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| 1/12/2011 12:00:00 AM

Terremoto de Haití: un año de promesas incumplidas

Hoy se conmemora el primer año de la tragedia y los haitianos no logran recuperarse: el dinero que prometieron no llega al país, hay crisis política, el cólera avanza y la inseguridad, la falta de trabajo, educación y salud es el panorama diario.

El terremoto de Haití es la peor catástrofe registrada en los últimos cien años y hoy, cuando se cumple un año de la tragedia, las cifras sobran para demostrarlo: 300 mil personas murieron, 800 mil aún viven desplazadas y en la completa miseria, y como si fuera poco, la epidemia del cólera se ha llevado otras 3.759 vidas.
 
Antes del fatídico 12 de enero de 2010, la economía de Haití era la más pobre del continente, el 77 por ciento de la población vivía con menos de 2 dólares al día (cuatro mil pesos), el 58 por ciento no tenía acceso a agua potable, el 80 por ciento no tenía trabajo y el 60 por ciento de los niños y el 46 por ciento de las mujeres sufría de alguna clase de anemia, según la Cruz Roja.

Al drama humanitario que ya vivían los haitianos se sumaba la rampante corrupción que en 2008 Transparencia Internacional consideró como una de las peores de América Latina.

Y a este escenario llegó el desastre. El terremoto de 7,3 grados en la escala de Richter, que liberó una energía equivalente a una explosión de 200 mil kilos de dinamita, dejó en ruinas, asolado y reducido a nada gran parte del costado occidental de La Española, la isla que Haití comparte con República Dominicana.

Un año después, la verdadera reconstrucción no ha comenzado: menos del 5 por ciento de los escombros han sido retirados (de los 20 millones de metros cúbicos) y siguen apareciendo cadáveres entre las ruinas.

Uno de los problemas que más afecta a los damnificados es la vivienda. Apenas un 15 por ciento de las casas temporales que se necesitan se han construido y hacerlo es el reto más grande de Haití, en donde hay más de 1,5 millones de desplazados, de los que unos 800.000 malviven en precarias carpas, expuestos a las inclemencias del tiempo, a la inseguridad y a la falta de higiene.

Los más afectados son cerca de 500 mil niños que viven hacinados así como la "terrible" situación de miles de mujeres y niñas que afrontan a diario un alto riesgo de ser violadas y agredidas sexualmente.

El dinero no llega

La comunidad internacional, que acudió en auxilio del país caribeño en cuestión de horas tras el sismo, ha convocado numerosas reuniones en las que se aprobaron ayudas millonarias, pero los desembolsos no superan hasta ahora el 20 por ciento de lo programado

“Yo no sé qué está pasando en el planeta. Hay muy poco dinero disponible”, expresó esta semana la embajadora haitiana en España, Yolette Azor-Charles, quien afirmó que los recursos están en la cuenta del Banco Mundial, que tiene la responsabilidad de la gestión del dinero.

“Solamente 5 mil millones de dólares han llegado. (...) Hay más de 3.900 millones de dólares que no han llegado”, informó la funcionaria que no ocultó su pesimismo para decir que la reconstrucción de Haití podría demorar treinta años.

Aunque el mundo se solidarizó con las víctimas y el dinero y las toneladas de ayuda llegaron sin parar, los avances realmente han sido pocos y para Ericq Pierre, representante de Haití en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), hubo “exceso de optimismo. En determinado momento la comunidad internacional dio la impresión de que podría solucionar el problema con premura”.

Y no fue así. De hecho, la tragedia social de miles de haitianos que viven en carpas, hacinados, enfermos, sin dinero y con dificultades para acceder a salud, empleo y educación ponen a diario a prueba a todos: al gobierno local y a los países donantes que han demostrado falta de liderazgo y a los organismos internacionales por su pobre coordinación; se estima que hay más de 10 mil ONG trabajando en Haití.

Crisis política empeora el problema

Para el coordinador humanitario de las Naciones Unidas en Haití, Nigel Fisher, los proveedores de fondos no pierden su interés en el país, pero están a la espera de la solución de la crisis electoral para concretar los desembolsos.

Aún en crisis, el 28 de noviembre de 2010, Haití tuvo elecciones legislativas y presidenciales, en medio de voces que denunciaron supuesto fraude, desorganización, baja participación de votantes, hechos de violencia e intimidación de los electores.

Sin embargo, las urnas se abrieron y los resultados de la primera vuelta todavía son analizados por la Organización de Estados Americanos (OEA), organismo que dará a conocer el informe esta semana.

Mientras tanto, un vocero del Consejo Electoral haitiano aseguró que es “imposible” hacer la segunda vuelta el próximo 16 de enero e indicó que los últimos días de febrero serían indicados, justo cuando se termina el período de cinco años del actual presidente, René Preval, quien en el último año ha sido objeto de toda crítica.

Es considerado por la mayoría de los haitianos como un líder carente de efectividad, en el mejor de los casos, y muchos observadores le han criticado por no encabezar una reconstrucción coherente o adoptar las decisiones difíciles y necesarias.

La crisis sigue y hoy el mundo vuelve a poner sus ojos sobre Haití, que necesita con urgencia salir de la tragedia que en realidad no se vive desde el 12 de enero de 2010, día en que el terremoto removió y sacó de las entrañas los problemas económicos, sociales, ambientales y políticos sembrados durante toda su historia.

Con EFE y AP.
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