Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1996/04/29 00:00

TIGRE SIN DIENTES

CON EL PASO DE LAS SEMANAS, LA LEY HELMS-BURTON PARECE PERDER SU PERFIL DEMOLDOR CONTRA CUBA.

TIGRE SIN DIENTES

Cuando las avionetas estadounidenses de 'Hermanos al rescate' fueron abatidas el 24 de febrero por cazas MiG cubanos, muchos opinaron que el gobierno de La Habana había cometido un error fatal. La violación de las aguas territoriales, decían, era una falta menor que no justificaba asumir la reacción del Tío Sam contra el derribo. Con cada semana que pasa, sin embargo, las medidas adoptadas por Washington han ido perdiendo su perfil. Lo que es peor, se han vuelto contraproducentes para los efectos pretendidos.El primer mal augurio se presentó cuando la resolución del Consejo de Seguridad promovida por Estados Unidos se estrelló contra China, que amenazó con su veto si no se cambiaba la expresión "condena" por "deplora". El mundo se distanció porque lo único que parecía seguro era que los pilotos gringo-cubanos sí violaron el espacio aéreo de la isla. La presencia en Cuba de la Organización de Aviación Civil Internacional _OACI_ por invitación de ese gobierno, podría indicar que La Habana está segura de tener razón. Y la FAA, la autoridad de aviación de Estados Unidos, prohibió esos vuelos en una especie de reconocimiento tácito.Pero el presidente Bill Clinton, al calor de la muerte de los pilotos y bajo la influencia de la temporada electoral, decidió que había que exhibir mano dura y aceptó promulgar la ley republicana Helms-Burton, que debía convertirse en el terror de los empresarios extranjeros que invirtieran en la isla. Se trata de un monstruo de muchas cabezas que no sólo autoriza a los antiguos dueños a demandar a las empresas extranjeras que tienen en su poder los bienes confiscados por la revolución, sino que endurece el bloqueo al prohibir el comercio con firmas que inviertan en la isla y, entre otras cosas, pone en entredicho la visa norteamericana de los representantes de esas empresas y de sus familiares.El rechazo tajante, entre otros de España y la Comunidad Europea, sin contar con el de México y Canadá, socios comerciales en el Tratado de Libre Comercio, junto con la mayoría de los países latinoamericanos, fue sólo el comienzo. Porque a pesar de su apariencia, la ley es un tigre sin dientes. No se trata sólo del costo de llevar un control como ese, y de la carga judicial que estaría de por medio. John Kavulich III, presidente del Consejo Comercial y Económico Estados Unidos-Cuba, mencionó que, "con excepción de los mexicanos, otros inversionistas como los canadienses, españoles, británicos y alemanes no requieren visa para entrar a Estados Unidos".Eso se reflejó en que aunque al comienzo hubo cautela de los inversionistas _reconocida por el propio canciller cubano Roberto Robaina_ ahí pareció parar la cosa. Una reunión de hoteleros iberoamericanos de 17 países, realizada pocos días después de la firma de la ley, se convirtió en el primer indicio de que el monstruo no asustaba tanto. Y en los 10 días siguientes a la firma, empresarios británicos estuvieron en la isla explorando oportunidades de inversión en el sector de la construcción, mientras el grupo italiano Sanpellegri decidió montar una industria mixta con Cuba de agua mineral y la Agencia para el Desarrollo de las Exportaciones del Caribe, con el apoyo de la Unión Europea, anunció la visita a Cuba de ejecutivos de 25 países.Por otro lado, el efecto político ha sido contraproducente. Aunque en la calle el cubano, acostumbrado a lo peor, no se entera de la amenaza, los dirigentes cubanos, aunque con cierta prudencia, parecen regresar a la ortodoxia de épocas que se creían superadas. Carlos Lage, vicepresidente encargado de la política económica, dijo que la inversión extranjera es importante pero "no es el factor esencial de nuestra economía, la batalla por hacer eficiente la empresa estatal es la batalla decisiva". Y el ministro de Defensa Raúl Castro, ante el comité central del Partido Comunista, atacó al llamado 'carril 2' por el cual los exiliados anticastristas promovían la oposición en el interior de la isla diciendo que se trata de "una subversión interna para corroernos por dentro". Dijo también que "los cubanos mantenemos y mantendremos que la prensa genuinamente libre es la que sirve a la libertad del pueblo, no a los explotadores al acecho desde Miami". Se refería así a la negación del glasnost (transparencia) puesto en práctica por Mijail Gorbachov, que minó a la Unión Soviética al "entregar los medios masivos de comunicación, a los enemigos del socialismo".Semejante resultado ha dado lugar a críticas en Estados Unidos, según las cuales la ley Helms-Burton produjo el corte del único medio eficiente de socavar el poder del Partido Comunista, esto es, los hasta entonces crecientes contactos a nivel privado capaces, según esa tesis, de mostrar los beneficios de la apertura democrática a los cubanos. Los sectores empresariales, a su turno, se quejan de que sus colegas extranjeros están felices del nuevo retraso que sufrió su entrada a Cuba.En esas condiciones, los sectores anticastristas de Miami parecen abocados a que su gran triunfo se convierta en un tiro por la culata. La razón es que de nuevo Washington se enfrenta a La Habana con una política poco coherente. Pero el origen republicano de la iniciativa podría dar pie a que Clinton, luego de su eventual reelección, decida buscar mecanismos más realistas ante Cuba. Porque por lo que parece hasta ahora, Fidel Castro se está burlando de nuevo de sus mortales enemigos del norte.

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