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| 3/4/1985 12:00:00 AM

SERMONES DE ALTO VOLTAJE

Nuevo viaje del Papa Wojtyla a Latinoamérica: ¿cuál es su significado político y religioso?

En este su periplo por América del Sur, las sandalias del Papa Juan Pablo II están pisando un terreno, movedizo para Roma, que recorre el campo de fermento de la llamada "Teología de la Liberación". La "misión evangélica" que se atribuyó a este viaje papal es una obvia respuesta a la creciente importancia, a la luz de las contradicciones sociales y económicas del continente, de las tendencias que proponen un compromiso con los pobres, según nuevas (¿o viejas?) interpretaciones de las prédicas de Jesuscrito. La posición del Papa no es siempre negativa. En ciertas intervenciones, Juan Pablo II mostró una posición ambivalente frente a este movimiento. Los curas de la liberación no consideran que el Papa los condena, sino que simplemente los alerta. Por ejemplo, al pisar tierra suramericana en el aeropuerto de Maiquetía, dijo que "muchos agentes eclesiales han buscado no sólo renovar la fé, sino renovar al país por la conversión del corazón. En este importante y delicado momento de la historia latinoamericana y venezolana, querría impulsar con mi presencia esos objetivos de renovación, que se traduzcan en nuevas etapas de recuperación de la integridad familiar, en términos de mayor justicia social, en una búsqueda de nuevas iniciativas en el campo de educación, de trabajo y de convivencia cívica".
En el lenguaje simbólico, crítico y parabólico de este párrafo, podría verse una rendija de comprensión hacia los nuevos teólogos. Pero horas más tarde, hablando ante los obispos venezolanos, Juan Pablo II dijo: "Vosotros sabeis muy bien que ahora no faltan por desgracia, quienes, abusando de la misión de enseñar recibida de la Iglesia, anuncian no la verdad de Cristo, sino sus propias teorías, a veces en abierto-contraste con el magisterio de la Iglesia, como tampoco faltan quienes desfiguran el mensaje evangélico, instrumentalizándolo al servicio de ideologías y estrategias políticas, en búsqueda de una ilusoria liberación terrestre, que no es la de la Iglesia ni la del verdadero bien del hombre".
Este es un párrafo clásico del Papa Polaco, llamado por algunos vaticanólogos, sin intención peyorativa, como "el Papa de las dos caras". Por un lado, critica a los que, dentro de la Iglesia Católica, abusan de su misión con teorías propias, en alusión más que directa a los teólogos de la liberación, y luego se refiere críticamente a los que "desfiguran" el mensaje cristiano, al servicio de "estrategias" y prometiendo la liberación del mundo: Ronald Reagan y su política mesiánica apoyado por las sectas protestantes de los "renacidos" cristianos, que comienzan a mostrar su peso en América Latina con poderoso apoyo económico.
En una de sus advertencias más enérgicas a las tendencias conservadoras o progresistas, Juan Pablo II recomendó: "ante semejantes situaciones, los pastores y guías de la fé del pueblo de Dios deben responder, exponiendo íntegra y fielmente la recta doctrina, rectificando tempestivamente los errores, corrigiendo con caridad y firmeza a los errantes, y sobre todo impidiendo que se abuse de la potestad recibida de la Iglesia". Pero cuando el Papa llegó a Caracas, la revista SIC -que desde hace casi medio siglo editan los jesuitas del Centro Gumilla, especie de fábrica de ideas de esta orden católica- recordó que Venezuela vive un momento de crisis tal, "que necesariamente requiere un liderazgo con fé y capacidad". SIC, que junto a Resumen (independiente) es sin duda la única revista con actitud inteligente en Venezuela, recibió a Juan Pablo II con argumentos muy críticos a la jerarquía católica venezolana y sosteniendo las posiciones de la Teología de la Liberación. Esta jerarquía optó por marginar de todos los actos a los curas de esta tendencia, aunque en privado el Papa preguntó por los "hermanos del Centro Gumilla". Hasta ahora, se sabía que la "Iglesia del compromiso con los pobres" no era muy fuerte en Venezuela, como lo es en Brasil o en el Perú, y por supuesto en Nicaragua, donde en cierta forma participa del poder político. Pero ahora, en Venezuela, han demostrado que existen y crecen. Cuando el Papa habló a curas y monjas en el Teatro Teresa Carreño, de Caracas, cada vez que mencionaba conceptos que son característicos del lenguaje de estas tendencias, los aplausos eran ruidosos, lo mismo que cuando hablaba de justicia social y de la necesidad de evangelizar. "Levántate y camina", le dijo el Papa en forma parabólica a la apoltronada jerarquía venezolana, después de hacer una relación de los heroicos curas evangelizadores que hubo en otros tiempos en tierras del Orinoco.
Venezuela es un Estado laico desde hace muchos años, y es probable que esa separación de la Iglesia haya sido motivo de su aislamiento. En comparación con otros países suramericanos, no es una iglesia muy popular ni tiene mucha influencia. Pero hoy, los teólogos de la liberación, dicen en Caracas que la visión de este movimiento es mucho más amplia. El teólogo y economista jesuita Eduardo Ortiz, del Centro Gumilla, explicó a SEMANA: "Hoy la Teología de la Liberación es profundamente ecuménica. El evangelio desde la perspectiva de los pobres no sólo se analiza entre católicos y protestantes sino entre creyentes y no creyentes". Esto parece ser cierto porque uno de los best-sellers del momento es el libro La piedra que era Cristo, del escritor marxista venezolano, Miguel Otero Silva, premio Lenin, amigo de la URSS. El libro, publicado por la Editorial La Oveja Negra, de Colombia, hace una reivindicación de Jesucristo para los pobres y los oprimidos que en el fondo resulta una más que sutil coincidencia con las nuevas teologías. Aunque los curas de estas tendencias fueron totalmente marginados de las ceremonias el hecho de que el Papa se refiera reiteradamente a ellos, con severas advertencias, es una demostración de la importancia que está tomando este movimiento, al punto que ya se habla de expulsiones y hasta de eventuales peligros de cisma.
Los teólogos rebeldes, al menos en Venezuela, insisten en que no son marxistas ni tienen una posición antiPapa. Admiten la posibilidad de ciertas coincidencias con la interpretación de los problemas sociales con el marxismo, pero no van más allá. Refiriéndose a las críticas del Cardenal Ratzinger, sobre la confusión con el marxismo, el teólogo Ortiz explica que todo movimiento crea un poco de confusión, por lo que hay que esperar a que ese movimiento repose para que vuelva la claridad. Y en esa claridad, es posible reconocer la parte de responsabilidad o de culpa. Por lo demás, existe confusión cuando se ven las cosas desde afuera..Ratzinger no entiende la realidad latinoamericana y tampoco acompañó al Papa en esta gira. En cuanto a la autoridad del Vaticano, no esperan la bendición del Papa. Reconocen que una religión puede tener varias teologías y por lo tanto el Papa no puede apoyar a ninguna específicamente. "Lo que hace Juan Pablo II es lanzarnos llamados de alerta", dicen estos teólogos. Afirman además que Juan Pablo II tiene como característica el "ethos cultural polaco", es decir, que como miembro de una Iglesia que se ha enfrentado a un Estado monolítico y burocrático, ha asumido una posición idéntica, que ahora trata de aplicar desde el Vaticano a toda la Iglesia Católica. Pero reconocen que al mismo tiempo tiene actitudes de gran contenido social, como la encíclica Laborem Exercens, que incluso promueve la congestión obrera y trasluce ciertos fundamentos de interpretación marxista para la gran división del trabajo en una sociedad.
En fin, la etapa venezolana de Juan Pablo II fue algo así como un gran show, con la proverbial alegría e informalidad de los venezolanos, quienes convirtieron al Papa en una superestrella que copó las transmisiones en cadena de TV. La prensa se deshizo en elogios y no hubo espacio para opiniones que pudieran parecer controversiales. La revista SIC tiene una circulación limitada y muchos venezolanos se quedaron sin saber que el Papa también tiene amonestaciones para la jerarquía tradicional. Hubo grandes concentraciones de hasta medio millón de personas, acontecimientos que se desenvolvieron con sorprendente orden. Dos mujeres alumbraron cerca del Papa, entre las muchedumbres de Mérida y de Guayana. Y es seguro que habrá muchos Juanitos Pablitos de ahora en adelante. Los incidentes fueron mínimos. A nivel internacional se informó que las ondas de televisión hacia Perú fueron interferidas por un mensaje protestante. El hecho es bastante simbólico de la competencia que experimenta la Iglesia Católica en el continente. Probablemente, a Juan Pablo II eso le preocupa más que los teólogos de la liberación. Entre tanto, el Papa Peregrino sigue viajando en un avión DC-10 que no en vano se llama "Luigi Pirandello ".
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