Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2000/06/05 00:00

Sida: el cataclismo

Al declarar al sida como una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos la Casa Blanca le da un campanazo al mundo.

Sida: el cataclismo

Se trató de una reacción tardía y pobre, pero al menos se convirtió en un primer paso. Casi 20 años después de que se declarara la epidemia del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (sida) la presidencia de Estados Unidos la oficializó como una amenaza para la seguridad nacional y del mundo entero. El vocero suplente de la Casa Blanca, Jim Kennedy, hizo el anuncio el domingo anterior con palabras que sonaron a catástrofe: “El sida es más que una amenaza a la salud pública pues tiene la potencialidad de desestabilizar gobiernos, sobre todo en naciones africanas y asiáticas, lo que lo convierte en un tema de seguridad internacional”. La decisión de la Casa Blanca implica que el Consejo Nacional de Seguridad, un organismo que normalmente se ocupa de temas político-militares, cons -tituya un grupo de trabajo destinado específicamente a luchar por el control de la enfermedad y sus efectos sociales. El viraje fue impulsado por una serie de estudios de inteligencia presentados en enero pasado que muestran que el sida es una nueva cara oculta de la globalización, y con seguridad la más siniestra. El comercio y la facilidad creciente de los viajes han favorecido la propagación. Según el informe principal esos factores tienen gran influencia en Asia y especialmente en India y las naciones de la antigua Unión Soviética, donde se espera “un incremento dramático en las muertes por sida, al punto que para 2010 la región podría haber sobrepasado al Africa en el número de infectados”. Ese, de por sí, es un dato impresionante si se tiene en cuenta que actualmente el continente negro pasa por una situación aterradora: 60 por ciento de los 16 millones de personas que se conoce que han muerto hasta ahora de sida eran de esa región. Eso ha conducido a que haya 11 millones de niños huérfanos, la mayoría en absoluto estado de indefensión, y muchos de ellos infectados también. Y buena parte de la tragedia afecta a las élites, lo que convierte al tema en una amenaza política. Muchos dirigentes han muerto, los maestros, los intelectuales, los policías y los militares, dejando a los países acéfalos y sin capacidad de reacción ante la amenaza. Como dijo el secretario general de la ONU Koffi Anan en una sesión especial celebrada en enero, “en sociedades ya inestables ese coctel de problemas es una receta segura para más conflictos. Y los conflictos son suelo fértil para nuevas infecciones”. El vicepresidente Al Gore dijo en esa sesión que “sabemos que el número de personas que morirán de sida en la primera década del siglo XXI rivalizará con la cifra de quienes murieron en todas las guerras del siglo XX”. Con la nueva política norteamericana Washington espera promover una reacción parecida en los demás países desarrollados para acelerar los esfuerzos de los organismos internacionales. Sin embargo no carece de críticos para quienes la cifra prometida por la Casa Blanca es ridícula: 254 millones de dólares. Es cierto, dicen, que es el doble de lo comprometido hasta entonces, pero es insuficiente: según los expertos, la única forma de atacar el problema en los países del Tercer Mundo es proveer las drogas que lo tienen a raya en el Primero. Pero eso significaría al menos 2.000 millones de dólares. Una cifra que habla por sí sola.

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