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| 10/23/1995 12:00:00 AM

TERROR EN PRIMERA PLANA

Para muchos el 'New York Times' y el 'Washington Post' cruzaron el límite cuando decidieron publicar el texto del sigiloso 'Unabomber.

EL 20 DE ABRIL UNA CARTA SORPRENDIO AL editor del diario 'The New York Times'. Su remitente, un hombre anónimo, decía que quería contar su historia, que estaba trabajando en un escrito y que esperaba que una vez concluido fuera publicado por ese periódico o por las revistas 'Time' y 'Newsweek'. De acceder los medios a su solicitud, dejaría de enviar mortales paquetes-bombas.
La extraña misiva no sorprendió a los organismos de seguridad de Estados Unidos. Su autor ciertamente debía de ser 'Unabomber', alguien que desde 1978 se había dedicado a enviar cartas bombas a universidades y aerolíneas (de ahí el apelativo de Un-a-bomber) sin dejar el menor rastro. Los resultados de sus investigaciones al respecto eran desalentadores: tres muertos, 23 heridos y unos cuantos datos vagos sobre el sujeto. La Oficina Federal de Inteligencia -FBI- presume que se trata de un hombre blanco, de edad mediana, que vive en California, posiblemente en Sacramento, y que tiene una educación completa.
El 24 de junio las autoridades volvieron a tener noticias de 'Unabomber'. En esta oportunidad las notas llegaron de nuevo a The New York Times, The Washington Post y la revista Penthouse. Esta misiva señalaba que si su texto aparecía antes de tres meses en cualquiera de los dos periódicos y se le publicaban tres artículos más durante los próximos tres años, él no volvería a enviar paquetes que dañaran a la gente. Si los diarios desconocían su solicitud, habría un muerto más y la responsabilidad de emitir el texto quedaría en manos de Penthouse.
El escrito enviado, 'La sociedad industrial y su futuro', era bastante denso para cualquier medio de comunicación impreso. Tenía 62 páginas a espacio sencillo -un total de 35.000 palabras- en las cuales su autor hacía una reflexión bastante pesimista sobre la humanidad. Analizaba la política, la historia y la sociología y concluía que la única opción para los habitantes de este planeta era una revolución no política.
Pero la aparición de este texto no le significó a los diarios un problema meramente editorial, sino también judicial. Para las agencias de seguridad ese podía ser el eslabón que les permitiera desquitarse de 17 años de frustraciones. Al evaluarlo, el FBI no tuvo dudas de que su autor era el mismo macabro remitente.
Como su valor noticioso era escaso, los periódicos decidieron hacer un resumen de 3.000 palabras con los pocos elementos rescatables, el cual se publicó el 2 de agosto; mientras tanto, Donald E. Graham, editor del Post, y Arthur Sulzberger, del Times, se dedicaron a pensar qué hacer. Para tomar la importante decisión recurrieron al consejo del FBI y de la procuradora general, Janet Reno. Los funcionarios expresaron que si el documento era difundido, sería una excelente oportunidad para arrojar luces que pudieran conducir a 'Unabomber'. Aunque los editores en su comunicado no señalan si fueron presionados para acceder a las solicitudes del terrorista, tampoco lo niegan de plano.
El pasado martes, cuando circuló con el Washington Post una separata de ocho páginas que reproducía el documento, se desató una polémica de marca mayor. Y es que el asunto no era para menos: los dos periódicos más importantes del planeta habían cedido a las presiones de un terrorista, lo cual puede marcar un precedente a nivel mundial. Argumentos de defensa también se escucharon; con su decisión los comunicadores pusieron por encima de cualquier otra cosa las vidas de inocentes.
En Colombia tuvo mucho más resonancia el debate sobre el papel que deben desempeñar los medios de comunicación que los antecedentes de 'Unabomber'. El diario El Tiempo se pronunció editorialmente al respecto: "No compartimos el precedente que para la prensa libre del mundo representa la decisión de dos de los más importantes diarios del mundo". También la crítica de medios María Teresa Herrán no dudó en señalar al ser consultada sobre el tema: "Se trata de una decisión equivocada. Entre otras cosas porque crea mayor dependencia entre los medios y los órganos de poder". Tal vez la importancia que se le dio a este tema obedece a que no es ajeno a la realidad del país. En más de una oportunidad las empresas periodísticas nacionales temieron que Pablo Escobar recurriera a ese tipo de intimidación. Con este ejemplo muchos temen que la puerta quede nuevamente abierta.-
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