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| 8/17/2012 12:00:00 AM

Sudáfrica, agobiada por su pasado

La semana de protestas arroja un saldo de 44 muertos, cientos de heridos y una masacre que horroriza al mundo. También genera para el presidente Jacob Zuma el gran reto de hacer justicia y de demostrar que su país ha superado un pasado de violencia e injusticia.

La situación fue confusa pero los hechos resultan inapelables. Tras una semana de protestas en la mina de platino de Marikana, al norte de Sudáfrica, 44 personas perdieron la vida de manera violenta. 
 
La jornada más mortífera fue la de este viernes 17 de agosto, que entrará a la historia de este país austral como la fecha de la masacre de Marikana. Ese día, agentes de la policía abrieron fuego a discreción con rifles automáticos contra un grupo de manifestantes, matando por lo menos a 34 de ellos, que previamente se habían reunido en lo alto de una colina que domina la zona.
 
Las imágenes que han producido los medios locales recuerdan matanzas multitudinarias como la de Sharpeville, uno de los peores eventos de la era del apartheid, en la cual murieron 69 personas, entre ellas varios niños.
 
¿Qué pasa?
 
Las protestas comenzaron el pasado 10 de agosto, cuando unos 3.000 trabajadores de la mina suspendieron sus actividades laborales para pedir un aumento salarial a la empresa británica Lonmin, que tiene su cuartel general en Johannesburgo.
 
Aunque en Sudáfrica son frecuentes las tensiones laborales en el sector minero, la extrema violencia tuvo como combustible el enfrentamiento entre los sindicatos de la Unión Nacional de Mineros (NUM, en inglés) y la recientemente formada Asociación de Mineros y Trabajadores de la Construcción (AMCU), que acusa al sindicato rival de estar conspirando con la patronal.
 
Lesiba Seshoka, el vocero de la NUM, ha rechazado los cargos, y ha afirmado: "La gente de la AMCU dijo que quería morir en lo alto de la colina, que llevarían a sus hijos a morir allí. Por eso decimos que los cabecillas deben ser arrestados".
 
Patrick Craven, el vocero nacional del Congreso de Uniones Sindicales Sudafricanas (Cosatu) —que el diario The Guardian describe como afín a la NUM— definió a su vez los hechos como "una estrategia política coordinada para usar la intimidación y la violencia, manipulada por exlíderes sindicales insatisfechos, en una acción coordinada para crear 'uniones' disidentes para dividir y debilitar el movimiento de los trabajadores".
 
Respecto a la masacre, el Cosatu señala así mismo que las fuerzas del orden "utilizaron gases lacrimógenos y cañones de agua para dispersar a los huelguistas, que respondieron realizando disparos a la policía".
 
En una rueda de prensa, la jefa de la Policía Nacional, Mangwashi Victoria Phiyega, también afirmó que los agentes tuvieron que "usar la fuerza para protegerse" tras ser atacados con "armas peligrosas" y agregó que no es el momento de hacer recriminaciones.
 
Otras fuentes

The Washington Post ha hecho eco a una investigación publicada por la ONG Bench Marks Foundation, dedicada a realizar seguimiento de las prácticas de las multinacionales mineras, que ha encontrado que Lonmin tiene malos antecedentes.
 
Según el informe que publicó el pasado 14 de agosto, la empresa registra un alto nivel de accidentes mortales y mantiene a sus trabajadores en "muy malas condiciones de vida", en cabañas en deplorable estado, sin electricidad, a lo que se suman múltiples problemas de alcantarillado que han acarreado complicaciones sanitarias, en particular entre los menores.
 
Por su parte, varias agencias y medios europeos han recogido la opinión del editorial del diario local The Sowetan, según el cual, las muertes "nos despiertan a la realidad de la bomba de tiempo que ha dejado de avanzar: ya explotó", que asimismo advierte que el régimen del apartheid "sigue ocurriendo hoy con una apariencia distinta".
 
El diario británico The Guardian, que ha dedicado una larga nota a los hechos, recoge a su vez las palabras de Hellen Zille —una recordada activista antiapartheid que en 2008 fue premiada como la mejor alcaldesa por la organización World Mayor—, quien afirmó que "se necesita con urgencia una investigación independiente para establecer qué pasó exactamente y quién es responsable de la masacre".
 
"Las familias de las víctimas y el país tienen derecho a conocer cómo y por qué sucedió este baño de sangre", agregó Zille.
 
En efecto, informaciones clave como el uso de armas de fuego por parte de los manifestantes no han sido comprobadas por fuentes diferentes a las gubernamentales. Además de los medios de comunicación, las asociaciones locales de defensa de los derechos humanos ya han acusado a las autoridades de haber hecho un uso desproporcionado de la fuerza.
 
Poloko Tau, uno de los periodistas que presenció el tiroteo, comparó en su cuenta de Twitter el escenario con el de una "zona de guerra", y agregó que su contacto entre los manifestantes se encontraba dentro de las víctimas.
 
Por su parte, el portavoz de la Unión Europea dijo a EFE que "las autoridades sudafricanas querrán sin duda establecer las circunstancias que resultaron en esta trágica pérdida de vidas".

El futuro de Sudáfrica

En medio de una situación de gran tensión, con los familiares de las víctimas recriminando a las autoridades policiales la muerte de sus seres queridos, el presidente sudafricano Jacob Zuma afirmó que ignoraba de dónde procede la violencia que se está viviendo, y agregó que se abrirá una comisión investigativa.
 
Al respecto, vale preguntarse si la voluntad del mandatario será suficiente para esclarecer los hechos, identificar a los culpables y aplicar un castigo ejemplar. El éxito de la comisión dependerá en gran medida del criterio usado para escoger a sus miembros, lo mismo que del alcance de las herramientas que se les suministre para llevar a cabo su misión.
 
Tras el exitoso Mundial de 2010 —en el cual esta nación africana demostró con creces que está para grandes cosas— la extrema violencia registrada en Marikana sirve como recordatorio de la delicada situación de seguridad que se vive en su territorio. Con una tasa de homicidios de 31,8 personas por cien mil habitantes, Sudáfrica es después de Nigeria el país con mayor número de muertes violentas de su continente.
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