Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2003/11/17 00:00

Señal de evacuación

Washington está buscando estrategias para salirse lo más pronto posible del atolladero de Irak y acelerar la entrega del poder a los iraquíes.

Irak se hunde en el caos. Los combates no sólo continúan sino que la situación está peor que nunca. En la tragedia de la semana pasada, un camión y un sedán con explosivos chocaron contra un comando de policías italianos en Nasiriya con un saldo de 26 muertos. Según las fuerzas de ocupación se trató de una operación coordinada por unas 10 personas. En las últimas semanas también han caído dos helicópteros Black Hawk y sólo en este más de 40 soldados han muerto en enfrentamientos.

Para completar, por la misma fecha en que se produjo el atentado salió a la luz el informe más negativo que se ha producido sobre Irak. En el documento la CIA advierte que la violencia empeorará, lo que ha hecho que comience a ser real lo que hasta ahora era sólo una especulación: que la situación sea tan grave que Estados Unidos termine abandonando el barco antes de que éste se hunda y deje sin atender la deuda histórica con Irak de reconstruir el país.

Y es que el deterioro de la situación no para. Las misiones de la Cruz Roja y la ONU, que salieron del país por el recrudecimiento de la violencia, no han podido regresar. Japón, que había anunciado el envío de tropas, anunció la suspensión de sus planes. The Independent reveló que incluso los altos mandos del gobierno británico están presionando a Washington para que entregue el poder a los iraquíes en menos de un año. A estas presiones se suma el hecho de que George W.Bush inicia su campaña electoral y sería preferible, en términos de imagen, dejar el gobierno de Irak en manos locales y amistosas que seguir sacando a los soldados estadounidenses en ataúdes.

Así, el diario The New York Times explicó que el apresurado viaje el martes pasado a la Casa Blanca de Paul Bremer, administrador de Irak, se debió a que lo llamaron para una urgente ronda de discusiones sobre formas de acelerar la transferencia de poder a los iraquíes. Una de las opciones, promovida por Francia y Alemania, que antes se descartaba pero que ahora se está considerando, es la selección de un líder interino iraquí aceptado por la ONU (como se hizo en Afganistán) y la redacción de una Constitución temporal. Según filtraciones que llegaron a The Washington Post, la Casa Blanca se siente frustrada por el desempeño del actual Consejo Interino, enfrascado en pugnas tribales, y desea que se disuelva para llegar más rápido a las elecciones.

Por su parte, el Pentágono también desarrolla un plan para ir reduciendo el número de soldados en Irak. El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, informó el 6 de noviembre que reducirá los 132.000 efectivos actuales a 105.000 para mediados de 2004. La idea se complementa con un programa acelerado de entrenamiento a tropas locales para que se hagan cargo de la seguridad.

No obstante, la apresurada reunión de Bremer con sus jefes fue el indicio más claro de que el gobierno Bush está enredado. Los norteamericanos no se deciden a llamar a filas a los antiguos integrantes del ejército de Saddam Hussein y el entrenamiento de nuevos soldados es costoso y tomaría demasiado tiempo. Para completar, acelerar las elecciones en una situación de posconflicto puede incrementar la violencia. Y, por último, Estados Unidos no puede abandonar la labor humanitaria de reconstrucción cuando vendió la guerra como una liberación para el golpeado pueblo iraquí. Bush se enfrenta a una disyuntiva delicada: puede intentar salir del pozo y arriesgarse a que explote la situación que creó la invasión, o puede continuar dando la guerra contra la resistencia iraquí por un tiempo indefinido. Ninguna de estas salidas le abonará puntos para las elecciones.

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