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| 8/17/1987 12:00:00 AM

SE SALVO REAGAN

Poindexter afirma que Reagan no sabía nada de la ayuda a los contras, pero pocos le creen.

La esposa del almirante Poindexter estaba vestida de pastora evangélica, con una enorme cruz en el pecho. Semejante folclor contrastaba con la sobriedad poco espectacular de su marido, el ex asesor de Seguridad Nacional de Reagan, de cuyo testimonio dependía la permanencia del Presidente en la Casa Blanca. El coronel North había acaparado la atención nacional al aceptar impenitentemente todos los malabares de la operación Irán-contras. Sin embargo, al afirmar que nunca había hablado con Reagan sino con Poindexter, le pasó a este último la papa caliente de inculpar o exonerar al Presidente en la controvertida desviación de recursos obtenidos en la venta de armas a Irán para financiar las operaciones de los contras en Nicaragua.
Como era previsible, Poindexter no hundió a Reagan. Como buen soldado, asumió la totalidad de la responsabilidad aclarando que no había informado de la operación a su comandante en jefe para protegerlo de cualquier eventualidad. Afirmó no haber violado la Enmienda Boland, que es la que prohibe ayudar a los contras, por considerar que ésta se refiere solamente a las agencias de seguridad del gobierno, y no al Consejo Nacional de Seguridad.
Teniendo en cuenta que Reagan y Poindexter se reunían una hora diaria durante el período del affaire Irán-contras, pocos creían en realidad la versión del almirante de que nunca le hubiera tocado el tema al Presidente. Argumentando fallas en la memoria cuando le era conveniente,la posición de Poindexter fue que conocía tan bien la voluntad y la actitud política de Reagan, que estaba seguro de ajustarse al criterio de éste en las acciones que llevó a cabo. La mecánica no había que contársela puesto que "el Presidente no es un hombre para los detalles".
Esta pequeña farsa, que en el fondo nadie creía, era indispensable para que Reagan no quedara como un mentiroso, lo cual inevitablemente hubiera planteado el tema de su renuncia o aun de su destitución. La segunda caída de un presidente de Estados Unidos en diez años,después de la de Nixon tras Watergate, hubiera sido un acontecimiento de proporciones inconmensurables para el mundo occidental. Además, teniendo en cuenta que la opinión pública norteamericana no considera a Reagan un pillo, sino un patriota fanático al igual que North; la presentación política de una crisis constitucional de esas dimensiones no se justificaba.
Todo el jueguito no estaba exento de contradicciones. Si a Poindexter le parecía totalmente legal todo lo que hacia, como lo manifestó reiteradamente, no es claro porqué tenía que ocultárselo al Presidente. Como tampoco es claro qué tanto se ayuda a un presidente al dejarlo expuesto a acusaciones de ignorancia sobre lo que sucede en su propio gobierno y dentro de la Casa Blanca.
En todo caso, con la declaración de Poindexter, terminó para todos los efectos prácticos el caso Irán-contras. Sin embargo, sus consecuencias se seguirán sintiendo durante mucho tiempo. En primer lugar, el escándalo acabo de un tajo con el prestigio de la presidencia de Reagan. De éste se daba por hecho que iba a ser el primer jefe del Estado desde Eisenhower en llevar a feliz término su segundo período presidencial. Kennedy fue asesinado, Johnson renunció a su segunda nominación por la guerra del Vietnam, Nixon fue prácticamente destituido y Ford y Carter no fueron reelegidos. La popularidad de Reagan hasta hace un año era tal, que los historiadores ya se preparaban para compararlo con Roosevelt como las dos figuras sobresalientes del siglo.
Hoy, como consecuencia del affaire Irán-contras, Reagan no es más que un presidente interino. La revista Newsweek de la semana pasada lo llama abiertamente senil y dice que su capacidad de concentración y de comprensión está reducida al mínimo. Como si esto fuera poco, agrega que su mayor virtud, que era su seguridad en sí mismo se derrumbó en los cinco meses que duró el escándalo.
El final de la película de Reagan como consecuencia del affaire Irán-contras, no va a ser el del jinete que cabalga hacia el atardecer después de haber liquidado a todos los malos del pueblo.

COMO NACIO EL MONSTRUO
Los elementos básicos que conforman el escándalo Irán-contras no tienen nada de nuevo. Otros presidentes han usado y abusado del Conseja Nacional de Seguridad y la CIA; Las raíces del presente orden o desorden de cosas se remontan a los esfuerzos de por lo menos los últimos 7 presidentes de Estados Unidos por desembarazarse de las limitaciones que la Constitución impone a sus funciones. Algunos observadores colocan el despegue de la presidencia a partir del final de la Segunda Guerra Mundial. "Los presidentes de la posguerra", dice Arthur Schlesinger, estudioso del tema "llegaron a ver el poder compartido con el Congreso, en materia de política exterior, como una degradación de la presidencia".
La doctrina Truman de 1947 abriá las compuertas para la intervención norteamericana en cualquier parte del planeta, y desde entonces los presidentes han querido evitar al máxima la injerencia de los otros poderes públicos en el manejo de esa intervención. El primer paso fue la creación, en ese mismo año, de la Agencia Central de Inteligencia, y del Consejo Nacional de Seguridad (bajo la dirección de un asesor), que serían organismos que el Presidente podría manejar directamente al menos en teoría. La idea era tener un aparato logístico tan cercano al primer mandatario, que ni el propio Departamento de Estado tendría injerencia sobre él. Lo que no se hizo fue separar formalmente las funciones del Departamento de Estado y las del Consejo Nacional de Seguridad, algo que quedó al arbitrio y a la mayor o menor influencia de los funcionarios de turno.
Truman mismo alcanzó a prever el monstruo que habia creado. Once años después de haber dejado la presidencia, confesó: "Por algún tiempo me ha preocupado el modo como la CIA se ha desviado de su propósito original. Se ha convertido en un brazo operacional y, en ocasiones, político del gobierno". Y a un corresponsal, escribió: "La CIA fue creada por mi para el único propósito de que consiguiera toda la información disponible para el Presidente. No estaba destinada a operar como una agencia internacional involucrada en actividades extrañas". Lo que nunca supo es que esas actividades se irían haciendo cada vez más extrañas, hasta el punto que llegaría un presidente como Ronald Reagan a afirmar que no tenía conocimiento de ellas.
El crecimiento de la importancia del Consejo Nacional de Seguridad y de la CIA, representó la decadencia del Departamento de Estado como manejador de la política exterior norteamericana.
El colmo de esa situación llegó con Richard Nixon, quien nombró a su antiguo socio Richard Rogers, a sabiendas de su inexperiencia en los aspectos internacionales, con lo que el manejo de esas materias quedó en manos de Henry Kissinger. Asuntos tan importantes como la visita de Nixon a China fueron llevados a cabo no solamente a espaldas de Rogers, sino aun con mentiras y engaños para el propio secretario de Estado. Kissinger comentó después en sus memorias: "Si el Presidente no tiene confianza en su secretario de Estado debería reemplazarlo, no sustituirlo por el asesor de Seguridad. Si no confía en el Departamento de Estado, debía obligarlo a cumplir sus órdenes, no saltárselo con la maquinaria del Consejo Nacional de Seguridad".
Igual cosa pasó con el secretario de Estado de Carter, Cyrus Vance, quien fue suplantado por el asesor, Zbigniew Brzezinski, puesto que el Presidente quería, como los demás, ser su propio ministro de Relaciones Exteriores. Tras mentiras y humillaciones, Vance renunció después del fracaso de la operación de salvamento de los rehenes de la revolución islámica en Irán. Evidentemente, sin embargo, la presidencia imperial que tanto han buscado los mandatarios de los últimos periodos, no ha traído más que dolores de cabeza. En efecto, las implicaciones de gobernar en lo que algunos han llamado "Junta secreta", tienen que ver con las raíces mismas del sistema americano de gobierno. Operaciones, muchas veces encubiertas, que deben realizarse en bien de la seguridad nacional, no pueden tener el concurso de 500 ministros de Relaciones-Exteriores, sentados en el Congreso. Para otros, el problema reside en la decisión nacional de ser o la democracia más grande del mundo o una superpotencia. Para ellos, la razón por la que tantos presidentes han fallado en conseguir el poder imperial que ansían es que en últimas, se han estrellado contra las instituciones básicas del país, respaldadas por "la voluntad popular". Lo contrario sería la reforma radical de esas instituciones, con un cambio profundo en la vida del país. Sin embargo, resolver el dilema a través de una junta supersecreta como el Consejo Nacional de Seguridad, es una solución que se descarta por sí misma. Sin el respaldo de unas instituciones democráticas, el Presidente de Estados Unidos no sería ni el líder de una superpotencia ni mucho menos de una democracia.
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