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| 1/3/1983 12:00:00 AM

TESTIMONIOS CANDENTES

¿Qué ocurrio en la tarde del 17 de septiembre en el alto mando israelí?

"Los resultados de las investigaciones podrían perjudicarlo". Tal fue la advertencia hecha el 24 de noviembre al primer ministro Menahem Begin por la comisión israelí investigadora de la masacre en los campamentos palestinos de Chatila y Sabra. Igual notificación le fue anunciada al ministro de Defensa Ariel Sharon y a otras siete personalidades militares y gubernamentales del país.
En su comunicado, los tres jueces afirman poseer suficientes elementos para sospechar que los responsables israelíes citados "faltaron a su deber", Sin embargo, tratándose de conclusiones parciales, la comisión indicó que las personas señaladas disponian de quince días, como lo estipula una ley de 1975, para asegurar de nuevo su defensa.
Con ello, los tres jueces buscan aclarar las contradicciones que han ido apareciendo en los testimonios respecto de tres interrogantes: ¿cuándo y quién decidió dejar penetrar la falange cristiana libanesa en los campamentos palestinos?, ¿cuándo se supo que la falange se había dedicado a una espantosa matanza?, ¿cuál fue la reacción de las autoridades israelies? Interrogado por el juez Kahane el 8 de noviembre, Begin había afirmado que después de haber recibido la confirmación del asesinato de Bechir Gemayel, el 14 de septiembre hacia las 22h30 m., había aconsejado a Sharon y al jefe de Estado Mayor, general Rafael Eytan, ocupar los puntos estratégicos de Beirut oeste, versión que el jefe de las fuerzas israelíes en Beirut, Amos Yaron, "matizó" al declarar que el comandante de la región norte, general Drori, le había señalado que el Ejército entraría a Beirut a las 22h. "y esa tarde, dijo Yaron ante la comisión, nos preparamos para entrar a Beirut oeste".
Los dos testimonios no sólo difieren sobre el momento en que se decidió la operación, sino sobre el desarrollo de la misma. Mientras que Begin anunciaba que Israel había ocupado los puntos estratégicos entre Beirut este y oeste "para evitar una venganza de los cristianos contra los musulmanes", Yaron indicó que en la noche del 14 al 15 de septiembre, el Ejército había avanzado, del sur hacia los campamentos, sobre dos ejes paralelos, y que los "puntos estratégicos" fueron ocupados únicamente el 15 al mediodía.

DECLARACIONES ENCONTRADAS
El general Sharon reconoció, a su vez, ante la comisión que la decisión de dejar penetrar a la falange había sido tomada por Eytan, en Beirut, veinticuatro horas después del asesinato de Gemayel. Sin embargo, el coronel Zeev Zakarine, edecán del general Eytan, reveló a la comisión que, el 14 de septiembre, antes de que la muerte de Gemayel fuera oficialmente confirmada, Sharon anunció a Eytan que la falange entraria en los campamentos palestinos.
Menahem Begin afirmó haber sido informado de la matanza por la emisora inglesa BBC, el sábado 18 a las cinco de la tarde, mientras Sharon estableció, ante la comisión, que el viernes 17, hacia las 21h, se había enterado de la masacre. La comisión deberá determinar, entonces, cómo los dos responsables pudieron ignorar una información conocida por los periodistas enviados especiales, entre las ocho y las diez de la mañana del viernes 17, así como por un número indeterminado de soldados y oficiales.
El teniente Avi Grabovski, comandante de la unidad blindada estacionada alrededor del campamento de Chatila, reconoció ante la comisión haber visto asesinar a cinco mujeres y a algunos niños. Pero su informe sobre el particular a sus superiores no dio resultados. En el mismo senttido, tres altos funcionarios de los servicios secretos israelíes admitieron ante los jueces haberse enterado de lo que ocurría, el viernes 17 por la mañana. Uno de ellos confesó que informó de la masacre al Ministerio de Defensa, pero fue desoído.
Las declaraciones han permitido saber igualmente que Mordechai Zipori, ministro de Comunicaciones, había hablado el viernes por la mañana con Zeev Schiff, periodista especializado en asuntos militares del periódico "Haaretz", quien le relató, lo que estaba sucediendo en los campamentos palestinos. Según su testimonio, Zipori quiso verificar esas informaciones ante los oficiales superiores, pero como tenían una reunión con Morris Draper, enviado especial de los Estados Unidos, pidió al ministro de Relaciones Exteriores, Itzhak Shamir, interrogar al mando militar.
Shamir admitió haber hablado con Zipori pero recalcó que en esa conversación el problema de la falange había sido "accesorio" y negó que los nombres de Chatila y Sabra hubieran sido pronunciados. Declaró, por otro lado, no haber interpretado a los mandos militares por considerar que si hubiera habido irregularidades, los oficiales superiores "directamente implicados eran quienes habrían debido informar".

FELICITACIONES MACABRAS
La conducta del general Rafael Eytan resulta igualmente inexplicable. Ninguna informacion permite saber, por ahora, qué ocurrió el viernes 17 por la tarde, cuando el jefe del Estado Mayor israelí, el general Drori, comandante de la región norte, y el general Yaron se reunieron con los jefes falangistas, 24 horas después de haber comenzado la matanza. Dos hechos parecen, sin embargo, indiscutibles: Drori informó a Eytan sobre las "irregularidades" que se estaban produciendo. A pesar de ello, Eytan felicito, dijo Yaron ante la comision, a los falangistas por su "trabajo", los autorizó a continuar su actividad hasta el día siguiente y ordenó al Ejercito israelí proseguir su asistencia mientras el mismo Yaron permitía a los falangítas reforzar las unidades que se encontraban en el campamento.
¿Cómo explicar, en esas condiciones, que el primer ministro Begin haya sido informado (gracias a una emisora extranjera) más de 30 horas después del momento en que una buena parte de los responsables israelies afirman haber sido puestos al corriente de la matanza?
El objetivo mismo de la operación suscita un buen número de interrogantes. ¿Cómo interpretar, por ejemplo, la ligereza aparente de las autoridades para aceptar, el 16 de septiembre, la entrada de las tropas falangistas en los campos palestinos cuando, según las declaraciones oficiales, las tropas israelíes habían invadido Beirut precisamente "para evitar" una venganza de los cristianos contra los musulmanes?
Preparando la incursión de la falange el 15 de septiembre, ¿Sharon ignoraba que en los campamentos de Sabra y de Chatila había únicamente población civil? ¿Cómo los servicios secretos israelíes, reputados por su eficacia, podían desconocer ese hecho? ¿Dónde están, en fin, los dos mil "terroristas" palestinos que, en principio, debían ser "neutralizados y arrestados" y cuyas armas tenían que ser entregadas al Ejército libanés?
Según los observadores, la comisión no responderá en detalle a esas preguntas. Su veredicto podría ser global. Los jueces se limitarían a condenar a los dirigentes israelíes por haber permitido la entrada de la falange conociendo por adelantado los riesgos de tal operación. Pero las conclusiones definitivas de la comisión, que serán publicadas a fines de enero próximo, "no harán caer el gobierno", según dijo el general Sharon el 25 de noviembre. La creciente popularidad de Menahem Begin y la crisis que atraviesa el partido laborista de Shimon Peres se traducirían, en caso de elecciones anticipadas, en un neto reforzamiento del actual partido gubernamental.
Sin prejuzgar los resultados decisivos de la investigación, el trabajo ejemplar de la comisión israelí ha permitido evidenciar la negligencia, la incoherencia y la complicidad --los jueces determinarán en qué grado- del gobierno israelí en la matanza más abominable de los últimos tiempos.
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