamental de bajar el desempleo no se ha cumplido: éste alcanza hoy el 14 por ciento -más del doble de la cifra histórica- y según estudios de la Cepal, tiende a aumentar.
El sector de mostrar también se cayó. La industria automotriz, que había crecido cerca del 400 por ciento, sólo alcanzó un crecimiento del 30 por ciento el pasado trimestre. A esa situación se suma el anuncio brasileño de disminuir su importación de vehículos para equilibrar su balanza comercial. Lá caja fiscal tampoco goza de buena salud, ni en el sector central ni en el provincial. A 300.000 empleados públicos se les pagará en julio el sueldo de junio. En Córdoba se rebosó la copa. El 23 de junio miles de trabajadores se rebelaron por el no pago de sus salarios y ocuparon las calles. El ex gobemador de la provincia, Eduardo Angeloz, de la opositora Unión Cívica Radical, acusó directamente a Cavallo de ser el culpable de la crisis. A ello el Ministro respondió que el responsable era Angeloz por no privatizar los bancos y las empresas eléctricas locales, como han hecho en otras provincias. El gobierno central, que ya dilató los auxilios a Córdoba para presionar esas privatizaciones, no irá en su ayuda mientras la provincia no ceda. El viernes, víspera de la posesión, Angeloz tiró la toalla y renunció.
La situación de inconformidad nacional ha llegado a Buenos Aires, donde se calcula que entre marzo y junio se han producido más de 15 protestas de importancia. Hasta la Iglesia ha metido la cucharada en favor de los manifestantes, al advertir sobre los alcances de los problemas sociales y las injusticias que han surgido como producto de las reformas económicas. Es cierto que falta una política alternativa que unifique la creciente protesta social. Pero también lo es que su multiplicación vuelve a poner sobre el tapete el problema de los detenidos desaparecidos. Podrían soplar fuertes vientos sobre la Casa Rosada.
Y el de los desaparecidos sí que es un tema álgido. Quien primero habló del trágico destino de los desaparecidos fue un desconocido ex capitán de la Marina argentina Silingo, que fue descalificado por Menem. A la primera confesión siguieron otras. Pero Menem, en medio de la campaña presidencial, calló por un tiempo. Sólo cuando Balza decidió reconocer que había intentado ocultar los cuerpos lanzándolos al mar, el mandatario ofreció la eliminación de la Ley de Punto Final. Inmediatamente pasada la elección volvió a negar la posibilidad de derogar dicha ley. A pesar de las nuevas revelaciones sobre el destino de hijos de desaparecidas, el gobierno se ha mantenido al margen.
Pero el tema no sólo le es molesto sino que empieza a limitar el margen de maniobra del gobierno. Menem no ha podido autorizar el acceso del capitán de la Marina Alfredo Astiz, acusado de participar en el secuestro y desaparición de dos religiosas francesas, de una ciudadana sueca y de una de las fundadoras de las Madres de Mayo, Azucena Villaflor. Además, el triunfo electoral del general Antonio Russi en Tucumán ha abierto otra herida en el conflicto de los derechos humanos. Este general dice no arrepentirse de haber participado en la guerra sucia.
Es temprano para predecir el futuro de Menem, pero no cabe duda de que los escenarios de conflicto se multiplican. Sin embargo no hay temor por una crisis institucional que ponga en riesgo la democracia. Por ahora los expertos opinan que la recuperación económica de Argentina será lenta y dolorosa y que eso demuestra lo difícil que es el ajuste estructural con democracia y sin estado de sitio.

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