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| 6/3/2017 10:15:00 PM

Cabeza a cabeza en las elecciones del Reino Unido

En la recta final de las elecciones generales en Reino Unido, la primera ministra, Theresa May, pierde peso en las encuestas, mientras su rival Jeremy Corbyn se fortalece. Al tiempo los conservadores tiemblan, los laboristas sueñan con el renacer de su partido.

La primera ministra Theresa May creía tener todo bajo control cuando convocó en abril a elecciones generales para definir a los 650 representantes del Parlamento de su país. Tras el referendo de junio del año pasado, en el que el 52 por ciento de los británicos decidió abandonar la Unión Europea (UE) y que le costó su puesto a su predecesor, David Cameron, esta hábil política ganó las elecciones internas de su partido y logró liderar a la nación sin tener que pasar por las urnas. A su vez, la mandataria aumentó su legitimidad al prometer frenar la “inmigración descontrolada”, un factor determinante en el resultado del brexit, y al decir que los líderes europeos que imponían condiciones desde Bruselas eran los malos del paseo. May se mostraba, entonces, como la persona idónea para liderar a Reino Unido en su salida de la Unión.

Durante varios meses, su táctica funcionó. En marzo, el 46 por ciento de los británicos veían con buenos ojos su gestión, mientras Jeremy Corbyn, el líder de la oposición laborista, se hundía con un índice de aprobación de solo 17 por ciento. Con un rival tan débil, la mandataria veía el horizonte despejado para ratificar su gobierno sin muchas dificultades. Pero a pocos días de los comicios, que tendrán lugar el 8 de junio, el panorama es muy distinto al que May tenía en mente.

Gracias a una campaña relativamente exitosa del Partido Laborista y al creciente pesimismo frente a la versión del brexit que ella propone, Corbyn ha despegado en las encuestas y la distancia entre él y la primera ministra es hoy de un solo dígito. Para Tim Bale, profesor de la Universidad Queen Mary de Londres, parte del empujón que ha recibido la oposición en los sondeos se debe a que “Corbyn, quien ha ganado dos campañas internas y ha obtenido el liderazgo de su partido, parece haberse beneficiado de esa experiencia. Además, el manifiesto laborista está lleno de promesas positivas”, dijo a SEMANA.

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La palabra mágica

Todas las voces de la política hablan sobre el brexit. Pues aunque hay temas como el futuro de la salud pública y la seguridad social, los impuestos y los costos de la educación superior que han generado fuertes debates entre los candidatos, la salida de la Unión Europea es el asunto determinante en estos comicios. En un principio, tanto May como Corbyn se oponían a un retiro de la eurozona, pero después del referendo de junio pasado ambos reiteraron que respetarán la decisión popular de separar caminos con Europa. Sin embargo, el brexit ha sido el principal punto de confrontación entre la conservadora y el laborista.

De un lado, May y los conservadores le apuntan a un brexit duro, que implica abandonar totalmente el mercado común europeo y recuperar el control absoluto de sus fronteras y sus leyes. Así, May repitió hasta la saciedad que su partido buscaría consolidar una “relación muy especial” con Europa, pero en caso de que Bruselas se muestre particularmente hostil, dijo, “no llegar a ningún acuerdo es mejor que concretar un mal acuerdo”. Por su parte, si bien no ofreció lineamientos precisos para el brexit, Corbyn descartó un rompimiento económico abrupto con la UE y se dedicó a señalar las fallas en el plan de su contrincante. “Irse sin un trato es un mal trato. Es el peor de todos, porque nos impone los aranceles y las restricciones de la Organización Mundial del Comercio, en vez de darnos el acceso a los mercados europeos que necesitamos”. Así las cosas, mientras el líder del Partido Laborista acusa a la mandataria de buscar convertir a Reino Unido en un paraíso fiscal para compensar el declive económico que traería el brexit, May ha dicho que su rival no está preparado para concretar el retiro de la Unión, por lo que “iría solo y desnudo a las negociaciones”. Pero, en todo caso, la mandataria no logra sacudirse las preocupaciones de los expertos, quienes señalan que un brexit duro tendría efectos muy negativos en varios sectores de la economía, especialmente en el sector financiero, la agricultura y la industria automotriz.

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¿Le salió el tiro por la culata?

Aunque todas las encuestas les dan el triunfo a los tories, May no puede cantar victoria. La primera ministra ha perdido terreno en varios sectores, al tiempo que Corbyn reconquistó grupos obreros que los laboristas habían perdido en elecciones pasadas. Además, los resultados de las elecciones dependen en buena medida del nivel de participación de los jóvenes, un grupo demográfico que votó mayoritariamente contra el brexit en junio pasado y que ha sido el público más esquivo para May. Es más, la mayoría de los votantes de 18 a 34 años respaldan a Corbyn, según una encuesta del periódico The Guardian. Adicionalmente, a la mandataria no le ayudó su renuencia a asistir a debates de confrontación directa con Corbyn, pues muchos lo interpretaron como una estrategia para evadir las preguntas incómodas de sus rivales y así conservar el favoritismo que le da su cargo.

La pérdida de popularidad de May no se reduce a los de menor edad. Como le dijo a SEMANA Andrew Blick, profesor de historia política contemporánea de la King’s College de Londres, “hay serios cuestionamientos tanto frente a la decisión de May de convocar elecciones como a la forma en que ha dirigido su campaña. Por lo tanto, incluso si gana y aumenta su mayoría en el Parlamento, es posible que los comicios le hagan daño a su credibilidad dentro de su propio partido y externamente”.

Aunque es probable que el Partido Conservador de May obtenga la mayor cantidad de votos en los comicios, eso no significa que la mandataria salga bien librada de estas elecciones. En efecto, aun si su partido obtiene una mayoría en el Parlamento, las salidas en falso de May y el ‘renacimiento’ de Corbyn sacaron a la izquierda británica del letargo en el que permaneció los últimos años. Por lo tanto, en vez de aplacar a sus detractores, la campaña para estos comicios le mostró a May que la oposición al brexit en casa será mucho más feroz de lo que había previsto. Y nada resulta más inconveniente con las negociaciones de retiro de la UE a la vuelta de la esquina. 

A toda marcha

Las elecciones legislativas en Francia serán la prueba de fuego para el nuevo presidente, Emmanuel Macron. El éxito de su mandato dependerá de los resultados.

Un Emmanuel Macron no es un presidente ordinario. Tras derrotar a la extrema derecha de Marine Le Pen con un contundente 66 por ciento de los votos en las elecciones presidenciales, el candidato de 39 años se convirtió en el mandatario más joven de la historia de Francia y el primero en gobernar desde el centro en un país tradicionalmente dividido entre socialistas y conservadores. Sin embargo, el éxito de su gobierno poco convencional dependerá en gran medida de los resultados de las elecciones legislativas del 11 de junio, en las que su partido, En Marcha, espera obtener la mayoría de los 577 asientos de la Asamblea Nacional. Macron tiene buenas razones para estar optimista, pues su colectividad lidera las encuestas con un 31 por ciento de intención de voto, lo que se traduciría en al menos 320 escaños parlamentarios, muy por encima de la mayoría absoluta de 289 asientos. Si los sondeos aciertan, En Marcha, creado hace apenas un año, marcará un hito en la política gala al ser el primer partido en ganar la contienda electoral con un 50 por ciento de candidatas mujeres. Además, todo indica que los grandes perdedores de los comicios serán los partidos tradicionales, pues a los republicanos los persigue de cerca en las encuestas el Frente Nacional de la populista de extrema derecha Marine Le Pen, mientras los socialistas palidecen con tan solo el 8 por ciento de la intención de voto, muy por detrás de la Francia Insumisa de izquierda radical que comanda Jean-Luc Mélenchon.

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