Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1984/04/16 00:00

TERRENO NEUTRAL

En Suiza se reunieron los protagonistas del conflicto libanés para intentar un acuerdo de paz

TERRENO NEUTRAL

El 12 de marzo se inició en Lausana (Suiza) el segundo encuentro de los protagonistas del drama libanés para tratar de poner fin a la guerra que ensangrienta ese país desde 1975.
Celebrada cuatro meses después de la cumbre de Ginebra, esta conferencia pudo reunirse gracias a tres factores: la mediación discreta pero constante de Arabia Saudita, el fracaso de la fuerza multinacional -hecho patente desde la retirada de las tropas inglesas, italianas, norteamericanas y, dentro de poco, francesas- y, en fin, la abrogación del acuerdo israelolibanés de paz del 17 de mayo pasado, decretada por el gobierno de Amin Gemayel el cinco de marzo, tras su visita a Hafez el Assad.
En este sentido, el encuentro de Lausana consagra al mandatario sirio como el árbitro indiscutible de los conflictos de Medio Oriente y sella, a través de él, el retorno de la Unión Soviética en esa región. En efecto. La "concordancia de visitas" registrada en Damasco durante la visita del viceprimer ministro soviético, Gueidar Laiev, y el hecho de que esas conversaciones hayan obligado al delegado sirio, el vicepresidente Abdel Kalim Kaddam, a llegar a Lausana después de la sesión inaugural, permiten pensar que los intereses de la Unión Soviética en esa zona coinciden, grosso modo, con la política del Presidente Assad.
Líbano, dice ese dirigente en un mensaje dirigido el 13 de marzo a la conferencia de Lausana, debe restablecer "su unidad, su soberanía y la integridad de su territorio" gracias a instituciones que garanticen "la igualdad de derechos y deberes de todos los ciudadanos" en el pleno respeto de un "equilibrio nacional"

FIN DE UNA HEGEMONIA
Sobre la abrogación del acuerdo de Paz con Israel fue calificada como de "falta grave" del Presidente Gema yel. Este vive oposición de una parte de la comunidad cristiana para abordar el capítulo de las reformas estructurales del poder que oculta, en realidad, un hecho: las falanges cristianas no quieren admitir que la guerra de nueve años ha puesto fin a su hegemonía en Libano. Por esto, su opción en favor de un Estado Confederal.
Suiza, fue citado en ejemplo-, expresa su aprehensión de ver caer el poder entre las manos de los Chiitas. Diseminados en el sur, ocupado por Israel, y el este, ocupado por Siria, los Chiitas no sólo han descartado esa idea -denunciada como una tentativa de dividir el Libano- sino que han puesto a los Maronitas frente a las propias contradicciones del sistema libanes. "Si ustedes quieren mantener ese estado anacrónico, les han dicho en sustancia, si la estructura del poder debe corresponder al peso numérico de cada comunidad, los Chiitas podrán más reivindicar la presidencia la mayoría de diputados y un alto porcentaje de puestos de la administración y del ejército." El líder Chiita y nuevo hombre fuerte de Beirut Oeste, Nabih Berri, ha ofrecido otra solución en declaraciones al periódico francés Le Monde: "estamos determinados a obtener (en Lausana) y ahora, la abolición del sistema confesional". Según él, sólo un Libano democrático, gobernado por un presidente y un Parlamento elegidos por sufragio universal y administrado por gentes escogidas en función de su competencia y no en virtud de delicados equilibrios confesionales, garantizaría los derechos de todos los ciudadanos, la seguridad del país y la unidad nacional.
Dirigiéndose, indirectamente a la oposición que ha logrado importantes triunfos militares, el Presidente Assad afirma que sólo el diálogo podrá restituir la unidad nacional y recuerda que "no puede haber vencedores en un país que se destruye".
Siria permanecerá, por consiguiente, a igual distancia de los "dos campos antagonistas", apoyará un líbano "árabe y soberano" y hará esfuerzos para encontrar un "compromiso equitativo" que permita evitar en Lausana un fracaso similar al de Ginebra. Esto concuerda, en parte, con el plan propuesto por el Presidente Gemayel el día de la apertura de los trabajos de la conferencia y cuyas prioridades son:
-Poner un término radical al estado de guerra, mediante un compromiso a respetar un alto al fuego de manera inmediata, total y definitiva.
-Reafirmar el acuerdo, la posición y la acción en pro de la unificación y la liberación de Líbano.
-Facilitar el acercamiento de las comunidades en torno a proyectos de reformas en diversos campos
-Formar un gobierno de unión nacional que deberá asumir las responsabilidades de la próxima etapa.
El jefe del ejecutivo afirmó, por otro lado, que "salvo la unidad y la perennidad de Líbano", todos los sujetos podrán ser discutidos y sometidos a "reformas, cambios y evoluciones".

Una parte de sus aliados, sin embargo, no lo entiende de la misma manera. Camille Chamum, líder del frente libanés y Pierre Gemayel, dirigente del partido falangista, anunciaron su oposición a cualquier modificación de la constitución. "Nosotros estamos listos a examinar esa cuestión, cuando el pais se haya liberado de toda ocupación extranjera", precisó el padre de Gemayel.

Puntos del acuerdo
De hecho, la conferencia parece encaminarse hacia un acuerdo que prevé un alto al fuego prolongado, la apertura de negociaciones con Israel para garantizar la seguridad de la frontera sur del país, la descentralización económica, social y administrativa y la constitución de un gobierno de Unión Nacional que sería formado en Beirut. Entre tanto, Siria logró imponer un "compromiso" que, además del alto al fuego decretado el 13 de marzo a las 41H hora en Beirut, incluye el repliegue de las milicias, la creación de un no man's. Iand la puesta en funcionamiento del aeropuerto y el puerto de la capital y la interrupción de las campañas de prensa orquestadas por los protagonistas del conflicto.

De ser obtenido un acuerdo político global, su aplicación dependería, igualmente de la actitud del gobierno Israel dividido entre la tentación de permanecer en el sur para evitar la "infiltración de terroristas palestinos" y la impopularidad de esa ocupación que ya le ha costado 570 muertos y tres mil heridos. Y, principalmente, del dispositivo de vigilancia y control adoptado por los libaneses y sus aliados para permitir que ese país escape al circulo de la guerra.
José Hernández, corresponsal de SEMANA en París

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