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| 6/11/2006 12:00:00 AM

Sin luna de miel

El triunfo de Alan García plantea retos formidables para un Presidente elegido como el menos malo de los candidatos.

Alan García tendrá que gobernar un país que votó por él sin mucha convicción y enfrentar la oposición de Ollanta Humala, a quien derrotó en la elección, pero que salió fortalecido tras obtener una alta votación. A los 57 años, García regresa a la Presidencia luego de gobernar entre 1985 y 1990, en una administración recordada como una de las más ruinosas. Esta nueva oportunidad se dio por el temor que despertó el discurso radical de Humala, militar retirado que recibió el respaldo abierto del presidente venezolano, Hugo Chávez.

Humala obtuvo 47,5 por ciento de los votos (contra 52,5 por ciento del nuevo Presidente) y ganó en 15 de los 24 departamentos. García le debe su victoria a Lima, que se inclinó por él bajo la teoría del "mal menor" pregonada por los medios de comunicación, que vendieron la idea de que esta elección era una lucha entre la democracia y el autoritarismo.

A pesar de haber perdido, Humala se declaró como "el gran ganador de las elecciones". No sólo se adjudicó gran cantidad de regiones, sino que obtuvo la mayor bancada -45 de los 120 miembros del Congreso, contra 36 del Apra-, y además instaló una agenda social a favor de los pobres que tendrá que ser seguida por García.

"Humala puede tener la tentación de extremar su radicalismo. Podría jugar a combinar presión social y política fuerte sobre el gobierno de García", dijo a SEMANA el sociólogo Carlos Reyna.

García es consciente de las resistencias que genera su nombre, por eso se apresuró a esbozar una política rápida a favor de los pobres, en especial del sur andino, donde fue aplastado por su rival en la elección. "Luna de miel, efectivamente, no va a tener. La pobreza que agobia al 50 por ciento de los peruanos, que estaba contra el sistema, le va a exigir cambios rápidos", estima el analista Manuel Torrado.

No todos son malos augurios en los próximos cinco años para el nuevo gobierno. García tiene al menos tres factores a su favor: una economía que ha crecido a más del 5 por ciento en los últimos tres años, una fuerte posibilidad de que Humala no logre cohesionar su bancada en el Parlamento y el apoyo internacional por haber frenado el avance de Chávez.

Si García dejó el país en la ruina en 1990 (la inflación en su gobierno fue de más de 7.500 por ciento, estatizó la banca y el FMI consideró al país "inelegible"), ahora recibe un país con un agudo déficit social, pero con cuentas saneadas y buenas perspectivas, pues los minerales, base de su economía, están en alza en los mercados mundiales. Ningún Presidente, en las últimas cuatro décadas, heredó un panorama económico tan favorable.

Entre tanto se pronostica un resquebrajamiento de la alianza de Humala -que suma a Unión por el Perú (UPP) y el Partido Nacionalista Peruano (PNP)- que podría hacer que algunos de sus congresistas se deslicen hacia el oficialismo.

El martes pasado, Aldo Estrada, un miembro de UPP, ya señaló que "Ollanta no es líder de nuestro partido", y que "los 19 congresistas de UPP (de los 45 de la bancada humalista) no irán al Parlamento a hacer una oposición terca o enfermiza".

Pero es el factor Chávez el que le da a García un mayor aire, por el apoyo que puede recibir de una comunidad internacional liderada por Estados Unidos, que ve con preocupación el avance de su proyecto populista. Chávez no solamente no pudo extender a Lima su eje Caracas-La Habana-La Paz, sino que es considerado como el directo causante de la derrota de Humala. Al respecto, el internacionalista Alejandro Deustua le comentó a SEMANA que "creo que Chávez es el gran derrotado y a partir de ahora empieza el momento de la contención a la ofensiva venezolana sobre la subregión andina y el resto de América del Sur".

El fracaso de un eje Caracas-La Paz-Lima significará un fortalecimiento de un eje Lima-Brasilia, otro Lima-Santiago e inclusive un Lima-Bogotá, para la Comunidad Andina. De todos modos, advierte Deustua, "aunque ahora empieza el momento de la contención de la ofensiva venezolana sobre la subregión y el resto de América del Sur, no creo que la injerencia de Chávez termine. Probablemente se ejerza por otras vías".

Buena proyección hacia a fuera, pero hacia adentro García ha tomado en cuenta que administra una bomba de tiempo que tendrá que desactivar muy rápidamente para evitar que le estalle en la cara.
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