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| 9/9/1996 12:00:00 AM

TAPEN, TAPEN

La liberación de uno de los acusados del asesinato de Luis Donaldo Colosio cubre de sospechas al establecimiento político mexicano.

La semana pasada los mexicanos quedaron convencidos de que su caso será igual al John F. Kennedy. No es que creyeran que el asesinato del candidato presidencial del Partido Revolucionario Institucional PRI Luis Donaldo Colosio fuera a ser esclarecido totalmente por la justicia, pero por lo menos aspiraban a que el caso tuviera un fin decoroso. Ahora que Othón Cortés Velásquez fue declarado libre de toda sospecha por un juez, los aztecas parecen haber perdido las esperanzas de que se aclare lo que qué sucedió realmente aquella tarde del 23 de marzo de 1994 en Tijuana. En un principio la justicia pareció ser ágil. Pocas horas habían pasado del crimen cuando la Policía ya había señalado un autor material. Era Mario Aburto Martínez, un mecánico de 23 años, cuyo rostro coincidía con el hombre que disparó contra Colosio y que fue captado por una grabación de la Policía. El sospechoso, tras largos y no muy claros interrogatorios, confesó que él era el asesino. La pregunta, entonces, fue quién estaba detrás del magnicidio. El procurador general y los dos fiscales especiales, que estuvieron al mando de las pesquisas durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, llegaron a la conclusión que el hombre había actuado solo y desecharon la teoría de una conspiración. Pero los indicios parecían indicar otra cosa. Los forenses de Tijuana aseguraron, en un principio, que el candidato había muerto por el impacto de dos armas de fuego diferentes. Además, en la grabación podía observarse con claridad que tres hombres le habían facilitado a Aburto el acceso hasta Colosio. Sin embargo esas evidencias fueron desechadas y olvidadas. Con el arribo de Ernesto Zedillo a la presidencia mexicana el caso de Colosio pareció tomar un segundo aire. En dos meses el nuevo procurador, Antonio Lozano, revivió la teoría de la conspiración y ordenó la detención de Othón Cortés, señalado como el segundo hombre que había disparado en contra del aspirante presidencial. También acusó a Tranquilino Sánchez Vanegas como partícipe del crimen: este hombre, que fue detenido horas más tarde del asesinato y liberado después por falta de pruebas, tenía su ropa manchada con sangre de Luis Donaldo Colosio y en sus manos había rastros de haber disparado un arma. Si bien los hechos hacían sospechar que en este asesinato había muchas personas implicadas, el comportamiento político de Luis Donaldo Colosio le daba más fuerza a esa teoría: él fue el 'gallo tapado' del ex presidente Carlos Salinas de Gortari gracias a que supo ganarse el aprecio de la gente desde su posición de director de la oficina de solidaridad social. Pero una vez fue designado candidato a la presidencia de la República cambió su discurso. Comenzó a atacar a las jerarquías de su partido y se convirtió en una verdadera rueda suelta dentro del PRI. Anunció, sin reparo alguno, que cuando llegara al Ejecutivo iba a emprender una reforma para acabar con el poder hegemónico y corrupto del oficialismo mexicano. Ante semejante indisciplina, Carlos Salinas le habría pedido a Colosio que abandonara sus aspiraciones presidenciales para nombrar en su lugar a su viejo amigo Manuel Camacho Solís. La evidente conspiración y las desavenencias entre Salinas y Colosio llevaron a la suspicacia popular a señalar como autor principal del asesinato al ex presidente mexicano. Esta teoría, que hasta la fecha ha sido desmentida por la Procuraduría por no poseer pruebas suficientes, ha sido ventilada con algunos argumentos en los medios de comunicación. En diciembre del año pasado el periódico mexicano El Financiero aseguró que Raúl Salinas _hermano de Carlos_ estaba detrás de la muerte de Colosio. Según el diario, en los archivos personales del candidato fallecido había indicios sobre los nexos de los hermanos Salinas con el narcotráfico. Saber eso le habría costado la vida. Para los mexicanos, incluidos los partidos de oposición, el hecho de que un juez haya declarado inocente a Cortés Vásquez no es fruto de las pocas pruebas que había en su contra o de un error procedimental de la Procuraduría General de la República, sino que hace parte de una estrategia para evitar que las responsabilidades del caso Colosio alcancen al antiguo mandatario. Y es que, con la liberación de Cortés, quedaría muy cerca la posibilidad de revivir la teoría de que Mario Aburto actuó por iniciativa propia, pues actualmente él es el único de todos los señalados que está en prisión. En este contexto, tal vez la única alternativa que tengan los mexicanos para saber qué ocurrió es que suceda lo mismo que pasó en Estados Unidos con Kennedy: que algún día Oliver Stone o uno de sus seguidores haga una película con lo que posiblemente pasó pero que nadie tuvo el valor del aceptar.
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