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| 11/18/1985 12:00:00 AM

SOLIDARIDAD SIN SOLIDARIDAD

Tras las elecciones de Polonia, el sindicato de Lech Walesa parece estar quedándose solo.

Diametralmente opuestas han sido las versiones que el gobierno polaco y el opositor-movimiento de Solidaridad han dado de las elecciones parlamentarias del domingo 13 de octubre, las primeras realizadas desde que fuera implantada la ley marcial, en diciembre de 1981. Solidaridad, que propuso a la ciudadanía darle la espalda a los comicios, por considerar que no serían sino una "farsa", aseguró que en el Puerto de Gdansk, bastión de su movimiento, la participación sólo fue de un 45 a 47%, y que en los pueblos de Gdynia y Sopot habían votado únicamente un 35 y un 43% respectivamente.
Las cifras del régimen mostraban un cuadro muy diferente. Según el vocero del gobierno, Jerzy Urban, el 78% de los veinte millones de electores concurrió a las urnas en las 29 regiones del país, produciendo un porcentaje superior al registrado en las elecciones municipales del año pasado, que fue de 75%. "El sentido de la elección es una vasta aceptación por la mayoría de la permanencia del sistema y de la línea política del gobierno", dijo Urban. "Los boicoteadores han sido boicoteados", agregó.
El interés de cada bando por las cifras es obvio. Para el general Wojciech Jaruzelski, una abultada votación para renovar los 460 escaños del Sejm, (Parlamento) constituye un paso más en la consolidación del régimen, severamente desafiado hace unos años por la insurgencia de Solidaridad. Para este movimiento, una participación electoral alta significa un incremento de su aislamiento político. Consciente de ello, Solidaridad el 22 de agosto pasado publicó en su semanario clandestino Tygodnik Masowsze las instrucciones para medir la tasa de participación electoral el 13 de octubre. "Todo conteo durará exactamente 5 minutos y consistirá en contar el número de adultos que salgan de cada oficina electoral".
Ese sistema de los "cinco minutos" fue ridiculizado por las autoridades quienes dijeron que Solidaridad no está en condiciones de hacer estimativos válidos. Además, la manipulación de los escrutinios es imposible, señaló el gobierno, pues "tendríamos que contar con la complicidad y el silencio de 200 mil personas implicadas en dicha operación", en los 20 mil colegios electorales. "Solidaridad con su evaluación paralela sólo pretende minar el proceso de normalización política del país" agregó Urban.
Lech Walesa, líder de la oposición y Premio Nobel de la Paz, hizo de todas maneras unas declaraciones a la prensa occidental que reflejaban su desaliento ante el certamen electoral a pesar de las proclamaciones triunfalistas de sus amigos. Refiriéndose al voto dijo que éste "no revela la verdadera opinión de la sociedad" y que "tales elecciones no son plebiscitos en favor o en contra de las autoridades. Ellas no hacen a nadie más créíble y no le quitan a nadie su credibilidad ".
El empeño del gobierno en movilizar a la ciudadanía fue notable. Jaruzelski cerró la intensa campaña oficial con un discurso -retransmitido a todo el país por televisión- en una fábrica textil de Varsovia. Decenas de miles de carteles fueron fijados en las calles para pedir el voto por los 870 candidatos designados por el Movimiento Patriótico de Renacimiento Nacional (PRON) dirigido por el Partido Obrero Unificado Polaco (POUP). El suministro de bienes de consumo fue mejorado sensiblemente durante las últimas semanas. Vinos españoles y pomelos franceses se podían conseguir sin la tarjeta de racionamiento. La televisión fue invadida por debates políticos, así como por producciones de los países del Este y algunas películas norteamericanas.
En la calle, mientras tanto, los activistas de Solidaridad pegaban pequeños afiches en los autos llamando al boicot, y anunciaban, en mitines relámpago, emisiones clandestinas de televisión y radio. Esto llevó a la captura de numerosas personas la víspera de la jornada electoral. Jacek Kuron, Zbigniew Romaszewski y Janusz Onyszkiewicz, tres dirigentes de la oposición que iban a centralizar los datos del recuento paralelo de Solidaridad, fueron citados a declarar en una comisaría. Quedaron en libertad después.
No eran, como se ve, las medidas policiales de un régimen que se siente muy amenazado. No en vano en julio pasado había fracasado Solidaridad al llamar a una huelga que no marchó. El mismo hecho de haber convocado las elecciones parlamentarias para este domingo reflejaba el cálculo del gobierno sobre el avance de la estabilización. En la primavera del año pasado, el Parlamento había acordado prolongar su mandato,pues aún no era el momento para realizar la consulta electoral.
Un sector de la oposición que conoce bien el estado de la lucha es la Iglesia Católica, quien rehusó tomar una posición clara ante estas elecciones. No avaló el boicot de Solidaridad pero tampoco invitó a votar. El cardenal Jozef Glemp prefirió pasar el día electoral en Roma. No obstante, Jerzy Urban admitió que sólo una cuarta parte de los sacerdotes votaron.
El 20 ó 25% de abstención estaba calculado por el gobierno. Según el viceprimer ministro Rakowski, ese porcentaje correspondía a los "partidarios de Solidaridad, a gente que no sabe lo que quiere, a tunantes políticos que creen que pueden darle la vuelta a la historia y, finalmente, a aquellos a los que las elecciones los tienen sin cuidado".
Jaruzelski dijo recientemente en Nueva York que un éxito electoral podría desembocar en una amnistía para los 300 presos políticos que hay actualmente en Polonia. Empero, la oposición no fue impresionada con la amnistía concedida el año pasado con motivo del 40 aniversario de la creación de la República Popular. Lo decisivo, en opinión de los expertos, será hacer avances en materia económica. Y eso es más difícil que invitar a votar.
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