Sábado, 21 de enero de 2017

| 2006/02/12 00:00

Terremoto en la Casa Blanca

La filtración a la prensa del nombre de la agente encubierta de la CIA Valerie Plame, ahora puso a tambalear al vicepresidente Dick Cheney.

Dick Cheney, vicepresidente de Estados Unidos, está en el ojo de la tormenta.

El nuevo capítulo de la novela de espionaje de la Casa Blanca ha hecho correr rumores sobre la posible renuncia del vicepresidente Dick Cheney, el viejo zorro de la política estadounidense que según muchos es el verdadero poder del gobierno de George W. Bush. Se trata de un escándalo que tiene que ver con la insistencia del gobierno en justificar, mediante mentiras, la invasión a Irak. La investigación busca esclarecer quién filtró a la prensa el nombre de la agente secreta de la CIA Valerie Plame, lo cual constituye un delito según las leyes federales. Plame es la esposa de Joseph Wilson, un ex diplomático que fue enviado a Níger para comprobar si efectivamente Saddam Hussein estaba comprando uranio en ese país, y encontró que era falso. Karl Rove, importante asesor de Bush, había sido implicado en el proceso, aunque en su momento la Casa Blanca desmintió los rumores sobre la participación de funcionarios del gobierno en el caso. Pero últimamente los ojos se posaron sobre el jefe de gabinete del vicepresidente Cheney, Lewis Libby. Patrick Fitzgerald, el fiscal que tiene a su cargo la investigación, debe establecer si las conversaciones que sostuvieron Rove y Libby sobre el caso Plame fueron simples chismes de pasillo o parte de un plan orquestado para atacar a Wilson. Pero ahí no para todo. La participación de Rove y Libby en el caso plantea la posibilidad de que la orden de infiltrar el nombre de Plame vino desde la oficina del vicepresidente, pues en los círculos políticos se asegura que Libby no da un paso sin consultarlo con Cheney. Pero ¿por qué Cheney querría filtrar el nombre de Plame? La relación del influyente vicepresidente con la familia Bush viene de tiempo atrás, cuando ejerció como secretario de Defensa de George Bush padre, cargo desde el cual participó en la Primera Guerra del Golfo en 1991. Para Cheney, en la primera incursión de su país en el Golfo Pérsico quedó pendiente derrocar a Saddam. Cheney tiene fuertes nexos con la compañía de servicios Halliburton, que obtuvo jugosos contratos con motivo de la guerra y de la cual fue el máximo ejecutivo hasta cuando asumió la vicepresidencia. De ahí que no sea una casualidad su obstinación por emprender la segunda guerra contra Irak en 2003 y por defender la teoría de que Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva. Pero Wilson decidió hacer públicos los resultados de su viaje a Níger y desmentir a Bush y a su séquito acerca de la supuesta compra de uranio para Irak, mediante un artículo que apareció en The New York Times. Una semana después, la identidad de la agente secreta de la CIA y esposa de Wilson, Valerie Plame, apareció en las páginas de The Washington Post, el 14 de julio. A partir de ese momento se inició la investigación que hoy amenaza con hacer rodar varias cabezas de la Casa Blanca. Esta semana se espera que el fiscal Fitzgerald se pronuncie, y está abierta la posibilidad de que presente cargos contra los dos miembros del gobierno. Según información publicada la semana pasada por el diario The New York Times, Rove y Libby podrían afrontar cargos de obstrucción a la justicia, falso testimonio y perjurio. Sin embargo, la verdadera amenaza es que la cadena de culpabilidades conduzca hasta las altas esferas y provoque la salida de pesos pesados de Washington que, como en el caso de Cheney, son los que sostienen el poder de Bush. Pero, como dijo a SEMANA Shel Horowitz, autor de varios libros de ética política, "en un gobierno normal, esto causaría la caída del vicepresidente. Pero este no lo es, y ha estado plagado de escándalos desde el comienzo sin que pase nada". Pero al menos por esta vez, incluso analistas de la derechista cadena Fox han mencionado la posibilidad de que se diera esta verdadera bomba política. Que podría, además, conducir a un resultado aun más espectacular: que Condoleezza Rice ascendiera a vicepresidenta, con lo que quedaría en línea para aspirar a la presidencia de Estados Unidos.

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