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| 11/7/1988 12:00:00 AM

SEGUNDO ROUND

En el debate de los candidatos a la vicepresidencia gringa, Bentsen le anotó puntos a Dukakis.

Al menos si llega a perder las elecciones, George Bush sabrá a quién echarle la culpa: a sí mismo. Al fin y al cabo, el candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos fue el único que participó en la escogencia de su compañero de fórmula, el joven senador por el Estado de Indiana, Dan Quayle. Porque tal como están las cosas, la designación de este abogado de 41 años se está convirtiendo en el problema más agudo del campo de Bush.
Esa opinión volvió a quedar demostrada el pasado miércoles en la noche en Omaha (Estado de Nebraska), cuando Quayle se enfrentó a su rival por la vicepresidencia del país, el senador demócrata Lloyd Bentsen, en el único debate planeado para los dos hombres. A lo largo de 90 minutos, ambos se enfrentaron a las preguntas de tres periodistas, ante los ojos de decenas de millones de televidentes.

El resultado fue francamente malo para los republicanos. Una encuesta de la cadena de televisión ABC mostró que un 51% de los entrevistados prefirió a Bentsen y sólo un 27% a Quayle. Lejos de convencer a los votantes de que está listo para asumir la presidencia en caso de muerte o incapacidad del titular, el senador por Indiana demostró que no posee las condiciones adecuadas. En cambio, Bentsen salió indemne de la prueba.
Tal como anotara un reportero del diario The Washington Post, "mientras Bensten apareció como el confiable señor de la droguería de la esquina, con su pelo blanco y su experiencia tan profunda como su voz de barítono, Quayle apareció como el presidente de su clase de colegio".

Sin duda alguna, el momento más intenso del encuentro se dio al cabo de una hora de abierto el cuestionario. Presionado por tercera vez sobre lo que haria en caso de que tuviera que asumir las funciones presidenciales, Quayle sostuvo que aparte de rezar y reunir al gabinete, demostraría que estaba preparado para la nueva responsabilidad. "Tengo tanta experiencia en el Congreso como Jack (John Fitzgerald) Kennedy cuando el buscó la presidencia", agregó el senador por Indiana, haciendo referencia el senador por Massachusetts que en 1961 llegó a la Casa Blanca.

La respuesta de Quayle no fue desaprovechada por Bensten. "Senador respondió el tejano-yo servi con Jack Kennedy. Yo conocí a Jack Kennedy. Jack Kennedy fue amigo mio. Senador, usted no es Jack Kennedy".
Cuando después de un momento de duda Quayle se quejó de que no había necesidad de decir eso, Bentsen dio la estocada final. "Usted --le dijo a Quayle-fue quien hizo la comparación, senador. Yo soy el que lo conoció bien".

Ese intercambio, acabó siendo lo más llamativo del debate, y contribuyó a aumentar la desconfianza de los votantes hacia Quayle. Mientras sólo un 48% de los interrogados por la ABC lo consideraron preparado para llegar a la presidencia, un 87% se manifestó en favor de Bentsen.

Semejante noticia fue espléndidamente recibida en el campo demócrata. A menos de un mes de las elecciones del 8 de noviembre, Michael Dukakis todavia sigue por debajo en las encuestas y necesita golpes como el del miércoles en la noche para cambiar la marea. Dos sondeos hechos antes del debate Quayle-Bentsen revelaron que el actual vicepresidente mantiene una ventaja de entre tres y siete puntos porcentuales sobre el gobernador de Massachusetts.

Pero eso no eso no es todo. Las encuestas indican también que Bush ha sido golpeado por el affaire Quayle, de una manera más fuerte de lo que se pensaba. Aunque tradicionalmente en la política norteamericana el nombre del número dos del tiquete no influye en la escogencia final de los electores, los especialistas sostienen que todo eso cambia cuando la competencia es estrecha, como en este caso.

Con base en ese juicio, los demócratas comenzaron la semana pasada a emitir comerciales de televisión sobre el caso Quayle. Más que al propio senador por Indiana, los mensajes atacan la capacidad de juicio de Bush.
Y esos no son los únicos. Aparte de los comerciales sobre Quayle, los demócratas empezaron a pasar otros anuncios en los cuales Bush es descrito como un "candidato empacado", fruto de una estrategia publicitaria, sin ninguna sustancia en el fondo.
Conscientes de que el candidato republicano ha sido muy exitoso al elevar la "percepción negativa" que se tiene del Duke, ahora sus partidarios quieren responder de la misma manera.

Si todo eso tiene influencia sobre los votantes, es cosa que se verá en unos cuantos días. Los cambios recientes en las encuestas indican que aunque Bush deberia ganar las elecciones (la economía sigue sólida y el desempleo está en su punto más bajo de la década), una buena parte del electorado continúa indeciso todavía.

Ante ese hecho, Dukakis confia en sacar las garras esta semana, con ocasión del segundo debate que tendrá lugar en Los Angeles. Enfrentado a un adversario que aún tiene la camiseta de favorito, el candidato demócrata deberá acorralarlo si quiere que la ayudita que le dio su compañero Bentsen se vuelva lo suficientemente grande, como para convencer a tanto escéptico de que él-y no Bush-debe ser el próximo presidente de los Estados Unidos. --
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