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| 12/7/2013 4:00:00 AM

La nueva Michelle Bachelet

Los chilenos se preguntan hasta dónde llegará el esperado giro a la izquierda de su presidenta repitente, que tiene el triunfo asegurado en las elecciones del 15 de diciembre.

Con la segura victoria de su coalición Nueva Mayoría en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales chilenas este 15 de diciembre, las incógnitas son la magnitud de la victoria de Michelle Bachelet y el curso que le dará a su nuevo gobierno. Los especialistas, sin embargo, se atreven a predecir que dará un viraje más a la izquierda que en su primer mandato presidencial, iniciado en 2006 y terminado en 2010.

En un país sacudido por las mayores protestas estudiantiles desde el final de la dictadura de Augusto Pinochet en 1990, junto con un renacimiento del activismo sindical, con postergadas reivindicaciones sociales y políticas, la pregunta es qué tan lejos estará dispuesta a ir Bachelet en su camino de responder a las necesidades insatisfechas de sus votantes.

“La gente quiere cambios, mejor salud, educación gratis y de calidad, quieren también protección social, no más abusos, no más letra chica y lo que dice la gente es que no quiere más un gobierno de derecha”, dijo Bachelet. “En nuestro programa se encuentran anunciadas aquellas reformas que Chile necesita para terminar con los abusos, y empezar a construir ese país más moderno y más inclusivo”, resaltó.

El único país suramericano miembro de la Ocde, el selecto club de países desarrollados, tiene los ánimos revueltos. Sebastián Piñera abandona la Presidencia con un nivel de aprobación muy bajo, y el país anda como “enervado”, al decir del analista Héctor Soto, del diario La Tercera, quien se lamenta de que Chile “se ha vuelto la República de la Estridencia”, y que logros históricos, como la sostenida tasa de crecimiento, “no inspiran ni reconocimiento ni gratitud”.

El problema es que, si bien Chile está ad portas de ser considerado un país desarrollado, categoría a la que se ingresa cuando el Producto Bruto per cápita es superior a los 20.000 dólares, solo el 9 por ciento de la población se acerca a los 18.000 dólares de ingreso, al tiempo que la desigualdad se duplicó en 20 años: el 1 por ciento recibe un tercio del Producto Interno Bruto.

Según un estudio de la Universidad de Chile, del grupo de países desarrollados, el andino es, “de lejos el país donde los tres grupos de altísimos ingresos absorben las proporciones más altas del ingreso total”, superando a Estados Unidos, que aparece en segundo lugar. De acuerdo con el estudio, el ingreso per cápita mensual de los 1.200 individuos más ricos es “estratosférico”: casi 900.000 dólares por mes, “más de 1.200 veces el ingreso del 99 por ciento más pobre de la población”.

¿Hacia la izquierda?

Para Francisca Skoknic, del Centro de Investigación Periodística (Ciper), “el programa de Bachelet es el más progresista presentado por su bloque desde 1989”: una amplia reforma de los sistema educacional, de salud y tributario, reforma constitucional, matrimonio igualitario y despenalización del aborto, entre otros.

La diferencia entre la Bachelet de 2006 y la de 2013 está, en primer lugar, en la alianza que la lleva al poder: por primera vez desde la época de Salvador Allende, el Partido Comunista hace parte de la alianza gobernante. La Concertación, que gobernó Chile desde el regreso a la democracia en 1990 hasta el final del primer gobierno de Bachelet en 2010, fue un acuerdo electoral entre la Democracia Cristiana y el Partido Socialista. Ahora, el PC ingresó seis de sus nueve aspirantes a diputados y duplicó su representación parlamentaria, con cuatro de ellos bordeando o superando el 40 por ciento y llevando al Congreso a las figuras emblemáticas de las protestas estudiantiles, como Camila Vallejo.

Para Skoknic, “este va a ser un gobierno más a la izquierda que el anterior, no solo por la alianza con el Partido Comunista, sino porque es una exigencia de los movimientos sociales y de los estudiantes, porque es ineludible hacer cambios de fondo en el sistema y el modelo”. Sin embargo, opina que el programa no es tan radical, y que por eso, “la alarma en el empresariado no es tan fuerte”.

“Existe conciencia de que la sociedad chilena está pidiendo cambios que no se pueden seguir dilatando, como la reforma educacional, ya que el sistema educativo de la dictadura fue el más neoliberal del mundo. Bachelet propone un sistema que fortalece la educación pública y gratuita, por lo tanto es una reforma muy cara y para eso plantea una reforma tributaria”.

Por su parte Kirsten Sehnbruck, economista de la Universidad de Chile y directora del Center for the New Development Thinking, dijo a Semana que “el gobierno saliente de Sebastián Piñera ha hecho políticas que básicamente continuaron las de la Concertación durante 30 años, porque para poder gobernar, la derecha se movió a la izquierda”. Para la analista, “todo el espectro político se corrió a la izquierda a partir de las movilizaciones estudiantiles de 2006, porque a pesar de su éxito económico Chile ha dejado cosas muy importantes que resolver. No puede ser un país desarrollado con el nivel de pobreza que tiene, donde todo brilla por arriba pero si rascas un poquito, verás que por abajo todo está muy mal”.

Una democracia creada por un dictador

Chile continúa viviendo bajo la Constitución de Pinochet, con un sistema electoral binominal favorable a la derecha. “Se trata de convertir a Chile en una democracia moderna, y no una democracia que fue creada por un dictador”, dice Sehnbruck.

El problema es que, tal como fue diseñada la Constitución, es muy difícil de reformar y Bachelet ha evitado pronunciarse sobre cómo hacerlo y empieza a crecer la idea de convocar una asamblea constituyente. Siguiendo el ejemplo de la séptima papeleta en Colombia en 1991, se ha ido generando un amplio movimiento llamado Marcá tu Voto, que convoca a escribir en el voto del 15 de diciembre, las letras AC, para exigir una asamblea constituyente. La última encuesta del Centro de Estudios confirmó que 45 por ciento de los consultados está de acuerdo con reformar la Constitución a través de un mecanismo participativo.

El dilema parece de hierro para la nueva Bachelet: realizar las reformas impostergables que se vienen aplazando desde 1990 con el argumento de no dañar el crecimiento económico. Sin resolver el drama de la de-sigualdad, de la educación, de la salud, y sin crear un modelo político verdaderamente democrático, difícilmente Chile puede llegar a ser un país desarrollado.

LAS PRINCIPALES REFORMAS DE BACHELET

Educación sin lucro
  • En los primeros 100 días de mandato presentará un proyecto de ley que incluye terminar con el lucro en todo el sistema educativo, desmunicipalizar el sistema, llegar en seis años a la gratuidad universal de la educación superior, aumentar las guarderías y crear nuevas universidades, lo cual se financiará con un gasto permanente de entre 1,5 y 2 puntos del PIB. 
Jubilaciones
  • Creará una Administración de Fondos de Pensión estatal. 
Reforma tributaria
  • La reforma tributaria incluye alzas de impuestos equivalentes a un 3 por ciento del PIB para financiar la reforma educacional y programas sociales, aunque, según el Deutsche Bank, la carga tributaria del sector privado continuará siendo una de las más bajas de la Ocde.
Trabajo
  • Unidad de empresa cuando tengan un mismo controlador, negociación colectiva con ‘titularidad sindical’, lo que significa que los trabajadores recibirán los beneficios solo si están sindicalizados, respeto a los convenios de la OIT.
Constitución
  • La Constitución se aprobará con un proceso democrático, institucional y participativo, pero no se menciona la posibilidad de asamblea constituyente. La potestad constituyente pasará al Congreso Nacional, las diferencias entre el Congreso y el presidente serán despejadas por un plebiscito y la reforma deberá ser aprobada mediante un referéndum.
  • Se impulsará la sustitución del sistema electoral binominal por uno de representación proporcional, se consagrará el ‘principio de mayoría’, siendo la mayoría absoluta el máximo quórum de aprobación y modificación de leyes, se suprimirán las competencias de control preventivo de constitucionalidad de normas del Tribunal Constitucional.
  • Reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas.
Mujer y minorías
  • Se creará el Ministerio de la Mujer, se establecerán derechos sexuales y reproductivos para la mujer, que incluye despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo en caso de peligro de la vida de la madre, violación o inviabilidad del feto, se reconocerá el derecho a la identidad y la orientación sexual y se convocará a un debate abierto para elaborar un proyecto de ley sobre matrimonio igualitario.
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