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| 10/31/1994 12:00:00 AM

SOMBRAS SOBRE MITTERRAND

Denuncias de vínculos con el gobierno colaboracionista de Vichy y su grave enfermedad, amargan la vida del presidente francés.

JUSTO PARA TERMINAR SU mandato, dos negras sombras se extienden sobre el presidente francés, François Mitterrand. Una es la de su enfermedad y la otra sobre su pasado, sus relaciones durante la Segunda Guerra Mundial con el gobierno pro-nazi de Vichy. Después de lo ocurrido al ex presidente austríaco Kurt Waldheim, los fantasmas de la guerra vuelven a acosar a una personalidad política europea.

Los problemas vienen a aparecer justo cuando los partidos políticos galos se preparan para las elecciones presidenciales de mayo de 1995. El cáncer prostático del presidente Mitterrand ha dado la oportunidad a la derecha para insinuar que no podrá terminar su período con la plenitud de sus facultades. Pero el asunto de su estado físico lo ha capeado muy bien, mientras que el problema de su relación con el gobierno de Vichy, que dirigió el mariscal Petain, se le ha convertido en un obstáculo difícil de salvar.

La piedra del escándalo es el libro "Une Jeunesse Française: François Mitterrand 1934-1937", obra del periodista Pierre Pean, cronista del diario parisiense Le Figaro. Allí se afirma que Mitterrand, como funcionario del gobierno de Vichy, participó en muchos episodios históricos junto con miembros del gobierno de Petain. Una de las principales acusaciones del libro dice que en esa época el hoy presidente tuvo conocimiento de ciertas leyes antijudías. Pero en una entrevista televisiva concedida el 12 de septiembre a Jean-Pierre Elkabbach, el presidente francés dijo que mientras estas leyes se ejecutaban, él era prisionero de los nazis en Alemania, y que no fue sino hasta 1944 que él y los demás franceses supieron la verdad de los campos de concentración.

El asunto de sus relaciones con René Bousquet, secretario general de la Policía de Vichy, es su gran piedra en el zapato. Elkabbach le preguntó sobre su amistad con Bousquet, algo que Mitterrand no pudo negar. Sin embargo, aclaró que cuando Bousquet tuvo cargos en ese período, él limitó esa amistad al mínimo. Según Mitterrand, la participación que haya tenido Bousquet en la puesta a punto de la 'solución final' de Hitler para exterminar a los judíos, no la vino a conocer sino muchos años después.

Eso puede ser cierto o no. Pero en cualquier caso la sombra del pasado se ensaña con el presidente galo. Esta imagen indefinible de sus relaciones con Vichy y la colaboración con los nazis en el genocidio judío, atañe también a los socialistas. Un hecho más viene a agregarse al affaire Bousquet: fuera de los comunistas, antinazis, activistas de la Resistencia y partisanos sacados por Vichy a Alemania, más de un cuarto de los 80.000 hombres, mujeres y niños deportados eran ciudadanos franceses. Este cargo es el que pesa más en el acendrado sentido patriótico de Francia. ¿Qué elección tomarán los electores en mayo de 1995? ¿Se identificarán con una larga hoja de servicios y apoyarán a su pupilo Raymond Barre? ¿O le darán más peso a las recientes revelaciones para apoyar al alcalde de París, Jacques Chirac?-
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