Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2009/11/07 00:00

Testigo presencial

Christian Schmidt-Häuer*, periodista alemán, estuvo en los momentos más álgidos de la Guerra Fría. Este texto es su testimonio sobre el levantamiento del muro y su caída, 28 años después.

Testigo presencial

Las juntas de cemento están húmedas todavía. Los ojos de la gente, también. Rojos de llanto y perplejos, los ojos ven lo que sucede, se mueven al acecho de familiares y amigos. Es el 13 de agosto de 1961, día domingo. Como joven reportero me enfrento por primera vez a la Guerra Fría. Pocos pasos me separan de ella en Berlín, esa ciudad que a partir de este día un muro partirá en dos.

En la calle Bernauerstraße comienza el sector soviético al otro lado de la acera. Por las ventanas de sus casas hombres y mujeres se lanzan con la esperanza de caer del lado occidental de la ciudad. Allá los reciben con sábanas extendidas. Mientras tanto, en Berlín Oriental las tropas de albañiles penetran los apartamentos y, piso por piso, tapan las ventanas con ladrillos.

En las crónicas que en esa época escribí sobre la construcción del muro el hombre de la escalera no había tenido cabida. Éste había cerrado su tienda y andaba día y noche con una escalera a cuestas, esperando a su madre. "Ella vive allá, del otro lado, en la tercera casa a la derecha. Ayer la vi dos veces. Ella sabe que soy yo quien la saluda, pero parece que a ella también se la llevaron", decía el hombre antes de trepar una vez más su escalerilla.

¿Cómo iba él a saber que la ruina ya amenazaba a esa segunda Alemania, de la cual miles de personas escapaban a través de los bordes aún abiertos? Huían de la república socialista hacia la libertad, hacia el milagro económico de Alemania Occidental, hacia mejores salarios. A partir de ese día, 13 de agosto de 1961, el muro dividió a miles de familias. El hombre de la escalera no tuvo más remedio que darle puños al aire.

'Caerán los muros de la hostilidad'
Berlín Oriental, octubre de 1989: El avión que acompaña la nave de Gorbachov y en que viajamos los corresponsales ha sido el primero en aterrizar. De inmediato advertimos que la prensa y la televisión ignoran por completo que el invitado de honor de las celebraciones del aniversario 40 de la RDA ha arribado. Después de los sucesos de Beijing, Berlín oriental semeja a una ciudad prohibida. Está atiborrada de espías al servicio de la Stasi y cruzada por cercas de metal. En todas las esquinas predomina el miedo. El régimen teme un levantamiento definitivo de los ciudadanos, que ya llevan semanas enteras protestando. Resulta preocupante que los radicales en torno al jefe del partido único, Erich Honecker, se atrevan a seguir el sangriento ejemplo de Beijing. El Palast der Republik, la sede de la Cámara del Pueblo, ha sido iluminado, pero en su interior nos sentimos como si estuviéramos en el Titanic en los minutos posteriores al choque con el iceberg. Ya en su discurso Gorbachov le ha dado la espalda a Honecker. Pero lo que sigue ahora tiene un efecto aterrador: el invitado de Moscú enaltece sus relaciones con Alemania Occidental (cuyos auxilios financieros necesita): "Sólo de esta forma … podrá tener éxito un acercamiento entre Oriente y Occidente, en cuyo transcurso todos los muros de la hostilidad … entre los pueblos de Europa caerán". En sus traducciones, los medios de la RDA cambian al otro día la palabra 'muro' por 'barrera'.

Pero de nada sirven a estas alturas las tergiversaciones. Miles de ciudadanos llevan meses huyendo de la RDA a través del territorio y las fronteras abiertas de Hungría. El 18 de octubre, a Erich Honecker lo sucede Egon Krenz en la dirección del partido. Y el primero de noviembre éste realiza una visita oficial a Moscú. En la conferencia de prensa, yo me atrevo a preguntarle a Krenz por el Muro de Berlín. Debo esperar un día entero para ver la respuesta impresa en las páginas del diario oficialista Neues Deutschland: "En cuanto al muro, quien hizo la pregunta sabrá muy bien por qué esta frontera tiene este aspecto y no otro. Hoy todo gira en torno a hacer lo posible para favorecer los encuentros entre los ciudadanos de los dos Estados alemanes. Y para este fin cualquier exigencia irreal debe ser puesta a un lado…".

Siete días después, cae el Muro de Berlín.
 
* Nació en 1939. Como reportero comenzó en 1968 en la Primavera de Praga. Escribió para Newsweek, Der Spiegel y, finalmente, para Die Zeit. Para éste recorrió el mundo hasta 1992 como corresponsal en la Unión Soviética y el Bloque Oriental. Tras el fin de la Guerra Fría cubrió la Guerra de los Balcanes.

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