Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2015/12/26 22:00

“La civilización árabe está en crisis”

Shlomo Ben-Ami, exministro de Relaciones Exteriores de Israel y vicepresidente del Centro Internacional de Toledo para la Paz, habló sobre el componente religioso de la guerra de Oriente Medio.

“En el siglo XXI el Islán tendrá que resolver sus problemas internos” Foto: Ybenami, via commons

SEMANA: ¿Estamos ante un choque de civilizaciones, como lo predijo Samuel Huntington?

Shlomo Ben-Ami:
Sí, no sé por qué tantos analistas liberales niegan esa realidad. A mi juicio, es claro que hay un problema de adaptación de algunos sectores de las sociedades musulmanas árabes a los retos de la cultura de la globalización inspirada por los valores de Occidente, como el liberalismo, la libertad de expresión o el relativismo religioso. Y hablo específicamente del islam árabe porque hay países musulmanes –pero no árabes– como Indonesia, Malasia o Turquía, que funcionan razonablemente bien. En concreto, es el mundo árabe el que atraviesa por una crisis civilizacional.

SEMANA: ¿Y cuál es la razón de esa crisis?

S. B.:
Por un lado, el mundo árabe está viviendo algo parecido a la guerra de los 30 años del siglo XVII en Europa, que enfrentó a católicos y protestantes. Pues el conflicto que está incendiando a Oriente Medio ocurre en el seno mismo de la religión. Fíjese que la lucha no es contra los cristianos ni contra los judíos, sino entre sunitas y chiitas. Por el otro, en el mundo árabe el concepto de Estado no es lo suficientemente legítimo. Tampoco se ha consolidado ni es sostenible a largo plazo. Y el resultado es que países como Siria, Irak, Libia o Yemen se están deshaciendo. En efecto, los dos últimos territorios ya no existen como Estados.

SEMANA: De hecho, la última guerra entre dos países fue entre Eritrea y Etiopía, en los años noventa. ¿Es la nuestra una época de conflictos asimétricos?

S. B.:
Es probable. Los Estados saben que se exponen al apocalipsis si deciden enfrentarse abiertamente. Piense en una guerra entre enemigos como Pakistán e India, ambos con bomba atómica. O entre Rusia y Occidente. O entre Israel e Irán. Las consecuencias serían nefastas. Sin embargo, también es cierto que esos países llevan décadas enfrentándose. Irán ha apoyado de todas las maneras a Hizbulá, una milicia que está llevando una guerra asimétrica contra Israel. Del mismo modo, la guerra de Cachemira entre India y Pakistán se está dando con grupos terroristas, no con Ejércitos nacionales. Pero ojo, hay muchísimos espacios de conflicto entre los Estados que solamente el tipo de armamento y las memorias del pasado evitan que esto vaya a más.

SEMANA: Estado Islámico (EI) es un grupo insurgente que tiene recursos y armamento dignos de un país. ¿Se puede seguir hablando de guerra asimétrica en su contra?

S. B.:
Pues en ese nombre yo pondría Estado entre comillas. Es en realidad un gobierno que mantiene una esencia guerrillera. Si un grupo insurgente controla un territorio, no basta con que declare que es un Estado para que se convierta en uno. Aunque EI muestre en sus videos profesores enseñando en las escuelas, policías dirigiendo el tráfico u oficiales cobrando impuestos, tengo mis dudas sobre su capacidad efectiva de gobernar. La guerra en su contra sigue siendo esencialmente una guerra asimétrica. La gran diferencia con la insurgencia del pasado es que los mueve una visión religiosa extrema y apocalíptica, y no una nacionalista. No es nada accidental que EI haya borrado la frontera entre Siria e Irak. Para ellos, el concepto de Estado es un invento imperialista. Y están haciendo todo lo posible para que desaparezca de la región.

SEMANA: ¿Y cómo se puede resolver el conflicto de Oriente Medio?

S. B.:
La respuesta militar tiene efectos limitados. Los bombardeos de Estados Unidos no van a resolver el problema del islam. Solo pueden hacerlo los musulmanes, como lo hicieron los europeos tras la guerra de los 30 años. De hecho, el problema no es ni territorial ni político. Es cultural y religioso. Pienso que este siglo será el momento en que el islam tendrá que resolver sus problemas internos. Y eso va a tardar muchos años, pues se requiere nada menos que una transformación de la civilización árabe.

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