Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1984/03/05 00:00

"SECUESTRAR A MORO FUE UN GRAN ERROR"

Un líder histórico del extremismo italiano critica ante SEMANA a las Brigadas Rojas

"SECUESTRAR A MORO FUE UN GRAN ERROR"

En este momento se está llevando a cabo en Italia el más importante proceso político de los últimos años. En el banquillo de los acusados se hallan (aunque no físicamente presentes) Toni Negri, Oreste Scalzone, Franco Piperno, etc., es decir,el movimiento Autonomía Obrera y con él casi un decenio de acciones violentas que incluye los más dramáticos episodios: robos, homicidios políticos y miles de protagonistas de diversos sectores sociales, intelectuales y culturales.
Claudia Rodas Chaux habló en París con Scalzone, uno de los líderes históricos del extremismo italiano, quien, desde su posición consciente de parte vencida, responde a SEMANA. Scalzone es además autor de la idea de una "iniciativa popular (prevista por la constitución en favor de la amnistía para todos los presos políticos, propuesta que ha recogido simpatias y abierto polémicas. Por ejemplo, el conocido actor Gianmaría Volonté, se ha hecho portavoz de tal propuesta mientras que Rossana Rosanda, editora del periódico izquierdista 11 Manifiesto, junto con algunos socialistas y Toni Negri, escondido actualmente en algún lugar de Europa, sostienen la amnistía sólo para quienes se "disocien" públicamente de la lucha armada admitiendo sus propias responsabilidades en términos judiciales.
Actualmente Scalzone vive en Francia como refugiado político por ahora no extraditable. Ha decidido enfrentar las imputaciones de insurrección, banda armada, etc, lejos de las celdas donde estaba muriendo reducido a 42 kilos y a una lista interminable de enfermedades. Cuando llegó fugado, hace más de un año, había recien obtenido la libertad provisional gracias a su extremado estado de debilidad y a la campaña internacional que se realizó en favor suyo.
La entrevista tuvo lugar en París, dondo residen otros 300 refugiados italianos. He aquí los principales apartes:

SEMANA: ¿Por qué se produjo en los años 70 la lucha armada en Italia, país en el que rige una democracia parlamentaria a la que participa, además, como segundo partido el Partido Comunista más fuerte del mundo occidental?
ORESTE SCALZONE: Me parece que en los años 70 existió un largo momento mágico en el que las relaciones industriales, la estructura del ingreso familiar, el poder social y las libertades del trabajo en Italia eran las más elevadas del mundo. Existía el poder obrero, no en términos de banderas rojas sino de consumo efectivo, de libertades. El salario no estaba garantizado pero no había la angustia de la desocupación pues una economía subterránea legal e ilegal disminuía la presión de la competencia entre trabajadores.
Podemos partir de aqui para comprender el carácter que tuvo la lucha armada en Italia. Tal vez fue un gran sueño que no nació de la insoportabilidad de las condiciones de vida o del miedo a un golpe de Estado fascista sino de elementos de la teoría de la ofensiva; fue el intento de traducir ese extraordinario poder social en poder político y de volver irreversibles esos niveles de transformación.
La lucha nacio de un complejo cuadro de contradicciones: la modernización acelerada de los años 50-60, que produjo en Italia un enorme éxodo de fuerza de trabajo, creando una especie de "colonia" interna explosiva, un proletariado metropolitano del "queremos todo"; la reunificación en los polos industriales de dos corrientes culturales distintas: la tradición del movimiento obrero industrial, fuertemente organizado y una tradición de rebelión proletaria y campesina, descontínua pero radical en sus formas, de ocupación de tierras, de bandidaje meridional, la co-presencia de una fuerte modernidad y elementos de atraso y debilidad de la estructura del Estado.
Pero la forma de la lucha armada nació de un problema más específico: el sistema de los partidos. El Parlamento ha sido progresivamente desvirtuado por lo cual Italia es en realidad una "democracia partidocrática" dentro de una forma parlamentaria clásica. El sistema político italiano es el de una exasperante "cámara de compensación" entre grupos, logias, etc., sin ninguna rapidez decisional ni sensibilidad hacia los movimientos sociales.
Además, es un "sistema bloqueado" en el sentido de la habilidad de los comunistas para participar o administrar el gobierno. De un lado existe una mayoría aplastante del PCI en la oposición y representación de la clase obrera y del otro, los comunistas no pueden alternarse sin traumas dramáticos, guerra civil o zozobras.
Italia es víctima del post-Yalta: así como Polonia está condenada a quedar en la esfera soviética, Italia está condenada a quedar en la esfera occidental. El PCI es una especie de "quisiera pero no puedo", de socialdemocracia que ni siquiera puede ser socialdemocrática porque el sistema mundial no se lo permite. En este sentido el Compromiso Histórico de Belinguer (una salida hacia la derecha después de una reflexión sobre Chile) ha significado la apoteosis de una situación que era ya latente en Italia, por lo menos desde julio de 1960.
S.: ¿Cómo se explica entonces que en una sociedad socialdemócrata tan diversa como la alemana, se produjera un fenómeno similar y contemporáneo al italiano?
O.S.: En Alemania el fenómeno nunca adquirió el arraigo social que tuvo en Italia, tanto es así que quedó como un fenómeno de pocos sobre los cuales han podido poner una lápida. Hay un grupo que nace antes y que inclusive sirve de modelo a las Brigadas Rojas. Pero existe una especificidad alemana: por ejemplo, la reacción a esa especie de culpabilidad extremada de toda una generación nacida después de la guerra y criada como si hubiese sido la culpable de los campos de exterminio, del nazismo. La hipersensibilidad a este tipo de temas llevó a una teorización, a una búsqueda de identidad.
El extremismo nace como una actitud de una minoría intelectual que se sentía estrecha en una sociedad cuya clase obrera y cuyos emigrados estaban bien lejos de poderse expresar en términos de lucha madura.
S.: Volviendo a Italia: entre los múltiples grupos, partidos, corrientes, etc., que participaron en la subversión, los llamados "autónomos" o de la "autonomía obrera" caracterizaron la franja más consistente del extremismo de los años 70 (entre ellos, usted, Toni Negri, Piperno y otros lideres involucrados en el proceso "7 de abril "; sin embargo, las definiciones de los distintos observadores son muchas y controvertidas. ¿Cuál es la suya?
O.S.: Debemos hablar de un conjunto de teorías, culturas, comportamientos que se manifestaron como una tendencia dentro de los movimientos de la transformación social, como una relación con el trabajo, el mercado del trabajo, el sistema de las relaciones industriales, el Estado, los partidos, etc. Debemos hablar de una nebulosa, un archipiélago, una constelación de formas organizativas, de culturas muy variadas. Ciertamente no se trataba de organizaciones armadas combatientes, aún si el uso de formas de violencia podía existir en el marco más amplio de la lucha política. En los movimientos autónomos de los años 70 dominó una cultura al borde de la tradición post-comunista, post-marxista, cuyas caracteristicas más auténticas superaban la temática de la toma del poder, la dictadura del proletariado, la edificación del socialismo, etc. He aquí una primera distinción con toda la corriente del marxismo-leninismo y del corpus pobre y doctrinario de las Brigadas Rojas (a juzgar por la lectura de sus documentos políticos), aunque personalmente creo que la mezcla cultural de las BR era más compleja, así como en Alemania, se encuentran elementos de maoismo, leninismo, fanonismo, sociología americana modernista, una mezcla nada simple o banal.

S.: El secuestro y la muerte -en 1978- del líder demócrata-cristiano Aldo Moro, significaron cronológicamente el inicio de la derrota de la lucha armada y la apertura de una fase de leyes de emergencia, represión, cárcel y fuga de miles de personas. ¿Qué juicio dá ahora y qué juicio dio entonces sobre este episodio?
O.S.: Yo creo que el secuestro de Moro fue un gran error, pero ahora es fácil decirlo; un error comprensible y no una bestialidad. Moro representaba el punto más alto del sistema de equilibrio de los partidos, el mayor garante del Compromiso Histórico. Por parte del grupo dirigente de las Brigadas Rojas pesó demasiado una lógica de partido, es decir, de batalla por la hegemonía del movimiento. Creo que la lucha contra el Compromiso Histórico debió haber sido distinta, social, en contra del sistema de los partidos, aun más, interrumpir el proceso de integración del Partido Comunista hasta el umbral del gobierno prolonga un equívoco. Sin embargo era un error que se podía recuperar luchando por impedir que se concluyera con la ejecución.
Los distintos componentes de la Autonomía Obrera dieron entonces juicios muy diversos: el sector de Toni Negri tuvo una actitud de crítica frontal y tomó distancia en forma radical e inmediata. La componente cultural y política a la que yo pertenecía intentó salvar la vida de Moro por un motivo cultural profundo: que nos digan "foucaultianos" o anarquistas, somos contrarios a los tribunales del pueblo, a la ejecución de un prisionero, a la farsa macabra del proceso. Preveníamos que esto habría hecho precipitar de modo insostenible la situación en un momento de reorganización del movimiento de la subversión social en Italia.
En fin, estábamos en contra por un motivo por el cual muchos nos llamaron "perversos" o "más refinados": la fractura entre Moro y el Partido de la Firmeza (de la Democracia Cristiana hasta el Partido Comunista, incluyendo todos los partidos institucionales desde la ultraderecha, a excepción de los socialistas y otros partidos menores de la izquierda) se había ahondado tanto que hubiera sido un buen espectáculo ver qué sucedía con un Moro puesto nuevamente en circulación.
A las Brigadas Rojas les faltó fantasía, curiosidad y gusto por el espectáculo. La responsabilidad de la muerte de Moro está en el grupo dirigente de las Brigadas Rojas y en el sistema de los partidos que mantuvieron concientemente (pues todos saben hacer política) una total rigidez que habría llevado necesariamente a ese tipo de resultado.
S.: Después de cuatro años y medio vividos en la cárcel, el hospital, la fuga y el refugio político, usted ha madurado una serie de reflexiones y críticas radicales...
O.S.: Sí. No existe ningún teórico sensato que pueda hablar de inminencia de un proceso revolucionario (entendido como ruptura dentro de una dimensión estatal) concentrado en el tiempo y en cualquier Estado de la metrópolis capitalista. El segundo dato que me parece aun más agudo es que hoy todas las plazas rojas o celestes son un faro apagado ante los ojos de cualquier proletario que se halle más allá del problema del hambre... No existe un deseo de seguir los distintos modelos propuestos por el socialismo realizado, en el sentido de que lo que queda de esa experiencia revolucionaria es tal vez el pleno empleo y la seguridad social, ampliamente aseguradas por las socialdemocracias del norte de Europa.
Me parece que los otros modelos han saltado: por primera vez hay una crisis efectiva de la vía socialdemócrata y quienes han intentado una tercera vía entre aquellas de los movimientos comunistas (condenados a producir resultados diversos de la finalidad que los había animado) y la vía socialista se han revelado efímeros, desde Allende hasta Mitterrand. Una modesta conclusión podría ser que ninguna "vía estatal" ha funcionado en el sentido de obrar un proceso de transformación hacia la liberación humana.
Entonces mientras se pasa a una eventual y augurable reanudación de la fuerza teórica y proyectual, la única posibilidad es proceder identificando pequeños problemas o conjuntos de problemas. En la historia de los movimientos de los últimos años, han ganado quienes han llevado una política de cosas concretas y parciales, desde el feminismo, al pacifismo, a los antinucleares. Entonces, ¿por qué no un movimiento general contra la cárcel? Nuestro problema inmediato es el de la liberación de todos los compañeros y hermanos. Partiendo de aquí podemos extendernos, mediar, por ejemplo, con quienes teorizan la modernización del Estado (los socialistas "craxianos" o inclusive discutir si son nuestros principales enemigos.

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