Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 1/5/2008 12:00:00 AM

¿Temporada de machetes?

Tras una turbias elecciones, uno de los países más prometedores de África desciende en una espiral de violencia con tintes tribales.

Cuando a mitad de semana una turba quemó vivos a decenas de mujeres y niños refugiados en una iglesia de Eldoret, en el oeste de Kenia, una de las naciones más prósperas de África, la noticia recordó lo peor de la historia reciente del continente. Fue el incidente más grave en la ola de disturbios con tintes tribales tras las presidenciales del domingo antepasado donde, según todo tipo de observadores, hubo claras evidencias de una manipulación por parte del gobierno del reelegido presidente Mwai Kibaki. Unas 300 personas perdieron la vida en el transcurso de la semana y otras 75.000 han sido desplazadas por la violencia. En medio de algunos reportes sobre la compra masiva de machetes en los días previos a los comicios, algunos incluso escuchan los ecos de la terrible violencia genocida que sufrió Ruanda en 1994 por parte de hutus y tutsis.

Todo comenzó con la supuesta victoria de Kibaki después de que las encuestas previas y los primeros escrutinios hablaban del triunfo del opositor Raila Odinga, quien ha denunciado el fraude y exigido la convocatoria de nuevas elecciones. Sus acusaciones se ven respaldadas no sólo por las reservas de los observadores, sino también por demoras inexplicables en el recuento oficial (con algunos distritos donde los votos superaron a los inscritos) y por el hecho de que la oposición obtuvo la mayoría en el nuevo parlamento. Hasta el Fiscal General ha puesto en duda los resultados, y el presidente de la comisión electoral admitió presiones.

Detrás de todo hay un telón de enfrentamiento tribal. Kibaki pertenece a la etnia más numerosa del país, la kikuyo, a la que pertenece el 22 por ciento de los kenianos. Desde cuando lideraron la independencia, en 1968, han dominado el poder político y económico. “Tienen más plata y mejores tierras, pero también más empuje que las demás tribus y eso explica su posición privilegiada. Entendieron más rápido el mundo occidental. Otras tribus tardaron más y otras todavía no lo logran”, explicó a SEMANA un expatriado colombiano que ha vivido en Kenia desde hace nueve años y ha trabajado con agencias internacionales.
Kibaki ha llevado al país a un crecimiento superior al 5 por ciento, pero la pobreza ha empeorado por cuenta de la inequidad. La corrupción es un tema crítico y algunas tribus minoritarias acusan al gobierno de favorecer a los kikuyo, y se sienten marginadas. Odinga, por su parte, pertenece a los luo, la segunda etnia con algo más del 10 por ciento de los kenianos, aunque basó su campaña en la construcción de una sociedad justa y sin tintes étnicos.

Pero Kenia no es Ruanda. Para empezar, es la sede de muchas empresas y hasta hace poco era considerada un país estable y tranquilo con algún grado de prosperidad (mal repartida) gracias al turismo ávido de sus playas, parques nacionales y safaris fotográficos. En los días previos a las elecciones, la revista The Economist incluso calificaba la cita como la oportunidad de “fijar un ejemplo” para África en términos de elecciones libres y justas. Después no dudó en considerar el resultado como “un golpe civil” por parte de un pequeño grupo de políticos.

Adicionalmente, el Ejército es diverso y no está alineado con ningún bando, y a pesar del protagonismo de las dos etnias, Kenia es un mosaico con más de 40 tribus distintas, lo que hace improbable, a pesar del resentimiento contra los kiyuko, una polarización tan acusada.

Como producto de la intensa presión internacional, Kibaki se mostró abierto a formar un gobierno de coalición. Pero al cierre de está edición no era claro que Odinga estuviera dispuesto a aceptar y ceder en su reclamo de nuevas elecciones. Quizás estas serían la salida más justa, pero podrían terminar por agravar la situación, mientras un gobierno de unidad parece la opción más pragmática.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1830

PORTADA

En la cuerda floja

La economía avanza a paso muy lento. Se necesita con urgencia un estartazo, pero el desánimo y el pesimismo limitan las posibilidades de una recuperación.