Sábado, 25 de octubre de 2014

| 1989/02/13 00:00

SU MEJOR PELICULA

¿Cómo hizo un actor de segunda para consagrarse como un presidente de primera?

SU MEJOR PELICULA

Según la revista Time, Ronald Reagan ha sido "probablemente el presidente menos inteligente en la historia de los Estados Unidos".
Según The Economist, ha sido "el más ignorante y perezoso". Las citas por el estilo abundan. Y, sin embargo, pocas veces en este siglo un primer mandatario ha salido de la Casa Blanca con tanta popularidad y afecto como este viejo actor de cine. De por sí es el primero que completa dos periodos desde Eisenhower hace 30 años. Los otros, desde Kennedy hasta Carter, acabaron en tragedia en todo caso, acabaron mal.

Según el libro de David Stockman, quien fuera su director de presupuesto, al darse cuenta de que la ignorancia de Reagan nunca permitiría establecer técnicamente prioridades en el gasto público, decidió recurrir a una fórmula de Kindergarden: hacerle dibujitos como símbolos de cada renglón de gasto (un libro para educación, un tanque para defensa...) y pedirle que con un color diferente pintara rayas al lado de cada uno. De esta suerte, si la raya era larga indicaba que el presidente le adjudicaba una gran prioridad a un rubro determinado. si era corta, implicaba lo contrario. Armado con estos dibujos, Stockman procedió a presentarle al Congreso lo que él consideraba una interpretación del pensamiento presidencial.

Inverosímil como esta historia pueda sonar, nadie la ha podido desmentir. Un segundo libro de los muchos que se escribieron -Landsli de (Avalancha) sostiene que un ex asesor presidencial llamado Jim Cannon le envió a comienzos de 1987 a James Baker, en ese entonces candidato a jefe de staff de la Casa Blanca, un memorando en el cual le aconsejaba utilizar la enmienda 25 de la constitución. Según ella, nunca utilizada hasta ahora, se permite al gabinete remover al presidente si éste es "incapaz de ejercer los poderes y oficios de su cargo".

Pero si eso es así, cómo se explica el fenómeno Reagan, quien es considerado desde ya uno de los presidentes más exitosos de este siglo. La respuesta no es fácil. Muchos han intentado atribuirle todo a su talento como actor y comunicador, pero esa interpretación es simplista. Decir que por un magistral manejo del teleprompter uno puede situarse en los libros de historia a la altura de Roosevelt, Wilson, Lincoln o Jefferson, suena un poco descabellado.

La explicación debería basarse no tanto en lo que Reagan dijo, sino en lo que hizo. El ex gobernador de California creía en pocas cosas, pero lo hacia firmemente. Creía en la iniciativa privada. Creia que la gente quería menos gobierno. Creía que mientras menos impuestos se pagaran mejor le iba a la economía. Creía que con los comunistas era necesaria la mano dura. Creía que los Estados Unidos tenian que armarse más. Creía que los pobres eran pobres por escogencia.

Todas estas ideas representaban en 1981 la rectificación de un proceso histórico iniciado hacía medio siglo con el New Deal de Roosevelt, cuando adquirió legitimidad el concepto de que la intervención del Estado era benéfica para la sociedad. La aplicación de los principios de Reagan ha producido, ocho años después, un balance satisfactorio para los norteamericanos. La economía experimentó el periodo de expansión más largo desde la Segunda Guerra Mundial. El desempleo llegó a su nivel más bajo en 10 años. Las relaciones con la Unión Soviética, después de un periodo inicial de guerra fría, son las más estrechas de la historia contemporánea. Y, sobre todo después de años de humillaciones, los norteamericanos se sienten hoy en día más orgullosos que nunca de ser norteamericanos. Tal como lo dijera el propio Reagan en su emocionado discurso de despedida el pasado miércoles en la noche, "hubo dos grandes triunfos dos cosas de las cuales estoy particularmente orgulloso. Una es la recuperación económica en la cual la gente de América creó -y llenó 19 millones de nuevos trabajos. La otra es la recuperación de nuestra moral: América es respetada de nuevo en el mundo y buscada para ejercer liderazgo". Como si fuera poco, Reagan, dueño de una gran seguridad, soltó la siguiente frase: "Quisimos cambiar una nación, y en cambio cambiamos un mundo".

Y es que por defectos que haya tenido, nadie niega que Reagan ejercio una influencia en el mundo. Sus tesis conservadoras sobre la iniciativa privada y el papel del Estado en la vida de los ciudadanos resonaron en todas partes. Increible como podría parecer, los vientos de cambio soplaron hasta en la Unión Soviética donde Mikhail Gorbachov con su Perestroika quiere que la iniciativa privada asome las orejas.

Claro que no todo lo que brilla en la "revolución" es oro. El el frente interno, hay mucho polvo escondido debajo del tapete. Por ejemplo, la brecha entre ricos y pobres se amplió y el número de personas por debajo del nivel de subsistencia se acercó a los 35 millones. Los empleos creados, aunque fueron muchos, no fueron los de mejor calidad.
Y hay una cantidad de enigmas con respecto al futuro. El principal, es la salud de la economía que no se ha podido curar de dos monstruosos déficits: fiscal y comercial, precisamente el saldo rojo de la administración fue termina. Segun los especialistas , si el gobierno de Bush no corrige rápidamente los problemas, todo el sistema podría derrumbarse como un castillo de naipes. Al cabo de ocho años de gobierno, Reagan dejó a los Estados Unidos como la nación más endeudada del planeta: dos billones de dolares, suma equivalente a todo lo que produciria la economía colombiana durante 60 años.

Pero estos aspectos económicos no son los únicos lunares de la administración Reagan. Nunca como antes, un gobierno había sido sacudido por tantos escándalos de corrupción.
Por lo menos 100 funcionarios--desde el fiscal general de la nación hasta el secretario de la Casa Blanca- fueron acusados de irregularidades en el desempeño de sus funciones. Sin duda, el más turbio de todos fue el llamado Irangate que salpicó en la frente al mismo presidente, quien resultó culpable no tanto por acción como por omisión.

En el frente externo, tampoco todo fue un lecho de rosas. Aunque los Estados Unidos intervinieron exitosamente en el retiro de las tropas soviéticas de Afganistán, la salida de los cubanos de Angola y contribuyeron al final de la guerra Irán-lrak, no les fue lan bien en su "patio trasero".
Los observadores políticos consideran que el gran descalabro de la política externa norteamericana se dio en las relaciones con Centroamérica, una región que sigue tan convulsionada como antes. Los reiterados intentos por llegar a una solución negociada fueron repetidamente torpedeados por la Casa Blanca. La insistencia en apoyar económica y políticamente a los contras nicaraguenses, dejó un reguero de víctimas y destrucción en la zona, sin ningún beneficio tangible.
Obviamente , este lado oscuro de su administración no contó para el orgullo vaquero que la semana pasada se despidió de 250 millones de norteaméricanos diciendoles simple y tajantemente : "lo logramos".

Pero si algunos creen que los años dorados de Reagan llegaron a su fin para otros apenas comienzan. En primer lugar, Reagan se convertirá en el ideólogo indisculible del conservatismo. Desde ya se dice que se volverá el orador mejor pagado del país y que su tarifa podría alcanzar los 50 mil dólares por intervención. En segundo lugar, hay gran expectativa sobre las memorias presidenciales por cuya publicación se dice que Reagan recibirá, por adelanlado, la friolera de dos millones de dólares. Además, grandes compañías como MCA y General Electric quieren contratar al presidente saliente como consultor o miembro de su junta directiva. Se comenta, incluso, que se podría volver comentarista político para la cadena de televisión NBC. Por plata, pues, Reagan no tendrá de qué preocuparse. Aparte de todo esto, recibirá anualmente casi 30 mil dólares por concepto de pensión como gobernador de California, 99.500 dolares de pension presidencial y 150 mil más derivados de sus inversiones. Papá gobierno también le va a entregar 1.25 millones de dólares para cubrir los gastos de los primeros seis meses de ex presidencia y 400 mil más para pagar empleados y oficinas.
Tanto billete seguramente podrá amortiguar el golpe que significa el cambio de la Casa Blanca a su rancho de California.

Pero, más que todo, Reagan se jubila con una hazaña que pocos políticos logran : terminar su carrera con mucho más pretigio que al comienzo. Idependientemente de sus errores, lo cierto es que sus compatriotas creen que fue un gran presidente. Quizás por eso, Reagan dejó su mandato diciendoles que se iva con una sensación de "dulce tristeza". -

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