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| 10/21/1996 12:00:00 AM

SED DE ORO

Las organizaciones judías presionan al gobierno suizo para que devuelva el oro robado por los nazis y depositado en su sistema bancario.

La semana pasada pareció comenzar el fin de un misterio considerado como el último capítulo de la Segunda Guerra Mundial. Un capítulo en el cual el personaje central es el oro que los nazis robaron no sólo de las reservas de los países que ocuparon, sino de residencias particulares y hasta de implantes en las bocas de las víctimas del holocausto. El tema revivió cuando el ministerio británico de Relaciones Exteriores dio a conocer un informe según el cual la banca suiza se habría quedado con la mayor parte de la enorme fortuna amasada en los saqueos de la Wehrmacht. El oro habría llegado a sus arcas cuando el destino de la guerra se volteó en contra de Alemania y los botines dejaron de ser depositados en el banco estatal de este país para buscar refugio en el sigiloso sistema suizo. Según el informe, al término de la guerra, cuando los países victoriosos buscaron el oro alemán, a un funcionario suizo se le escapó que la suma que totalizaba en los bancos suizos ascendía a 500 millones de dólares, es decir 6.000 millones en dinero de hoy. Pero los suizos argumentaron razones legales y los aliados tuvieron que contentarse con un acuerdo de 1946, mediante el cual recibieron 250 millones de francos suizos, cerca de 60 millones de dólares en moneda actual, con lo cual Suiza se liberaba de toda obligación legal. Según el informe británico, Suiza se habría quedado con el 90 por ciento restante del oro robado. El descubrimiento podría ser una vergüenza para Estados Unidos y algunos países aliados porque indicaría que aceptaron recibir parte del oro como 'indemnización de guerra' sin tener en cuenta el origen de esas riquezas y sus verdaderos dueños. Sin embargo el foco del problema se centra en los suizos y en las verdaderas intenciones de los banqueros involucrados. La banca helvética siempre ha gozado de una reputación intachable por su confidencialidad. Pero en los últimos años ese sigilo les ha valido varios escándalos porque, como muchos dicen, Suiza se ha convertido en un "puerto de piratas" donde acuden dictadores y mafiosos para aprovechar esa inmunidad. En el caso del botín de los nazis, sin embargo, el sigilo bancario pudo llevar a los propios banqueros suizos a caer en tentaciones peligrosas. Si bien al finalizar la guerra un comité internacional estableció que este tipo de fondos debería ser reembolsado a los sobrevivientes del holocausto y a sus familias, los suizos rehusaron hacer lo propio con el dinero nazi que llegó a sus bancos, escudándose en las leyes de confidencialidad. Flavio Cotti, ministro suizo de Relaciones Exteriores, anunció la semana pasada un plan para que se conozca toda la verdad, en el que se incluye una legislación temporal para levantar las leyes de sigilo en sus bancos de modo que un panel de investigadores pueda llevar a cabo sus pesquisas. Naphtalie Lavie, de la Organización Mundial para la Restitución Judía, dijo por su parte que su grupo buscará por todos los medios que el oro regrese a sus verdaderos dueños o a sus herederos. Pese a estas buenas intenciones la investigación va a encontrar muchos obstáculos. Por un lado será difícil saber qué parte de ese tesoro era de los judíos. También será un problema que todas esas transacciones fueron hechas hace 50 años y todos los involucrados ya están muertos. Más aún, los bancos suizos sólo llevan los récords de las cuentas por 10 años después de que estas son cerradas o se inactivan. Sin embargo algunos expertos opinan que algo útil de todo este escándalo será un examen de conciencia de la banca suiza, cuya estabilidad y confidencialidad, luego de ser una virtud durante tantos años, se ha convertido en fuente de dolores de cabeza.
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