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| 2/18/2012 12:00:00 AM

Se quedaron sin luz

Después de una agonía de 20 años, el grupo guerrillero Sendero Luminoso queda aparentemente vencido con la captura del camarada Artemio, su último jefe.

"Soy comando, quiero pelear contra Chile", arengó, malherido, Florindo Eleuterio Flores Halas, alias camarada Artemio, mientras era trasladado a Lima en un helicóptero militar. Era el fin delirante de quien se preciaba de ser el único líder fundador de la guerrilla Sendero Luminoso aún en libertad. Su nutrida hoja de vida cuenta con experiencias como haber liderado durante casi 20 años una de las dos facciones restantes de Sendero Luminoso; haber atacado la fuerza pública en las localidades de Puente Chino, Pumahuasi, Santa Cruz, Angashyacu y Tocache; producir 4,8 toneladas de cocaína al año, y mantener una estratégica alianza con el narcotraficante 'Braulio'.

En cierta forma era un final anunciado. La razón es que en diciembre del año pasado emitió un comunicado reconociendo la derrota de su guerrilla y proponiendo una solución negociada al conflicto, lo que fue tajantemente rechazado por el gobierno. Por ello, su fin llegó cuando, después de una exhaustiva labor de inteligencia, el Ejército peruano atacó su campamento en la selva en el Alto Huallaga, una provincia amazónica en el norte del país. Durante cuatro días lo persiguieron hasta que sus graves heridas en los brazos y en la cadera le impidieron seguir huyendo. Ahora tendrá que someterse a un juicio por más de 30 delitos, incluido terrorismo, que se castiga con cadena perpetua, y narcotráfico.

El golpe, el más contundente desde la posesión del presidente Ollanta Humala, envió un mensaje de tranquilidad y una sensación de júbilo al pueblo peruano. Al respecto, el primer mandatario dijo "ha ganado el Perú y podemos señalar que los terroristas en el Alto Huallaga han sido derrotados".

Si bien la derrota de Artemio parece haber sido la estocada final a un grupo al margen de la ley que aterrorizó a la nación y dejó unos 60.000 muertos entre 1980 y 1992, el decaimiento de Sendero Luminoso se ha extendido por 20 años. Tras la caída en 1992 del líder principal, Abimael Guzmán, hoy recluido en una prisión de máxima seguridad con cadena perpetua, esa guerrilla se enfrentó a problemas que jamás pudo solucionar.

No pudo volver a formar una cúpula que guiara el accionar del grupo subversivo. Perdió el apoyo campesino, que alguna vez fue muy fuerte; es más, cuando la violencia se tornó insostenible, los campesinos se armaron y los combatieron ellos mismos. Además, los incentivos del gobierno para la desmovilización hicieron que la guerrilla, que alguna vez contó con más de 6.000 combatientes, se redujera dramáticamente. Ni siquiera la ayuda de las Farc, que según informes periodísticos le ofrecía a Sendero Luminoso entrenamiento logístico y militar, pudo restaurar el poder que antes ostentaban.

Su posición cada vez más débil permitió la captura de los cabecillas más importantes, entre los que se destacan alias Feliciano en 1999, camarada Irma en 2004 y Epifanio Espíritu en 2007. Así, el ímpetu, la influencia y el poder de la organización disminuyeron y Sendero se fue apagando.

Aunque la captura de Artemio extinguió todo foco de luz de Sendero Luminoso, y supone la erradicación del peligro en Alto Huallaga, Perú debe continuar su lucha contra el narcotráfico, fuente principal de financiación de la guerrilla, especialmente en la zona cocalera de Apurímac-Ene. Allí opera el último y más agresivo remanente de Sendero Luminoso bajo el mando de camarada José. A diferencia de la de Artemio, la facción de José, que sobrevive con cerca de 300 combatientes, se opone rotundamente a una salida negociada del conflicto y protegen a sangre y fuego su territorio y su lucrativo negocio. De modo que ponerle la lápida al movimiento peruano podría ser prematuro.
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