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| 2/17/1997 12:00:00 AM

SE NECESITA PRESIDENTE

LOS COMUNISTAS INSISSTEN EN LA URGENCIA DE REEMPLAZAR A YELTSIN PARA SACAR A RUSIA DEL ATOLLADERO .

Afines de diciembre, en una iglesia de Moscú, fue coronado un nuevo zar de todas las Rusias: Nicolás III, uno de los que se proclaman herederos legítimos del trono de los Romanov, supuesto nieto de Nicolás II. Alexei, el hijo del zar, se habría salvado del fusilamiento en 1918 y habría sido criado en la familia Dalskii.Es muy poco probable que Nicolás Dalskii recupere alguna vez el poder de su supuesto abuelo. Pero es un elemento anecdótico de la disputa por el trono del Kremlin, que ya se ha iniciado a pesar de su detentador, Boris Nikolaevich Yeltsin.La convicción de que la cabeza de Yeltsin no puede sostener la corona se ha ido instalando en el país tras un largo año de idas y venidas, durante el cual los médicos ocultaron el verdadero estado de salud del paciente. Ahora un resfriado provocado al salir de un tradicional baño ruso, más la terquedad del paciente, que se negó a hospitalizarse rápidamente, se han transformado en una "traicionera enfermedad", al decir de los médicos, que mantendrá a Yeltsin alejado de su cargo hasta bien entrado febrero.Pero si el país aguantó la operación del corazón con la esperanza de ver a un renovado presidente a partir de año nuevo, la neumonía parece rebasar la paciencia de un país en estado terminal.En las paradas de bus, en los metros, en los almacenes, aguantando temperaturas de 15 y 25 grados bajo cero, se escucha una y otra vez la misma pregunta: "¿Para qué nos llamó a votar por él, para qué nos engañó si no podía gobernar?". Este reproche proviene, no de los enemigos, sino de aquellos que hace poco más de medio año depositaron su voto a favor de Yeltsin.Los increíbles atrasos de pagos en los salarios y las jubilaciones, de seis meses y más; la nueva caída de la producción en 1996, a pesar de los siempre optimistas pronósticos oficiales, y la ausencia total de inversiones, constituyen el mar de fondo de las noticias catastróficas, que ya se han convertido en el pan de cada día: elecciones en Chechenia, en donde terroristas buscados por la policía se postulan como candidatos, mientras que se abren embajadas chechenas en el exterior, alimentando la convicción cada vez más expandida de que Chechenia ya se ha independizado; la situacion calamitosa del Ejército, donde oficiales y suboficiales se suicidan por la incapacidad de conseguir dinero para sus familias; las catástrofes ecológicas, como el hundimiento del buque cisterna Najodka en el océano Pacífico, las tragedias cotidianas, como la venta de huevos de chocolate para niños, contaminados por la radiación; las tristes marchas de los damnificados de Chernobyl, cuyos niños, 10 años después del accidente, nacen con tumores, sin voz y con todo tipo de deformaciones, o las enfurecidas protestas de los miles de ahorristas estafados por los bancos piratas, o las madres que continúan buscando a sus hijos desaparecidos en la guerra de Chechenia.
¿Qué barco, en medio de una tormenta, puede darse el lujo de andar a la deriva? ¿Qué país, en esta dramática situación, puede darse el lujo de no tener Presidente?
Los impopulares manejan el paísDurante los seis meses de ausencia presidencial las riendas del poder fueron compartidas por el primer ministro Victor Chernomyrdin y por Anatoly Chubais, el impopular jefe de la administración presidencial, luego de que estos dos lograran sacarse de encima a Alexander Lebed, jefe del consejo de seguridad.Pero el leal Chernomyrdin, quizás enojado por las declaraciones de Yeltsin en las escasas dos semanas de estadía en el Kremlin, cuando le echó la culpa de la situación económica y del atraso en el pago de los salarios, decidió tomarse vacaciones el mismo día en que Yeltsin entraba al hospital, probablemente con la intención de hacerse sentir y de demostrarle a su jefe que no puede estar sin él. Hasta hace poco los medios políticos, incluida la oposición comunista, tomaron con comprensión la enfermedad del Presidente, pero a medida que se agrava la crisis social y que el desgobierno es cada vez más evidente, empiezan a dar señales de que no van a permitir que las cosas sigan como están.Victor Iliujin, presidente de la Comisión de Defensa de la Duma Estatal (Cámara Baja), presentó un proyecto para declarar incapacitado al Presidente por razones de salud, basándose en el artículo 92 de la Constitución, sobre la base de que Yeltsin "no está en condiciones de cumplir sus obligaciones". Iliujin pide, al mismo tiempo, al Consejo de la Federación, convocar nuevas elecciones.
La suerte del proyecto es incierta, pues la Constitución no establece ningún mecanismo para destituir al Presidente en caso de incapacidad y la dirección legal de la Duma ya se pronunció en contra. Pero Igor Stroev, presidente de la Cámara Alta o Consejo de la Federación, declaró que la constitución escrita por Yeltsin debe ser reformada para dar más peso al Parlamento. Incluso políticos del ala liberal, como Grigori Yavlinski, han declarado que "el tiempo de Yeltsin ya pasó".
Lebed, el hombre más popular del país, ya ha iniciado su campaña electoral con viajes a Estados Unidos y a Alemania, donde los pragmáticos germanos no gustan de sorpresas y prefieren conocer las opiniones de un probable gobernante de Rusia. Lebed quiere convencer a los más cercanos aliados de Yeltsin en Occidente de la necesidad de un cambio. Con sus apocalípticas descripciones del caos que se avecina, vende su imagen de hombre fuerte de voz ronca, partidario de la economía de mercado y con posiciones más blandas en temas como el de la ampliación de la OTAN.Hasta los más fervientes yeltsinistas empiezan a cuestionar a su bienamado Presidente. El popular periódico Komsomolskaya Pravda escribió que Yeltsin debería tomar "la decisión más dura de su vida, sin precedentes en nuestra historia, y renunciar, honestamente, pacíficamente y con honor".
Rusia se extiende hacia occidenteDesde el hospital donde se encuentra recluido por la neumonía que lo afecta, Yeltsin propuso a su colega bielorruso Alexander Lukashenko acelerar la integración económica con Rusia y realizar un referéndum hacia la unificación política.La propuesta ha sido interpretada como una estrategia de respuesta a los planes de ampliación de la OTAN que, de incorporar a Polonia, colocarían a las fuerzas armadas norteamericanas en las puertas de Brest, el punto fronterizo entre Bielorrusia y Polonia.Como dijo el representante de Yeltsin, Sergei Shajrai, "esta es la respuesta más efectiva a la ampliación de la OTAN hacia el oriente". El general Alexander Lebed calificó la propuesta como "un truco político". El ex secretario del consejo de seguridad declaró que la iniciativa "en sí misma es sana, pero el momento en el que ha sido hecha demuestra que pretende desviar la atención de la opinión pública de los problemas internos que sufre el Estado".Para Vitali Tretiakov, conocido comentarista del periódico Nezavisimaya Gazeta, la iniciativa de Yeltsin tiene también el objetivo de recuperar el espacio político perdido debido a su enfermedad, de no regalar la carta de la unidad con Bielorrusia a sus opositores y de imponer cierto orden en la vecina república, por cuyas fronteras entran a Rusia toneladas de contrabando diariamente, y cuya inestabilidad política es un peligro para el Kremlin.Si la OTAN se expande hacia el oriente, ¿por qué Rusia no lo va ha hacer hacia el occidente?
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