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| 7/7/2012 12:00:00 AM

¿Seguirá siendo el rey?

Enrique Peña Nieto ganó las elecciones, pero no convence y, sin siquiera haberse posesionado, muchos ya lo quieren sacar.

A falta de una segunda vuelta en las elecciones presidenciales mexicanas, los votos se contaron dos veces: una oficial y otra suscitada por las denuncias de que hubo fraude electoral. En ambas ocasiones, el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Peña Nieto, fue el vencedor. Sin embargo, la sombra del fraude electoral, de la compra de votos, de la violación de los topes de campaña y de la manipulación mediática ya desencantan a la población de México y anuncian tiempos difíciles para Peña Nieto.

En la campaña, Peña Nieto prometió una y otra vez que su partido había cambiado, que ya no era aquel dinosaurio que gobernó 70 años a punta de corrupción y abusos. Pero poco después de conocidos los primeros resultados oficiales, la oposición, encabezada por el perdedor Andrés Manuel López Obrador, anunció que no aceptaría el resultado, que exigía un recuento porque tenía pruebas de irregularidades en las mesas de votación y que podría impugnar la elección. Inmediatamente se calificó a Amlo de mal perdedor, pues la escena fue casi idéntica a la de las elecciones de 2006 cuando perdió contra el actual mandatario Felipe Calderón, con el agravante de que esta vez él y los demás candidatos habían prometido respetar el resultado. Pero más allá de eso, las acusaciones no son descabelladas ni tampoco exclusivamente suyas.

El lunes después de las elecciones los supermercados Soriana vieron filas eternas de clientes que prácticamente desocuparon el almacén, pues tenían tarjetas precargadas que, supuestamente, les fueron entregadas por el PRI a cambio de sus votos. Esta maniobra habría hecho que la campaña violara con creces los topes electorales. En YouTube circuló un video de testimonios que ratifican esa insinuación e incluso se ven personas molestas porque, tras haber votado por Peña Nieto, la tarjeta no sirvió o no tenía la cantidad prometida. Por supuesto, el priísta negó categóricamente la compra de votos y el exceso de presupuesto de campaña. En entrevista con BBC Mundo, cuestionó la autenticidad de las pruebas en su contra: "¿Quién te dice que esos videos no son armados por los propios adversarios?".

Adicionalmente, muchos mexicanos están furiosos con las encuestas que, aparte de ser un termómetro electoral, también definen tendencias. La mayoría de sondeos siempre le dieron una amplia ventaja al presidente electo, cuando, en realidad, la contienda estuvo mucho más cerrada con solo siete puntos de diferencia.

Ese fue uno de los pilares que le dio fuerza al movimiento estudiantil Yo soy 132, que, entre otras cosas, abogaba por transparencia en el cubrimiento electoral. Pero la queja no es solo de los estudiantes que se oponen a Peña Nieto, quienes se niegan a aceptar su mandato y simpatizan más con Amlo. Uno de los estrategas de la candidata Josefina Vásquez Mota declaró: "Durante meses nos estuvieron engañando diciendo que iba a ganar el PRI. Estos encuestadores fallaron por 15 puntos". Eso, acompañado de un informe del diario británico The Guardian que denunció la existencia de contratos entre Televisa, la principal cadena televisiva de México, y la campaña de Peña Nieto, solo aumentó la sospecha de que el candidato del PRI tenía acuerdos indebidos con los grandes medios para favorecer su candidatura.

Y como si todo lo anterior no le causara ya dolores de cabeza, Peña Nieto también tiene que pensar en cómo va a gobernar, pues obtuvo apenas 38 por ciento de los votos y no tiene mayorías en el Congreso. Hay sectores que llaman a una coalición que permita fluidez en el gobierno, pero nada garantiza que eso se dé y que quien será presidente a partir de diciembre pueda decir que tiene la sartén por el mango.

Si bien parece casi imposible que el PRI no sea el ganador, el Instituto Federal Electoral tiene hasta septiembre para anunciar un veredicto final. Mientras llega ese anuncio, el camino de Peña Nieto hacia Los Pinos -la residencia presidencial-, con manifestaciones populares en su contra, una ola de violencia que no cede y el rechazo al fantasma del PRI, seguirá siendo tortuoso.
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