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| 8/26/1996 12:00:00 AM

TERROR EN LA OLIMPIADA

La bomba del Centennial Olympic Park de Atlanta confirma que ningún despliegue policial es suficiente para detener los designios terroristas.

esde cuando una misteriosa explosión destruyó un avión de TWA frente a las costas de Long Island, en Nueva York, con 230 pasajeros a bordo, la mayor preocupación de las autoridades norteamericanas fue que se tratara de un preámbulo de una operación terrorista de mayor envergadura. En la madrugada del sábado, exactamente 10 días después, esos temores parecieron confirmarse. Mientras miles de personas disfrutaban de un concierto de rock en el Centennial Park de Atlanta, un complejo recreacional construido especialmente para los Juegos Olímpicos, una violenta explosión sacudió el escenario y sembró el caos y la desesperación. Algunos hablaron de una llamarada azul que salió de un cubo de basura cerca del estrado, antes de que sonara un poderoso estruendo que se oyera a varios kilómetros a la redonda. "Las partes de metal de varios parlantes volaron por el aire y la gente comenzó a correr hacia todos lados. Fue algo instantáneo y la Policía nos sacó rápidamente a empellones de allí", dijo Gregory Simpson, un testigo cuyo puesto de trabajo quedaba al frente. Al cierre de esta edición aún no había un saldo definitivo de víctimas, pero las cadenas de televisión hablaban de dos personas muertas y al menos 100 heridas. Tres horas después de la explosión, las autoridades confirmaron que se trató de un acto terrorista, y el hecho vino a confirmar la vulnerabilidad de las ciudades a esa clase de violencia. Lo cierto es que ningunos Juegos Olímpicos habían tenido un despliegue tal de seguridad, pues las autoridades norteamericanas dispusieron más de 30.000 efectivos para evitar, por los medios más sofisticados, la ocurrencia de hechos de esta naturaleza. Pero el Centennial Park es un área abierta, donde cualquiera puede entrar sin restricciones para mezclarse con miles de personas enteramente desprevenidas. A medio camino de los juegos, el del sábado fue un golpe anímico violento para una ciudad que ya había sido objeto de críticas por fallas en la organización del certamen.
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