Sábado, 21 de enero de 2017

| 1982/06/07 00:00

SOLIDARIDAD VIVE

SOLIDARIDAD VIVE

El arresto de 1.372 personas, según el Ministerio del Interior, el restablecimiento del toque de queda en unas 10 ciudades y la suspensión de las comunicaciones telefónicas, parecen confirmar la amplitud de los incidentes del 3 de mayo en Polonia.
El general Kyszczak, ministro del interior, seguró ante el parlamento que Varsovia, Gdansk, Szczecin, Elblag Torun, Lublin y Cracovia, fueron durante horas, el teatro de graves enfrentamientos entre los manifestantes del sindicato Solidaridad y las fuerzas combinadas de la policía y de la milicia.
Según la propia agencia de prensa polaca Pap, un enfrentamiento particularmente violento tuvo lugar en la ciudad de Szczecin donde fueron erigidas algunas barricadas. Los manifestantes incendiaron el hotel sede de la milicia, mientras que los manifestantes de Gdansk atacaban la comandancia regional de la milicia.
Sesenta y dos policías resultaron heridos, admitió el ministro del interior, pero el número de manifestantes heridos no fue revelado.
Los disturbios eras previsibles. En un comunicado divulgado el día anterior, las autoridades habían recordado la prohibición de manifestar públicamente y reafirmado que todo contraventor sería enjuiciado según las leyes en vigor desde el 13 de diciembre pasado. Estas advertencias estaban destinadas a desalentar la reunión organizada por Solidaridad con el fin de conmemorar la Constitución del 3 de mayo de 1791.
El gobierno del general Jaruzelski no ignoraba, en efecto, la importancia de esa fecha, que hacía parte de las fiestas nacionales hasta la llegada del partido comunista al poder. El 3 de mayo los polacos celebraron la proclamación de la Constitución más democrática y liberal que, con respecto a su época, este país haya conocido. Con ella el gobierno esperaba poder gobernar y evitar las presiones constantes del gran imperio ruso. Un año más tarde, sin embargo, la emperadora Catalina II impuso, después de una larga guerra, el sometimiento de Polonia y la abolición de la Constitución. El 3 de mayo es, pues, un símbolo. Reivindicándolo por segunda vez, el sindicato de Walesa parece situarse dentro de esa línea histórica de resistencia que ha caracterizado las relaciones polaco-soviéticas.
Eso explica, se dice, la oposición tradicional del partido dirigente a la conmemoración de esa fecha. En el mismo momento en que se llevaban a cabo esas manifestaciones, el parlamento polaco -la dieta- abría una sesión de dos días consagrada a la cultura y a la política de consenso nacional.
El general Jaruzelski parece confrontado a un problema supremo: cómo acabar con el estado de guerra y asegurar la reactivación económica sin poner en juego la hegemonía del aparato comunista.
La verdad es que casi cinco meses depués de la instauración del estado de guerra, el divorcio entre la nación polaca y el Estado, es más que nunca una realidad. Lech Walesa y los dirigentes de Solidaridad siguen, en efecto, encarcelados y las fábricas aseguran una mediocre producción únicamente mediante el control directo de las "comisiones militares".
Las manifestaciones del 1 al 3 de mayo parecen probar que la normalización que debía manifestarse desde la detención de los sindicalistas según el gobierno, no se ha producido.

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