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| 9/25/2005 12:00:00 AM

Temporada negra

Los fantasmas de Katrina revivieron por cuenta del huracán Rita. No se recuerda en la historia reciente de Estados Unidos una serie tan marcada de desastres naturales.

Después de la tempestad no llegó la calma. A menos de un mes del devastador paso del huracán Katrina, la furia de la naturaleza de nuevo atacó el sur de Estados Unidos. El país más poderoso del mundo no había alcanzado a reponerse del golpe económico y moral cuando el huracán Rita se dirigía hacia la costa del Golfo de México, al cierre de esta edición.

Las imágenes de los muertos flotando en las calles de Nueva Orleans continúan frescas en la memoria de los estadounidenses, lo cual explica el pánico generalizado en Texas y Lousiana por la inminente llegada de Rita, y el afán por huir de la tragedia. Esta vez, el gobierno reaccionó con prontitud. Las autoridades tomaron el control de las ciudades y el presidente George W. Bush estuvo al frente de la situación desde el primer momento. Buscaba limpiar su reputación luego del desastre de hace un par de semanas, cuando la lenta evacuación en ciudades como Nueva Orleans fue una de las causas del alto número de víctimas. En medio de los diversos llamados para abandonar la zona, el más dramático fue el de la gobernadora de Louisiana, Kathleen Blanco. Consciente de los problemas que han tenido para identificar los cadáveres de Katrina, Blanco extendió un macabro consejo a los que se negaron a salir: "Tal vez deberían escribir su número de seguro social en sus brazos con tinta indeleble".

Los residentes siguieron masivamente las indicaciones de las autoridades para abandonar sus hogares. Muy pronto, las poblaciones costeras se convirtieron en ciudades fantasma.

Pero las precauciones tomadas no lograron evitar la sensación de un caos inmanejable. Las autopistas atestadas se convirtieron en el nuevo escenario de la desesperación popular. Se calcula que 2,5 millones de personas se lanzaron a las carreteras. Cerca de Houston, una ciudad con más de cuatro millones de habitantes, los trancones fueron monumentales. En medio de temperaturas cercanas a los 40 grados, miles de vehículos se vararon por gasolina o recalentamiento en lo que parecía la materialización de una película apocalíptica.

"Las autopistas parecen inmensos parqueaderos donde nadie se mueve", dijo a SEMANA Juan Camilo Tarazona, un colombiano residente en Houston que partió a San Antonio. Según su testimonio, el recorrido entre las dos ciudades, que normalmente demora dos horas y media, podía tomar unas 15 horas. "La gente está desperada por la falta de gasolina", aseguró a SEMANA. Paola Ortiz, quien se trasladó a Dallas, hizo el recorrido que normalmente toma cuatro horas, en 33. La situación llegó al punto que muchos decidieron dar media vuelta y enfrentar el huracán en sus casas.

El viernes en la madrugada, en medio de las largas filas de autos inmóviles, una escena dramática cobró las primeras víctimas de Rita. Un bus que transportaba a 45 ancianos estalló en llamas y les causó la muerte al menos a 20 de ellos. El detonante de la explosión habría sido el tanque de oxígeno de uno de los pasajeros.

Como si el escenario no fuera suficientemente adverso, las lluvias vendrán a sumarse a los problemas de las personas que saturaron las rutas de evacuación. Aunque el alcalde de Houston, Bill White, prometió que nadie sería abandonado en las autopistas, el viernes miles de vehículos se mantenían atascados.

Según David Paulison, director de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (Fema), "los primeros equipos se desplazarán tan pronto sea posible, pero no podrán hacerlo hasta que los vientos bajen de intensidad y las vías sean limpiadas. Es posible que puentes y carreteras sean arrasados". Paulison no quiere repetir los errores de su antecesor, John Brown, quien renunció por las críticas a su lenta respuesta ante Katrina.

Rita hizo su primera escala en Cuba, en donde no causó muertos, pero sí dejó sin fluido eléctrico ni agua potable a gran parte de la población, además de más de 200.000 desplazados. Su ruta siguió a la Florida, en un recorrido casi calcado al de Katrina. Allí llegó convertido en un huracán de categoría 1, la mínima en la escala Saffir Simpson, y no produjo daños de consideración.

Al adentrarse en el Golfo de México, la pesadilla empezó a convertirse nuevamente en realidad. El miércoles se convirtió en un huracán de categoría 5, la máxima en la escala, y el Centro Nacional de Huracanes lo catalogó como el tercer huracán más intenso en la historia del Caribe. Aunque el viernes descendió hasta la categoría 3 -una por debajo de Katrina cuando tocó tierra-, los habitantes de Texas y Louisiana esperaban con horror el momento en que Rita llegara a la costa. Según los pronósticos, golpearía en un punto cercano a los límites entre estos dos estados al cierre de esta edición.

Sin embargo, tal como lo advirtió el director del Centro Nacional de Huracanes, Timothy J. Schott, no se debería poner énfasis en la localización, ya que, más allá del lugar donde toque tierra, "esta es una enorme tormenta e impactará una enorme área".

Los primeros embates de ese impacto se comenzaron a sentir desde el viernes. Una de las primeras víctimas fue la ya devastada Nueva Orleans. El peor temor de los ingenieros que llevaban dos semanas trabajando en la reconstrucción de los diques se cumplió. Los vientos y las lluvias producidas por Rita hicieron que el agua desbordara la barrera que protege el distrito noveno, situado junto al Mississippi, con lo que el barrio comenzó a inundarse de nuevo. La reconstrucción de los maltrechos diques es el primer paso para el renacimiento de la ciudad, algo imposible si el agua los desborda.

Aunque se trata de regiones acostumbradas a lidiar anualmente con la temporada de huracanes, muchos se preguntan si dos tan poderosos en tan corto tiempo es sólo una trágica coincidencia o si se pueden buscar otro tipo de explicaciones. Dado que los huracanes están alimentados por la temperatura de las aguas sobre las que se forman, muchos apuntan a que el calentamiento global contribuye si no a su frecuencia, por lo menos sí a su intensidad.

"No hay duda de que los cambios ambientales relacionados con la influencia humana han incrementado las probabilidades de tormentas más intensas y lluvias más duras. Un cálculo razonable del efecto del calentamiento global en tormentas como Katrina habla del 8 por ciento de aumento en las lluvias y el 'combustible' de las tormentas desde 1970. Ese podría ser el aumento en las inundaciones capaz de abrir diques diseñados sin tener en cuenta esa variable", explicó a SEMANA Kevin Trenberth, director de Análisis Climático en el Centro Nacional de Investigación Atmosférica.

El ejemplo de Nueva Orleans, donde la ciudad dependía de la fiabilidad de los diques, y la respuesta del gobierno fue incompetente, demostró que se necesitan medidas integrales. "Reconstruir las barreras naturales ayudaría. Y reducir las emisiones de gases también ayudaría en el largo plazo. El mejor paso a seguir es evitar reconstruir en las áreas más vulnerables, y tener mejores planes para evacuar y refugiar a la gente en las regiones sujetas a huracanes", dijo a SEMANA Lloyd Dumas, autor del libro Arrogancia letal: Falibilidad humana y tecnologías peligrosas. No parecen metas imposibles, aunque necesitan millonarios fondos y un grado de compromiso que el gobierno de Bush no ha mostrado.
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