Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1990/12/24 00:00

Sucedió en París

El nuevo orden europeo quedo sellado en la histórica conferencia de la capital francesa.

Sucedió en París

Fueron casi cinco décadas de tensión y hostilidad entre este y oeste. Hace apenas un par de años, nadie lo hubiera creído posible. Pero al fin sucedió. La semana pasada no sólo se consagró el final de la Guerra Fría, sino las bases para la desmilitarización radical del continente europeo. Ese escenario de tantas atrocidades en el cercano pasado, podrá, por fin, ser un santuario de paz.
Ese al menos era el objetivo de la reunión de la semana pasada en París, cuando se reunieron 34 países de la Conferencia de Seguridad y Cooperación Europea "CSCE".
Esta cumbre, que duró tres días, incluyó todos los países europeos (menos Albania), y Estados Unidos y Canadá. Durante las sesiones, se firmó un acuerdo sin precedentes sobre la reducción de armas convencionales. En función del pacto, las dos alianzas militares -el Pacto de Varsovia y la Organización del Tratado del Atlánlico Norte- no podrán poseer más de 20.000 tanques, 30.000 vehículos blindados, 20.000 piezas de artillería, 6.800 aviones de combate y 2.000 helicópteros de guerra.
Así mismo, los países integrantes de la OTAN y del Pacto de Varsovia acordaron un pacto de no agresión y afirmaron que las dos alianzas ya no se basarían en la mutua oposición. Y lo que es más significativo aún, este segundo foro de la CSCE formaliza y hace irreversible el nuevo statu quo en Europa. Durante esta reunión, se concretizó el nuevo mapa político de Europa, en el que se destaca la Alemania unida.
Lo cierto es que esta reunión histórica tuvo tantos precedentes -la terminación de la guerra fría, la reunificación alemana, la calda de los regímenes comunistas en Europa oriental- que su celebración fue más que todo un símbolo del clima de cooperación en Europa, y del súbito desencadenamiento de hechos que hacen posible que hoy se reúna toda Europa para debatir un futuro colectivo.
Esta segunda reunión de la CSCE consagró los logros de la primera sesión de la Conferencia de Seguridad y Cooperación, celebrada en Helsinki, en 1975. En ese entonces, se reunieron 35 países (Alemania, dividida entre Este y Oeste, contaba por dos) para establecer las nuevas bases de las relaciones esteoeste. En realidad, el propósito original de la conferencia de 1975 era llegar a una finalización formal de la Segunda Guerra Mundial, en vista de que un tratado de paz era imposible, entre otras cosas por la división de Alemania. Su origen remoto fueron unas propuestas presentadas por la URSS en Viena en 1968, en las que se propendía por establecer un puente de comunicación entre los dos grandes bloques ideológicos de la época.
Pero lo que los soviéticos querían en realidad era establecer la invariabilidad de las fronteras establecidas tras el final de la guerra, lo que en el fondo significaba la consolidación de su imperio sobre Europa oriental.
Por eso, la reunión de 1975 fue duramente criticada en occidente, porque parecía una claudicación ante el oso ruso. Pero en la firma de los acuerdos de Helsinki, se sujetó la aceptación de las peticiones del Kremlin, a unas condiciones que los soviéticos aceptaron alegremente, creyéndolas letra muerta: el respeto a los derechos humanos, a la libertad de información y el compromiso de "respetar el derecho de los demás a escoger y desarrollar libremente sus sistemas políticos, económicos, sociales y culturales".
Nadie lo sabía entonces, pero tales estipulaciones se convirtieron en la puerta de entrada de los movimientos que, con el paso del tiempo, llevaron a la desintegración del imperio soviético. Por primera vez, los ciudadanos de Europa del este tuvieron un texto oficial en el cual apoyarse para sus demandas de respeto por los derechos humanos, incluidas las libertades individuales. Incluso ahora tenían el apoyo expreso de occidente. Eso dio pie para el surgimiento de movimientos como el Charter 77 de Vaclav Havel en Checoslovaquia, o el de Andrei Sakharov en la URSS , y le dio impulso a Solidaridad en Polonia. Y por su parte, estos movimientos dieron paso al desmoronamiento gradual de los regímenes comunistas.
De aquí que para muchos de los diplomáticos que estuvieron en Paris, la conferencia de la semana pasada representara la realización de lo que se buscó -y no se logro- en Helsinki, 15 años atrás. A diferencia de 1975, en 1990 se puede hablar de una Europa unida, que lucha por la paz bajo términos comunes a todos.
Por otra parte, en medio de los acuerdos de reducción de armas convencionales, surgió de nuevo el problema de la justificación de la existencia de la OTAN, ahora que al inoperante Pacto de Varsovia le quedan meses de vida. Los soviéticos quisieran integrarse a un nuevo organismo que abarcara a todos los países europeos, sin distingos de ninguna naturaleza. Pero Estados Unidos y la mayoría de los funcionarios occidentales, entre ellos el general Manfred Worner, secretario General de la OTAN, rechazan la sugerencia de que la alianza sea disuelta. Y junto con la incertidumbre sobre la supervivencia a largo plazo de la OTAN, quedaron muchos aspectos que la conferencia dejó sin resolver.
En primer lugar, aunque mucho se habló sobre la necesidad de una Europa unida, ni la Comunidad Europea ni la OTAN están dispuestas a aceptar nuevos miembros dentro de sus filas. De allí que, en términos concretos, muchos países de Europa del este se encuentran excluidos a nivel institucional. Y, aunque los Estados Unidos y Europa occidental buscaron que la Unión Soviética se sienta incluida dentro de la nueva Europa, tampoco aquí se institucionalizaron nuevos acercamientos.
Ante propuestas de crear un nuevo organismo de seguridad para toda Europa, tanto la primera ministra saliente de Gran Bretaña, Margaret Thatcher, como el presidente estadounidense, George Bush, convinieron en que, por el momento, no había lugar a que se crease ningún cuerpo de seguridad colectiva que reemplazara a la OTAN.
Además de esto, el clima pacífico en el que se celebró la cumbre resultó opacado por los problemas de varios líderes asistentes. Entre ellos, gravitó sobre la conferencia la crisis política y económica en la Unión Soviética, unida a las fuertes tendencias nacionalistas en varias repúblicas del país, y las crecientes tensiones étnicas en la región balcánica, que ponen en duda la posibilidad de mantener la paz en Europa.
Por otra parte, la crisis del golfo Pérsico fue tema de varias reuniones al margen de la conferencia. George Bush se reunió con varios líderes, y sobre todo con Mijail Gorbachov, en busca de que el soviético apoyara la adopción, en el Consejo de Seguridad de la ONU, de nuevas medidas contra Irak, entre ellas la intervención militar. Pero el líder del Kremlin dejó en claro que entre la URSS y Estados Unidos aún existen grandes diferencias en cuanto a la forma de enfrentar al presidente iraquí Saddam Hussein. Por otro lado, los primeros ministros de Francia e Inglaterra enfrentraban crisis políticas, de las que sólo el primero salió incólume.
Aun con estos problemas, la scgunda cumbre de la Conferencia de Seguridad y Cooperación Europea marcará una etapa histórica en la formación de un nuevo marco europeo. Para asegurar una vigencia duradera a esta cumbre, se acordó la creación de una secretaría permanente, que funcionará en Praga, y un centro para la resolución de conflictos, con sede en Viena. Además, los miembros de la CSCE celebrarán cumbres de jefes de Estado cada dos años, y reuniones anuales entre los respectivos cancilleres. Finalmente, aunque en los acuerdos de reducción de armas no se mencionó el número de tropas, este tema será considerado el 27 de noviembre en Viena.
La Cumbre de París, en lo referente al pacto de desarme, resultó ser la concreción en el campo militar, de lo que ya había sucedido en el campo político. Sin embargo, en el aire se respiraba el ambiente de los grandes eventos históricos. Las comparaciones estaban en boca de todos. "Congreso de Viena sin los bailes", afirmaba un delegado francés. "Conferencia de Versalles" (al final de la Primera Guerra Mundial), decía otro. "lnspirada en la Carta Magna, la Revolución Francesa, la declaracion de Independencia de Estados Unidos", afirmaba entusiasmado el canciller alemán Helmut Kohl, mientras hablaba que Europa había llegado, por fin, a un estado de "paz eterna".
Pero esas comparaciones, y en especial la del Congreso de Viena, fueron rechazadas por muchos observadores. Ese Congreso, que marcó el fin del periodo napoleónico, estableció el balance de poder de Europa sobre la base del militarismo de unos monarcas ultraconservadores. En esta, por el contrario, lo que se consagró fue el concepto de desmilitarización.
Pero sea cual fuere el antecedente histórico, lo cierto es que los logros de la CSCE sirven para demarcar una era irreversible, en la que la Guerra Fría pasa a ser tema de libros, y el espíritu de cooperación pasa a primer plano, ahora más que nunca, en el escenario europeo.-

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