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| 12/16/2002 12:00:00 AM

Tic, tac, tic, tac...

El escándalo por la distribución del informe sobre armas iraquíes que involucró a Colombia dejó en claro que Estados Unidos no está en tónica de conciliar.

El primer escandalo relacionado con las inspecciones de armas de destrucción masiva en Irak involucró a Colombia. Todo comenzó cuando se supo que la copia del documento de 12.000 páginas que entregó Irak al Consejo de Seguridad de la ONU, presidido actualmente por el ex fiscal colombiano Alfonso Valdivieso, fue a parar directamente a manos de Estados Unidos cuando se había acordado que se le haría llegar en igualdad de condiciones a todos los países miembros del consejo.

La versión oficial fue que la potencia se encargaría de copiarlo y de distribuirlo, pero sólo a los cinco miembros permanentes del consejo (Reino Unido, Francia, Rusia, China y Estados Unidos). Se argumentó que al tratarse de potencias atómicas eran los únicos países que podían tener un acceso sin restricciones a esta información tan peligrosa, además de que eran los únicos que contaban con expertos bien capacitados para evaluar el informe y evitar que datos sensibles pudieran caer en manos equivocadas.

No obstante la prensa internacional alertó sin demora sobre los problemas que implicaba el hecho. Se alcanzó a decir que Estados Unidos podía manipular el texto para justificar un ataque a Irak que contaría con la aprobación de la comunidad internacional.

Pero la controversia se calentó más cuando los medios insinuaron que Colombia, país encargado de la presidencia del Consejo de Seguridad durante este mes y tercer receptor mundial de ayuda norteamericana, había cedido los documentos bajo presión diplomática de Estados Unidos. No ayudó a disipar este rumor el hecho de que una semana antes el máximo diplomático de Washington, el secretario de Estado, Collin Powell, había visitado Colombia.

En entrevista con SEMANA Valdivieso explicó que de él no dependía la entrega de los documentos sino que se trató de un consenso entre 14 de los miembros del consejo y el único que estuvo en desacuerdo fue Siria. En efecto, el embajador de Siria, Mikahil Wehbe, se quejó del manejo que le dieron al informe y declaró a través de la cadena inglesa de noticias BBC que temía que las cinco potencias mundiales pudieran decidir que Irak estaba violando la resolución 1441 de la ONU antes de que los demás miembros del consejo leyeran el informe.

El embajador Valdivieso desmintió la versión de que Estados Unidos podía manipular los documentos. Explicó que los otros dos organismos encargados de la revisión del armamento de Irak, la Agencia Internacional de Energía Atómica (Laea por sus siglas en inglés) y la Comisión de Verificación (Unmovic por sus siglas en inglés) tenían, cada una, copias del material. "Se actuó interpretando lo que los miembros del consejo, salvo Siria, acordaron, se cumplió en su totalidad y se actuó para evitar estar en contra de lo que las normas internacionales establecen", aseguró el embajador.

Por su parte funcionarios iraquíes acusaron a Estados Unidos de estar orquestando un chantaje sin precedentes. Hablaron de un "bandolerismo" sin paralelo en las historia de la ONU y de manipulaciones de los documentos para encontrar una justificación para invadir Irak. Ante este revuelo el secretario general de la ONU, Kofi Annan, calificó como "desafortunado" el manejo de los documentos.

En Nueva York los miembros permanentes del Consejo de Seguridad y el director de Unmovic, Hans Blix, ya empezaron la revisión del informe. En Viena los encargados del Iaea están haciendo lo mismo para que la próxima semana puedan entregar una copia a los otros 10 miembros del Consejo de Seguridad. Estos países recibirán trabajos editados, que no incluyen ningún tipo de información sobre cómo elaborar una bomba atómica. Tampoco sabrán qué naciones y compañías colaboraron en el programa armamentístico de Bagdad. La razón aducida por el consejo es que se teme que si se hacen públicos estos datos los países que aún no han desarrollado armamento nuclear por falta de información técnica puedan hacerlo gracias a la proporcionada en el informe iraquí. Sin embargo analistas independientes más suspicaces aseguran que, además, las grandes potencias del Consejo de Seguridad, que también son los grandes comerciantes de las armas y sus componentes, no quieren quedar en ridículo.



Vendiendo la cruzada

Pero aunque tantas sospechas pueden ser exageradas y lo más probable es que el miedo de que Estados Unidos altere el contenido del documento sea infundado, la verdad es que el escándalo dejó en claro que ese país tiene el poder para presionar en la dirección que desea a los otros miembros de la ONU, y esa dirección parece ser la de la guerra.

De ahí que aunque Irak cumplió el primer requisito de la resolución 1441 de Naciones Unidas, al entregar el documento en el cual declara sus programas para desarrollar armas químicas, biológicas y nucleares, en el tiempo acordado, las presiones de Estados Unidos no cesan.

Así, mientras los inspectores de Naciones Unidas siguen revisando hasta fábricas de colchones en Irak sin encontrar hasta ahora nada sospechoso, el gobierno de Washington insiste en que ya sabe que Saddam Hussein posee armas de destrucción masiva. Ante las presiones los inspectores de Naciones Unidas insisten en que comparta su información para facilitar la revisión pero el Pentágono no revela sus supuestas pruebas.

Por otro lado, la semana pasada soldados norteamericanos desembarcaron en Qatar y Kuwait para comenzar una serie de simulacros militares dirigidos por el general Tommy Franks, quien sería el comandante al mando de un posible ataque a Irak. Así mismo, el 12 de diciembre Estados Unidos y Qatar firmaron un tratado que permite a ambos Estados ampliar las instalaciones militares en la región.

Al mismo tiempo, el segundo diplomático en importancia de Estados Unidos, Richard Armitage, recorría Asia para asegurar una coalición de aliados en caso de una segunda parte de la Guerra del Golfo. En particular, buscó el apoyo de China, que ha sido uno de los países más reacios a colaborar con la coalición 'Libertad Duradera'. Armitage también buscó el beneplácito de los mandatarios de Japón, Corea del Sur y Australia.

Este tipo de movidas hacen evidente que a pesar de que se avanza en el cronograma de las inspecciones el poder de presión de Estados Unidos en favor de la guerra es cada día mayor. El temor crece a medida que se pone de manifiesto la ansiedad de la administración Bush por encontrar cualquier excusa que justifique su actitud bélica. "Virtualmente todo lo que hace es calculado y en gran parte basado en mentiras o verdades a medias", dijo a SEMANA John R. Macarthur, autor del libro sobre la Guerra del Golfo Segundo frente. Lo más triste es que los demás países obedecen sumisos a las artimañas de la potencia.
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