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| 10/5/1992 12:00:00 AM

S.O.S. RACISMO

La escalada de violencia contra los extranjeros en Alemania refleja las tensiones del nuevo orden mundial

DESDE HACE DOS SEMANAS, Alemania se ha visto sacudida por un fenómeno que preocupa a toda Europa. Comenzando por la ciudad portuaria de Rostock y siguiendo en localidades como Eberswalde, Potsdam y Frankfurt an der Oder, el país fue escenario de una explosión xenófoba que incluyó no menos de 30 actos de violencia contra albergues de inmigrantes y una grave afrenta contra el monumento erigido en Berlín a las víctimas del holocausto judío. Los racistas alemanes son para muchos la vanguardia de esa tendencia en el Viejo Continente, y por eso sucesos como los de Rostock producen especial preocupación..
El ataque contra el hostal de Rostock, ocupado por unos 100 vietnamitas y 200 gitanos tuvo una violencia inusitada, en la que por milagro no hubo muertos. También resultó inusitado que los protagonistas no fueran tan sólo skinheads de ultraderecha,sino muchos jóvenes del lugar, ovacionados por los vecinos, Pero aún así, la violencia de Rostock no es ninguna sorpresa.
Lo más grave del fenómeno comenzó en septiembre de 1991, un año después de la unificación, cuando el país fue sorprendido por la explosión del racismo en la ciudad de Hoyerswerda. En 1992 se han presentado unos 750 actos de violencia contra inmigrantes, 10 de los cuales terminaron con la muerte de las víctimas.
Los más desconcertados y angustiados fueron los habitantes del sector occidental, pues los hechos se dieron principalmente en el este. Para Holger Baum, presidente del grupo de derechos humanos Germanwatch, el renacimiento del racismo fue mayor en el sector oriental, por la sencilla razón de que hace dos años conformaba la república Democrática Alemana. Los alemanes orientales abrazaron la democratización de su país primero, y la unificación con occidente despúes, por la expectativa de mejorar rápidamente sus condiciones e integrarse del todo a esa sociedad capitalista que percibían tan llena de comodidades. Pero la realidad ha sido mucho menos acogedora. La privatización de sus industrias trajo para los estealemanes el desmpleo generalizado en un país que tenía el trabajo como un derecho garantizado,así ello haya sido una de las cualisas de su quiebra. Los arriendos y la alimentación, otrora subsidiados por el estado socialista, están fuera de control.
Los servicios sociales, asumidos antes por completo por el estado, se han visto reducidos sensiblemente. Los estealemanes se sienten tan desprotegidos, que no es raro que en el sector oriental estén resucitando los herederos del difunto partido Socialista Unificado (Comunista). Un detalle inquietante se presento cuando tres de los protagonistas de los incidentes de Rostock fueron identificados como antiguos integrantes de la STASI, la policía política del regimen comunista.
Eso significaría que en un bizarro giro de la historia, los excomunistas estarían intentando desestabilizar la recién unificada alemania mediante la explotación de los sentimientos ultranacionalistas y neonazis. Pero esa parece ser de todas maneras una sola de las pinceladas que conforman un cuadro mucho más complejo. Una encuesta efectuada por la revista Der Spiegel estableció que "la comprension de los entrevistados hacia las tendencias derechistas radicales" se elevó del 24 al 38 por ciento de diciembre de 1992 y que el 60 por ciento de los alemanes orientales y el 40 por ciento de los occidentales "está encontra del flujo de inmigrantes extranjeros".
En Alemania el racismo se ve estimulado por la permisividad del artículo 16 de la Constitución, que declara que todo perseguido político tiene derecho al asilo. Pero el número de inmigrantes sigue siendo bajo, menos de cinco millones en una población de 80, y no está demostrado que tengan incidencia en el desempleo, lo cual indicaría que se trata más de una reacción sicológica antes que una amenaza real para las alemanes.
Eso lleva a muchos a concluir que el rechazo a los extranjeros es una de las consecuencias de la incertidumbre generada por tres años de cambios históricos superacelerados, y por eso no se circunscribe a Alemania sino a virtualmente toda Europa. Según esa tesis, la violencia racista es parte del acomodamiento a un mundo en el que la gran confrontación este-oeste está descartada, y donde la temida invasión de los tanques soviéticos se ve reemplazada por el horror ante una inminente avalancha de refugiados económicos provenientes ya no sólo del Tercer Mundo sino de Europa Oriental. En Alemania, todo indica que la actual ola de violencia desencadenará un gran debate sobre la necesidad de reformar la Carta para restringir el ingreso de inmigrantes. En el resto de la Comunidad Europea se traducirá en el establecimiento de la "Fortaleza Europea", a la que muchos ven dominada por la xenofobia. Con las tendencias actuales, no Son pocos quienes ven un paralelo entre ese Nuevo Orden con el Mundo Feliz de Aldous Huxley, en el que los desposeídos viven en las "Tierras exteriores".
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