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| 1/21/2012 12:00:00 AM

¿Ser o no ser? Esa es la cuestión

Después de más de tres siglos bajo la Corona inglesa, la independencia de Escocia podría convertirse en una opción real. Un plebiscito al respecto sería la clave.

La única referencia que muchos tienen sobre la tormentosa relación entre ingleses y escoceses es la historia de William Wallace, narrada en el film épico Corazón valiente. Ahora que se acercan los 700 años de esa batalla, que recuerdan como el momento cumbre de su nacionalidad, los escoceses vuelven a soñar con independizarse. Ese resultado, de indudable trascendencia histórica, coronaría los esfuerzos del Partido Nacional Escocés (SNP, por su sigla en inglés).

Desde que nació, en 1934, el SNP se encargó de desempolvar las viejas banderas independentistas. Aunque durante décadas el porcentaje de quienes quieren que el país se separe por completo del Reino Unido se mantiene en un tímido 30 por ciento, el asunto ha adquirido en los últimos tiempos un grado de compromiso mucho mayor. Sobre todo ahora que se anunció la fecha en la cual se realizaría un referendo que servirá como primer paso. "Esta es, potencialmente, la decisión más importante que hemos tomado como nación en 300 años", dijo al respecto su líder, Alex Salmond, quien desempeña el cargo de ministro principal de Escocia. Sin embargo, el camino no es fácil y está lleno de controversias y tropiezos para ambas partes.

Por un lado, el gobierno de Edimburgo quiere que se celebre, en otoño de 2014, un referendo que incluya tres posibilidades: mantener las condiciones actuales, independencia total, o mayor poder y autonomía. Ese año tiene un valor simbólico, pues se conmemorarán los 700 años de la mencionada batalla de Bannockburn, cuando los escoceses vencieron a un formidable ejército inglés que los doblaba en hombres y caballos. El fervor patriótico, exacerbado por las celebraciones, influiría en el resultado, a lo que se suma que el SNP tendría dos años y medio para hacer campaña a favor de la independencia.

Entre tanto, desde Londres, el gobierno del primer ministro David Cameron sostiene que el parlamento escocés no tiene el poder legal para convocar ese referendo, pues la unidad es un tema que concierne a todo el reino y se debe debatir y solucionar en el británico. A cambio, propone que se decida con una única pregunta de sí o no a la independencia, y que la votación se realice en un plazo máximo de 18 meses.

La jugada de Cameron se basa en que, al menos por ahora, las encuestas indican que la opción más fuerte de las tres planteadas por los escoceses es la de mayor autonomía, pues dos tercios de los votantes se inclinarían por ella. Por ello, si se votara ya, lo más probable sería que Escocia siguiera en el Reino Unido y el tema quedara sepultado por décadas. Más allá del desastre histórico que significaría la división del Reino Unido, Escocia tiene un valor estratégico enorme, pues no solo concentra la quinta parte de la energía eólica de la Unión Europea, sino que podría quedarse con cerca del 80 por ciento de las ganancias del petróleo y el gas británico.

Semejantes recursos le permiten al SNP soñar con un modelo de Estado benefactor como el escandinavo, con un presupuesto balanceado y un déficit manejable, aun asumiendo parte de la deuda del Reino Unido. Según John Swinney, secretario financiero escocés, Escocia tendría el sexto PIB per cápita mundial, diez puestos por encima del Reino Unido.

George Osborne, el canciller de Cameron, sostiene por el contrario que la separación no es viable y se pregunta si Edimburgo hubiera podido invertir 70.000 millones de libras, como hizo el Reino Unido, para salvar los bancos escoceses durante la crisis financiera de 2009. Otras voces también apelan a lazos centenarios y afinidad cultural. Y se preguntan por la pertenencia de una Escocia independiente a la Unión Europea, si esta se acogería al euro o si seguiría con la libra y cómo sería su relación con Inglaterra. Tampoco sería sencillo para Londres encontrar un reemplazo para la base naval Clyde que alberga gran parte de la flota de submarinos nucleares de la Marina Real.

Por el momento, hay más preguntas que respuestas, que nadie se atreve a responder con seguridad, por lo que 'ser o no ser' parte del Reino Unido seguirá siendo la cuestión.
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