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| 11/18/2010 12:00:00 AM

Testimonio: El dolor de Haití

Azotados por la pobreza, devastados por un terremoto, la epidemia de cólera es una nueva pesadilla para los haitianos. Testimonio de una corresponsal de BBC Mundo.

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BBC
En la villa miseria Waf Jeremie de Puerto Príncipe, un día de la semana pasada en el que murieron de cólera seis personas más, una muchedumbre rodeó de repente el auto de la BBC.
 
El conductor comenzó a mirarlos nervioso y pisó con energía el acelerador. El nerviosismo se palpaba en el aire. Miré atrás y vi a la gente empujándose, peleando por sitio, apiñados alrededor de algo, levantando los brazos y bajándolos.
 
Nuestro guía dijo que, con machetes, la turba estaba linchando a un hombre al que acusaba de haber asesinado a varios pobladores del barrio con unos polvos de vudú llamados Mystique.
 
Me revolví en el asiento. Tan solo eran las 9 y media de la mañana y ya había visto demasiadas cosas perturbadoras en un mismo día.
 
En el camino hacia Waf Jeremie nos habíamos encontrado con un cadáver tirado a un lado de la carretera en el momento que lo fotografiaba un hombre de apariencia eficiente.
 
Vestía una camiseta con la inscripción "Organización de Eventos", y es que no se trataba de un cronista de la muerte en Haití, sino de un conductor que transportaba enseres para un concierto de rock.
 
Una camioneta paró de repente y el cuerpo del muerto fue cargado en la parte trasera sin más ceremonia.
 
¿Murió de cólera? Imposible saberlo, pero la escena era espeluznante.

Contraste
 
El cólera en Haití ya ha matado a más de 1.100 personas y obligado a la hospitalización de unas 18.000, dijo este jueves la comisionada para Ayuda Humanitaria de la Unión Europea, Kristalina Georgieva.
 
Y el contraste de lo que ocurre en Haití con la ordenada vida que normalmente llevo como una madre de tres niños que trabaja en Nueva York, no podía ser mayor.
 
Aquí, las madres que llevan a sus hijos a la escuela tienen que explicar las causas de tanta desolación a los inevitablemente curiosos niños, que ya habrán visto mucho más de lo que deberían.
 
Que los habitantes de Waf Jeremie viven al borde del abismo no sorprende a nadie. Ya antes del terremoto de enero pasado, el barrio era un lugar marginal, abandonado, en ruinas, sin baños ni agua corriente.

Luego llegó el terremoto, y la poca estabilidad que pudo llegar a haber en el día a día de sus habitantes terminó de desaparecer por completo.

Los que ya no tenían nada perdieron también su vida cotidiana, eso que por lo menos hacía la miseria algo predecible.

De repente, Puerto Príncipe se convirtió en el paisaje de la muerte y la destrucción. Casi un año después, ya ha empezado algún trabajo de reconstrucción.

En la cuerda floja

En Waf Jeremie trabaja como directora de una clínica una devota franciscana a la que todos llaman hermana Marcela. Y según ella, el terremoto al menos creó una oportunidad para conseguir fondos para aquellos a los que trata de ayudar.

La hermana Marcela se las ingenió para financiar la construcción de unos baños públicos.

Pero ahora, con la epidemia de cólera, ha cundido el pánico y se ha disparado el odio.

Las fuerzas de pacificación de Naciones Unidas se han convertido en el objeto de ira de la gente que, injustamente o no, acusa a los soldados nepalíes de contaminar el río Artibonito con cólera, una enfermedad que es endémica en Nepal.

Mientras la ONU insiste en que no hay pruebas para esa acusación, el Ejército nepalí asegura que sus soldados dieron negativo en todas las pruebas de cólera por las que pasaron antes de viajar a Haití.

La ONU, chivo expiatorio

Con la ONU convertida en el chivo expiatorio, los disturbios no se hicieron esperar.

Y hasta el momento tres personas han muerto a consecuencia de los mismos, lo que ha obligado a la ONU a suspender temporalmente sus actividades en algunas zonas del país.

El gobierno de Haití se encuentra así en una situación incómoda: depende de la ayuda de la ONU para mantener la estabilidad y, con elecciones a la vista, el papel de los cascos azules se hace cada vez más importante.

Las fuerzas de paz, sin embargo, parecen haber perdido credibilidad y el Gobierno puede terminar dependiendo de quien no está en posición de ayudar.

Los médicos trabajan contra el reloj para tratar a los pacientes de cólera. Determinar el origen de la epidemia es algo secundario, pero eso no impide que haya exigencias de una investigación independiente.

Las autoridades sanitarias de Estados Unidos presumen que el origen de la cepa de cólera debe estar situado en el sur de Asia, pero ahora está en Haití.

La población, traumatizada por el terremoto, vive ahora una nueva experiencia aterradora. Para los que ya soportaron horrores inimaginables, el cólera es otra pesadilla.

El vudú y el espiritismo son un refugio.
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