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| 3/21/1994 12:00:00 AM

TAMBORES DE GUERRA...COMERCIAL

Estados Unidos y Japón se muestran los dientes después del fracaso de un trascendental acuerdo comercial.

EL LENGUAJE DE LA POLITIca exterior de Estados Unidos ha estado dominado en los últimos días por el tono del ultimátum. Un ultimátum para los serbios en el conflicto de Bosnia pareció dar resultado con el retiro de sus cañones pesados de los alrededores de Sarajevo. Y en otro campo menos trágico pero también crucial, la semana pasada los japoneses entendieron como un ultimátum, la advertencia hecha por el gobierno gringo. Palabras más, palabras menos, el mensaje de Estados Unidos se cifró en que si los nipones continúan cerrados a los productos made in USA (y como florero de Llorente, los teléfonos celulares), deben esperar el castigo correspondiente.
Los japoneses han escuchado el sonar de los tambores y hasta ahora no han dado una sola señal de intimidación. Por el contrario, el primer ministro japonés, Morihiro Hosokowa advirtió muy cordialmente al término de una reunión fallida con el presidente Bill Clinton, que Japón también tiene armas para esta guerra, pues ese país está en capacidad de aplicar sanciones unilaterales a los productos estadounidenses.
La actitud del primer ministro, de resistir las presiones estadounidenses, marcó un cambio histórico en el desenlace que hasta ahora siempre tenían las crisis entre ambos países. Los observadores de Wall Street estaban acostumbrados a que despuès de un período de tensiones y desacuerdos, Japón terminaba cediendo a los deseos de Washington.
Esta vez no funcionó. "Estados Unidos debe aprender que no puede hacer exigencias irracionales usando la presión externa", dijo el profesor Kiniko Inoguchi de la Universidad de Sophia en Tokio. "Semejante estilo tradicional de negociar ya no funciona".
El de los teléfonos celulares es el episodio más reciente de una larga historia de conflictos comerciales entre ambos países. En el corazón de la disputa hay un problema aparentemente sencillo: Estados Unidos considera que Japón se empeña en mantener cerradas sus puertas a los productos estadounidenses, mientras que los japoneses conquistan con relativa libertad los mercados gringos.
La vieja disputa ha sido manejada entre ambos países a punta de acuerdos comerciales en los que se fijan milimétricamente metas de exportaciones y fechas límites. Uno de esos acuerdos, que estuvo en gestación durante ocho meses, fracasó el viernes 11 de febrero luego de que Clinton y Hosokowa estuvieron reunidos por más de media hora en la Casa Blanca.
Las conversaciones que fracasaron giraban en torno al tratamiento que se le daría a los productos más importantes del comercio entre ambos países: automóviles, telecomunicaciones, seguros e instrumental médico. Fue entonces cuando el gobierno estadounidense dio primero el paso y anunció que habría sanciones porque Japón se había negado a cumplir con un tratado diferente al que había fallado.
Los japoneses no habían cumplido con la apertura gradual de su lucrativo mercado de teléfonos celulares con el fabricante Motorola que controla virtualmente el mercado de Estados Unidos y el de Europa junto con la compañía sueca Ericsson.
La compañía escogida como escudo de batalla por el gobierno no podía ser más apropiada. Desde los años 80, los directivos de Motorola han estado atentos a los más mínimos movimientos del proteccionismo japonés, para salir a denunciarlos y a pedir ayuda al Departamento Comercial.
Esta actitud combativa les significó una gran victoria en 1980 cuando lograron convencer al gobierno que aumentara los aranceles en un 106 por ciento a los fabricantes japoneses de beepers y teléfonos celulares que estaban invadiendo el mercado estadounidense con precios de dumping.
Según el diario The New York Times, la actitud de Motorola está basada en "un profundo respeto a los ejecutivos de la compañía que han viajado por Japón en busca de socios para varios proyectos conjuntos y a fin de estudiar las técnicas manufactureras de los japoneses. Motorola ayudó a los japoneses a levantarse en los años 50, después de la Segunda Guerra Mundial, respondiendo al llamado del presidente Eisenhower a que las compañías estadounidenses debían comprar más productos japoneses", escribió Barnard J. Feder, analista financiero del diario neoyorquino.
De hecho la tecnología de los primeros televisores en color japoneses fue tomada del primer prototipo de Motorola que había otorgado licencia para hacerlo. El resultado fue una triste paradoja para el imperio del Norte, pues mientras Motorola tenía el prototipo y RCA la tecnología, el primer televisor en color en el mercado fue Hitachi.
La medida que tiene a su alcance el gobierno de Clinton es tratar de crear un clima de incertidumbre en los mercado de valores del Japón de tal forma que los negociantes japoneses presionen a su gobierno para que llegue a un acuerdo.
Un aumento forzado del yen frente al dólar, otra de las estrategias que se discuten, podría provocar un enrarecimiento de las exportaciones al Japón y el respectivo abaratamiento de las importaciones americanas.
Por ahora ha habido respuesta favorable a Estados Unidos en la bolsa pero por cuenta de la expectativa. Si la guerra comercial se declara, lo que sigue es un disparo general de los aranceles de ambos países. Y eso, según los economistas, no le conviene a ninguno de los dos bandos.
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