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| 6/21/2008 12:00:00 AM

Sin esperanzas

La negativa de Robert Mugabe a entregar el poder, aunque pierda las elecciones del viernes 27, hace que el mundo espere con preocupación una guerra civil.

"Estamos preparados para la guerra". Esta frase, pronunciada hace una semana por el presidente de Zimbabwe durante un acto de campaña, es el reflejo de la actitud del gobierno en los días previos a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Robert Mugabe no está dispuesto a dejar su cargo y ha recurrido a todos los excesos posibles para que sus 28 años en el poder no terminen.

Mugabe tiene razones para estar intranquilo. Tras un escrutinio dudoso, la Corte Nacional Electoral anunció que en las elecciones del 29 de marzo se ubicó por debajo de su más fuerte opositor, Morgan Tsvangirai, quien obtuvo un 47,9 por ciento de los votos, mientras el Presidente alcanzó apenas el 43,2 por ciento. Desde entonces la violencia política ha alcanzado dimensiones dantescas y el líder opositor se ha convertido en el símbolo de quienes pretenden terminar con un gobierno que en los últimos años ha logrado lo que parecía imposible: quebrar, a punta de abusos y violencia, un país que era considerado la despensa de África.

Tsvangirai no salió de la nada. Se formó como líder en el sector minero y llegó a ser secretario general de la Confederación de Sindicatos de Zimbabwe. Como cualquier contradictor de Mugabe, ha sido víctima de las golpizas de las autoridades. Antes de las últimas elecciones lo habían arrestado seis veces por liderar manifestaciones contra las políticas de Mugabe, y durante las últimas semanas de campaña lo han arrestado cuatro veces. Incluso enfrentó un juicio por estar vinculado en un supuesto complot para asesinar al Presidente. En 1999 creó el Movimiento para el Cambio Democrático (MCD), partido que en las legislativas pasadas -también celebradas el 29 de marzo- sobrepasó por primera vez al oficialista Unión Nacional Africana de Zimbabwe (ZANU-PF, por su sigla en inglés).

Hoy, Tsvangirai es la voz que más alto se levanta desde la oposición y en la que muchos siembran sus esperanzas. Pero ni su persistencia ni sus buenas intenciones garantizan que sea la persona capaz de sacar a Zimbabwe del limbo. Según le dijo a SEMANA Sue Onslow, profesora del London School of Economics "hay serias dudas de que Tsvangirai tenga las cualidades necesarias para encarar los enormes desafíos para reconstruir la destrozada economía de su país, y para ayudar a reconciliar las profundas divisiones internas. Tsvangirai es un líder sindical y un hombre valiente, no un economista ni un estratega político".

Ya es una tradición que las elecciones en Zimbabwe tengan un manto de duda, pero para la segunda ronda presidencial de este 27 de junio la desconfianza es mayor que en otras oportunidades. Hay 600 observadores de la Unión Africana que esperan ser acreditados para supervisar el desarrollo de las elecciones, pero un escenario limpio es poco probable. Luego de perder en la primera vuelta, Mugabe ha desatado una campaña de intimidación con la ayuda del Ejército. Todo lo que huele a oposición es susceptible de ser atacado. Al cierre de esta edición, el MCD reportaba 79 militantes asesinados desde los comicios de marzo, y el secretario general del partido continúa preso, acusado de traición.

En los últimos días se han reportado casas incendiadas con sus habitantes adentro, violaciones sexuales y torturas. Aunque los precios de los alimentos están por las nubes y el 70 por ciento de la población depende la ayuda extranjera, Mugabe vetó el trabajo humanitario de las ONG, por considerar que le estaban haciendo campaña a la oposición.

No hay salidas a la vista. Aunque Tsvangirai se alce con la victoria, hay un factor fundamental para tener en cuenta: los militares y los veteranos de la guerra de independencia. Son ellos quienes más se han ensuciado las manos para atornillar a Mugabe en su trono, pues son los que se han beneficiado de las desastrosas políticas del mandatario, y no aceptarán su caída. "Ni los miembros radicales del ZANU-PF ni el Ejército entregarán el poder fácilmente al MCD", dice un reciente análisis del International Crisis Group.

Cualquiera que sea la situación, Mugabe no aceptará una derrota, no sólo por codicia, sino por necesidad. "Mantenerse en el poder es la única manera de evitar un juicio por tantos crímenes que tiene por pagar", explicó a SEMANA Carlos García Rivero, colaborador del Real Instituto Elcano. Pero, aunque este legendario héroe de independencia permanezca en el poder, las cosas no seguirán igual en Zimbabwe. Se estima que a final de año 3,8 millones de personas sufrirán hambre, por lo que el descontento de muchos, encarnado en los militantes del MCD, es el principal combustible de una guerra civil que parece inevitable.
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