Lunes, 1 de septiembre de 2014

Bradley Manning, Edward Snowden y Julian Assange. Agencias

| 2013/08/22 00:00

Sexo, filtradores y seguridad nacional

por Mateo Ponce de León, especial para Semana.com

Los casos de mayor trascendencia de información en el planeta han derivado en insólitas discusiones sexuales.

En cuestión de minutos, el planeta entero pasa de las más trascendentales discusiones sobre el derecho a la información y la seguridad nacional de las superpotencias a las más banales conversaciones de los asuntos de sábanas de sus protagonistas. Desde el soldado Bradley Manning, el filtrador de WikiLeaks, pasando por el analista estadounidense Edward Snowden hasta el australiano Julian Assange.

Los nombres de estos tres personajes tres se han elevado a niveles estratosféricos. Incluso han sonado para ‘Hombre del Año’ en una algunas de las más rigurosas publicaciones y están en la baraja de varias organizaciones como Premio Nobel de la Paz, pero también han terminado siendo objeto de chistes de doble sentido por cuestiones de su sexualidad.

La última sorpresa universal la dio el exsoldado Bradley Manning quien de la manera más tranquila anunció un drástico cambio en su vida: “¡Soy Chelsea! ¡Soy mujer!”. En efecto, Bradley Manning, el exsoldado condenado por la mayor filtración de documentos secretos del Gobierno de Estados Unidos dijo en las últimas horas que siempre se ha sentido mujer y que se someterá a un tratamiento hormonal para cambiar de género. Ni más ni menos.

“Quiero que todo el mundo sepa quién soy verdaderamente. Soy Chelsea Manning. Soy mujer”, afirmó en un comunicado el exsoldado, condenado a 35 años de prisión y expulsado de las Fuerzas Armadas con deshonor por filtrar más de 700.000 documentos clasificados a WikiLeaks.

El joven, de 25 años, envió un comunicado firmado como “Chelsea E. Manning” al programa 'Today' de NBC, que la cadena de televisión distribuyó en exclusiva a primera hora de este jueves durante una entrevista con el abogado de Mannings, David Coombs, quien se refirió en todo momento al ex-soldado como “ella”.

Manning buscar empezar el tratamiento hormonal “tan pronto como sea posible” y dijo esperar poder contar con el apoyo de sus partidarios durante el periodo de transición.

También pidió, en el texto enviado a la cadena estadounidense, que a partir de ahora todo el mundo se refiera a él por su nuevo nombre y usen el pronombre femenino “excepto en el correo oficial a la prisión” en la que permanecerá encarcelado.

A veces llegan cartas

“Espero recibir cartas de partidarios y escribirles de vuelta”, expresó él para muchos, ella para sí mismo. De hecho, a las pocas horas de confesar su sueño de cambiar de género en internet abundaban los comentarios de gente que quiere escribirle. Para felicitarlo o para insultarlo. Algunos por su valor. Otros porque dicen que traicionó a su país, a las Fuerzas Armadas y, ahora, a su género.

Durante el juicio que se siguió contra él en el tribunal militar en Fort Meade, Maryland, Manning reconoció que había ingresado al Ejército para “librarse de su conflicto de identidad”.

Su abogado dijo al programa 'Today' hoy que “el estrés bajo el que estaba (Manning) sirve, más que nada, para dar contexto a lo que ocurría en esos momentos”.

“Pero esto jamás fue una excusa porque (el conflicto de identidad de género) no fue lo que motivó sus acciones”, añadió Coombs. “Lo que guió sus acciones fue una fuerte brújula moral”.

Durante el juicio los abogados defensores de Manning sugirieron que su conflicto de identidad sexual fueron un factor en sus decisiones de sustraer y entregar a WikiLeaks documentos que revelaron numerosas operaciones internacionales del Gobierno de EE. UU.

Manning le entregó la información al fundador de WikiLeaks, Julian Assange, quien la divulgó y se convirtió en un icono de la liberta de información en el planeta, Hoy, sin embargo, está refugiado en la embajada de Ecuador en Londres desde junio de 2012 para evitar su extradición a Suecia por supuestos delitos sexuales.

Sexo sin condón

La historia es la siguiente. Julian Assange tuvo relaciones sexuales consentidas y por separado con dos bellas jóvenes en sus respectivos y pequeños apartamentos de Estocolmo en el verano de 2010. ¿Por qué un asunto tan privado y en el que las partes han aclarado, una y otra vez, que fueron a la cama voluntariamente terminó convertido en un escándalo de alta diplomacia internacional? Todo comenzó en el verano de ese año cuando Assange fue invitado como conferencista a un seminario a Suecia en momentos en que era una verdadera estrella mediática por haber puesto al desnudo los secretos más íntimos de Estados Unidos y sus aliados.

Anna Ardin, de 28 años, nacida en Cuba, soltera, amante de la rumba y conocida activista política en Suecia se mostró solidaria y dijo que ella podía hospedarlo en su casa. Aunque no lo conocía, a todos los organizadores les pareció una buena idea. No solo porque así ahorraban costos sino que ella podría controlar mejor la agenda del invitado ya que oficiaba como jefa de prensa del evento.

Si bien entre los dos ni siquiera habían cruzado palabra, ella ya le había expresado la admiración por su trabajo en varios correos electrónicos: “Te admiro mucho”, “Eres muy inteligente”, “Eres muy valiente”. Ella lo llevó a la casa y después de una velada animada, con una cena sencilla y un par de vinos, terminaron acostándose juntos. “Hubo sexo consentido por las partes”, dice la historia.

A la mañana siguiente, Anna llamó a varios amigos y organizó una fiesta en honor del hombre que había dejado en ridículo al poderoso departamento de Estado de los Estados Unidos al revelar, entre otros, 400.000 documentos secretos sobre la guerra en Irak y 250.000 sobre el manejo de las relaciones exteriores de la superpotencia con otros países.

En el seminario, en el que por supuesto Assange fue vitoreado como una estrella de rock, conoció a Sofía Wilen, de 20 años, quien también lo invitó a su casa y con la que igual tuvo una noche de sexo consentido. Ella, “una mujer que posee un cuerpo muy atractivo”, según la describió Assange, se mostró muy complaciente. Con ninguna hubo violación ni acceso carnal violento sino relaciones sexuales entre personas mayores de edad.

Assange abandonó Estocolmo y Anna y Sofía conversaron telefónicamente como buenas amigas. En la conversación, confesaron lo vivido y ambas explotaron. Se llenaron de ira y fueron a denunciarlo ante la justicia por “la renuncia del australiano a utilizar condón”. En Suecia este no es un hecho marginal sino un asunto de extrema gravedad porque la mujer puede reclamar que se atentó contra su cuerpo poniéndolo en evidente riesgo.

Anna, por ejemplo, alegó que durante la relación se les rompió el condón y que ella le pidió que se detuviese, pero que él no se quiso contener y siguió hasta terminar. Sofía calificó la relación de “confortable”, pero especificó que en la madrugada mientras “estaba medio dormida”, él volvió a penetrarla y que en ese momento “no tenía preservativo”.

La jueza Eva Finné les preguntó que si ambas habían consentido la relación. Ellas dijeron que sí. Entonces desechó el caso. Sin embargo, antes de que fuera archivado por completo, otra juez lo reabrió con el argumento de que en efecto se le podía procesar por haber hecho “sexo por sorpresa”, que en Suecia es la relación íntima sin preservativo.

De héroe a agresor

El proceso avanzó. Cuando Assange viajó al Reino Unido cuando el caso ya estaba tan avanzado que Suecia pidió su extradición. Al principio, él se limitó a decir: “Yo no las violé, hice el amor con ellas”.

Pero luego su abogado argumentó que detrás de todo estaba el poder del imperio en referencia a Estados Unidos. Y cuando nadie lo esperaba, Assange puso sus ojos en un país lejano, Ecuador, pidió asilo y Rafael Correa, su presidente, se lo otorgó. Las mujeres insisten en llevarlo a juicio porque no lo ven como un defensor de la libertad de expresión sino como un agresor que les hizo el amor sin preservativo.

Y para completar este panorama está la historia alrededor de Edward Joseph Snowden el analista de la CIA que divulgó secretos considerados seguridad nacional por los Estados Unidos. Él se los filtró a un periodista cuyo novio fue detenido en Inglaterra lo que generó un enorme escándalo y duras reacciones de la comunidad gay. El brasileño David Miranda es el novio del redactor del diario británico The Guardian Glenn Greenwald. El domingo 18, Miranda fue retenido en el aeropuerto londinense de Heathrow, durante nueve horas bajo el amparo de la ley antiterrorista británica.

Las autoridades le quitaron su computador y varias memorias. El letrado de la policía de Londres Jonathan Laidlaw dijo que en una primera inspección a “decenas de miles” de páginas almacenadas en los dispositivos de Miranda contienen “material altamente sensible cuya divulgación supondría un grave perjuicio para la seguridad pública”.

Cuando fue detenido en Londres, Miranda hacía escala desde Berlín, donde había recogido archivos que le entregó la documentalista estadounidense Laura Poitras, que facilitó, junto a Greenwald, la publicación de documentos secretos de Snowden relacionados con el espionaje a través de internet de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA).


Los abogados de Miranda, de 28 años, explicaron hoy en el tribunal que la policía “amenazó” al joven con encarcelarle si no respondía a su interrogatorio y describió la experiencia del brasileño en Heathrow como “aterradora, estresante e intimidatoria”.

Miranda fue obligado a revelar las contraseñas para acceder a sus dispositivos, según relataron sus abogados, que subrayaron que solo contó con la asistencia de un letrado durante la última de las nueve horas en las que permaneció detenido sin que pesara sobre él acusación alguna.

Los agentes que le interrogaron le negaron un bolígrafo para escribir las preguntas que le formulaban así como la asistencia de un traductor, a pesar de que el inglés no es la primera lengua de Miranda, de acuerdo con sus abogados. Incluso se ha filtrado que varios agentes aprovecharon para intimidarlo por su condición sexual. Un hecho que como en los caso de Manning y de Assange ha pasado de la más absoluta seriedad a vulgares chistes de doble sentido.

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